

Una de las preocupaciones del papa Francisco, como de todos los Papas, es promover en la comunidad cristiana las vocaciones de los jóvenes que se sienten llamados al servicio de la misión de Cristo (Christus vivit, 2019).
La bibliografía sobre el tema es abundante; remitimos al lector a los boletines bibliográficos de la Biblioteca-Teresianum (Bibliografie scelte). Aquí nos limitamos a recoger los últimos mensajes del Papa.
La vocación, un don para todos
El Papa Francisco deja claro que la palabra «vocación» no debe entenderse en un sentido restrictivo, refiriéndose sólo a aquellos que siguen al Señor a través de una vida de especial consagración. Cada hombre y cada mujer, recibe a través del don de la vida una vocación fundamental: cada uno de nosotros es una criatura querida y amada por Dios y ocupa un lugar único y especial en la mente divina.
La mirada de Dios («El mirar de Dios es amar», san Juan de la Cruz) es una llamada a la vocación; toda vocación es un encuentro con la mirada de Dios, que nos llama. El carisma de especial consagración que cada uno recibe, está estrechamente relacionado con nuestra vocación, para servir mejor a los demás en nuestro camino de fe.
La visión del Papa Francisco de la vocación sacerdotal y religiosa nos ofrece una profunda comprensión de cómo la vocación, el carisma y la misión se unen en una poderosa llamada al amor, al servicio y a la misión. No hay vocación sin misión.
Vida sacerdotal
En su mensaje al simposio sobre la teología del sacerdocio (17.02.17) el papa Francisco destacó estas dos actitudes del sacerdote: cercanía a Dios y cercanía al pueblo. Un sacerdote es invitado ante todo a cultivar la cercanía de Dios, la intimidad con Él. La relación con Dios es como el injerto que nos mantiene dentro de un vínculo de fecundidad. «Sin una relación significativa con el Señor nuestro ministerio está destinado a ser estéril. La cercanía con Jesús, el contacto con su Palabra, nos permite confrontar nuestra vida con la suya, con su misión y aprender a imitarla […] Esta cercanía con Dios a veces tiene un estilo de lucha, luchar con el Señor principalmente en esos momentos donde su ausencia se hace más notoria en la vida sacerdotal o en la vida de las personas a ellos encomendada. Luchar y buscar su bendición hasta el amanecer».
En este sentido el Papa habla de la crisis vocacional, que en distintos lugares aflige a nuestras comunidades. «Sin embargo, es cierto que esto se ha debido frecuentemente a la ausencia en las comunidades de un fervor apostólico contagioso; comunidades bien organizadas, pero carentes de entusiasmo, donde todo está bien, pero falta el fuego del espíritu».
Vida religiosa
En su mensaje con motivo de la Jornada de la Vida Consagrada (02.02.24), invita a las religiosas y religiosos a cultivar la espera: «La espera de Dios es importante para nosotros, para nuestro camino de fe. Cada día el Señor nos visita, nos habla, se revela de maneras inesperadas y, al final de la vida y de los tiempos, vendrá. Por eso Él mismo nos exhorta a permanecer despiertos, a estar vigilantes, a perseverar en la espera». Sin dejarse atrapar en nosotros mismos, por las cosas y los ritmos intensos de cada día, por las «muchas cosas que hay que hacer».
Previniendo los obstáculos que debilitan la espera, señala dos: el descuido de la vida interior y la adaptación al estilo del mundo, que acaba ocupando el lugar del Evangelio. Y termina exhortando a dejarse mover por el Espíritu, para saber vivir la espera en el cuidado de la vida interior y en coherencia con el estilo del Evangelio; entonces abrazaremos a Jesús, que es luz y esperanza de la vida. Este es el camino de evangelización.
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Una de las preocupaciones del papa Francisco, como de todos los Papas, es promover en la comunidad cristiana las vocaciones de los jóvenes que se sienten llamados al servicio de la misión de Cristo (Christus vivit, 2019).
La bibliografía sobre el tema es abundante; remitimos al lector a los boletines bibliográficos de la Biblioteca-Teresianum (Bibliografie scelte). Aquí nos limitamos a recoger los últimos mensajes del Papa.
La vocación, un don para todos
El Papa Francisco deja claro que la palabra «vocación» no debe entenderse en un sentido restrictivo, refiriéndose sólo a aquellos que siguen al Señor a través de una vida de especial consagración. Cada hombre y cada mujer, recibe a través del don de la vida una vocación fundamental: cada uno de nosotros es una criatura querida y amada por Dios y ocupa un lugar único y especial en la mente divina.
La mirada de Dios («El mirar de Dios es amar», san Juan de la Cruz) es una llamada a la vocación; toda vocación es un encuentro con la mirada de Dios, que nos llama. El carisma de especial consagración que cada uno recibe, está estrechamente relacionado con nuestra vocación, para servir mejor a los demás en nuestro camino de fe.
La visión del Papa Francisco de la vocación sacerdotal y religiosa nos ofrece una profunda comprensión de cómo la vocación, el carisma y la misión se unen en una poderosa llamada al amor, al servicio y a la misión. No hay vocación sin misión.
Vida sacerdotal
En su mensaje al simposio sobre la teología del sacerdocio (17.02.17) el papa Francisco destacó estas dos actitudes del sacerdote: cercanía a Dios y cercanía al pueblo. Un sacerdote es invitado ante todo a cultivar la cercanía de Dios, la intimidad con Él. La relación con Dios es como el injerto que nos mantiene dentro de un vínculo de fecundidad. «Sin una relación significativa con el Señor nuestro ministerio está destinado a ser estéril. La cercanía con Jesús, el contacto con su Palabra, nos permite confrontar nuestra vida con la suya, con su misión y aprender a imitarla […] Esta cercanía con Dios a veces tiene un estilo de lucha, luchar con el Señor principalmente en esos momentos donde su ausencia se hace más notoria en la vida sacerdotal o en la vida de las personas a ellos encomendada. Luchar y buscar su bendición hasta el amanecer».
En este sentido el Papa habla de la crisis vocacional, que en distintos lugares aflige a nuestras comunidades. «Sin embargo, es cierto que esto se ha debido frecuentemente a la ausencia en las comunidades de un fervor apostólico contagioso; comunidades bien organizadas, pero carentes de entusiasmo, donde todo está bien, pero falta el fuego del espíritu».
Vida religiosa
En su mensaje con motivo de la Jornada de la Vida Consagrada (02.02.24), invita a las religiosas y religiosos a cultivar la espera: «La espera de Dios es importante para nosotros, para nuestro camino de fe. Cada día el Señor nos visita, nos habla, se revela de maneras inesperadas y, al final de la vida y de los tiempos, vendrá. Por eso Él mismo nos exhorta a permanecer despiertos, a estar vigilantes, a perseverar en la espera». Sin dejarse atrapar en nosotros mismos, por las cosas y los ritmos intensos de cada día, por las «muchas cosas que hay que hacer».
Previniendo los obstáculos que debilitan la espera, señala dos: el descuido de la vida interior y la adaptación al estilo del mundo, que acaba ocupando el lugar del Evangelio. Y termina exhortando a dejarse mover por el Espíritu, para saber vivir la espera en el cuidado de la vida interior y en coherencia con el estilo del Evangelio; entonces abrazaremos a Jesús, que es luz y esperanza de la vida. Este es el camino de evangelización.