La intención misionera del mes de marzo, confiada a la oración de los creyentes, toca un tema de candente actualidad, que necesita un discernimiento del progreso de la ciencia y de los interrogantes que plantea a la defensa de la vida humana. Nos pide oración y acción social frente a los nuevos desafíos de la bioética, que no podemos hacer sin un previo discernimiento.
Discernimiento
La bioética es el estudio de la conducta humana en el área de las ciencias de la vida y del cuidado sanitario, a la luz de los valores y de los principios morales de la ética. La bioética como tal ha comenzado a formar parte muy recientemente de la doctrina social de la Iglesia. Es un campo prioritario y crucial en la lucha cultural entre el absolutismo de la técnica y la responsabilidad moral.
El tema ha estado muy presente en los discursos de Benedicto XVI, quien en 2009 aprobó la Instrucción Dignitas Personae de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Este documento estuvo precedido por un importante discurso del Papa Benedicto a la Congregación, el 31 de enero de 2008, en el que el Papa fijó las grandes líneas de este documento.
La Iglesia aprecia y estimula el progreso de las ciencias biomédicas, que abren perspectivas terapéuticas hasta hoy desconocidas. Pero reconoce que se ha roto la barrera puesta en defensa de la dignidad humana en los temas relacionados con la crio-conservación de embriones humanos, la
reducción embrionaria, la investigación sobre células madre embrionarias, los intentos de clonación humana y la fecundación artificial extra-corpórea.
Cuando seres humanos, en la fase más débil e indefensa de su existencia, son seleccionados, abandonados, eliminados o utilizados como mero «material biológico», no se puede negar que ya no son tratados como «alguien», sino como «algo», poniendo así en tela de juicio el concepto mismo de dignidad del hombre.
Acción social
Por su parte, el Papa Francisco, en la 24 Asamblea General de la Pontificia Academia para la Vida, invita a una acción social, en defensa de la calidad ética y espiritual de la vida en todas sus etapas, que nos lleva a pensar en la bioética no a partir de la enfermedad y de la muerte, sino desde la profunda convicción de la irrevocable dignidad de la persona humana.
Si bien hay que reconocer el aporte de la biología que explora «los aspectos físicos, químicos y mecánicos», no hay que olvidar «una perspectiva más amplia y más profunda, que pide atención a la vida propiamente humana, que irrumpe en la escena del mundo con el prodigio de la palabra y del pensamiento, de los afectos y del espíritu».
El ‘bello’ trabajo de la vida es la generación de una persona nueva, la educación de sus cualidades espirituales y creativas, la iniciación al amor de la familia y de la comunidad, el cuidado de sus vulnerabilidades y de sus heridas, como también la iniciación a la vida de hijos de Dios, en Jesucristo.
Y concluye el Papa con esta palabra de aliento: La vida del hombre, bella para embelesar y frágil para morir, va más allá de sí misma: nosotros somos infinitamente más de lo que podemos hacer por nosotros mismos. Por eso el ser humana es capaz de sacrificarse por ella hasta el final.






















































