No es la primera vez que el papa Francisco afronta el tema de la familia, particularmente a partir de su exhortación apostólica Amoris laetitia (2016). Su magisterio comprende diversas perspectivas, entre ellas la crisis actual de las familias.
LAS DIFICULTADES DE LAS FAMILIAS ACTUALES
En un encuentro celebrado en la Gregoriana de Roma, con motivo del año dedicado a la familia, señala algunas de estas dificultades. La vida familiar está hoy más probada que nunca:
Muchas familias sufren la falta de trabajo, de una vivienda digna o de una tierra donde vivir en paz, en una época de grandes y rápidos cambios. Estas dificultades se extienden a la vida familiar, generando problemas relacionales. Hay muchas situaciones difíciles y familias heridas. La posibilidad misma de formar una familia hoy en día es a menudo ardua, y los jóvenes tienen muchas dificultades para casarse y tener hijos.
Estas dificultades son de carácter sociológico, cultural, no solo religioso. Se da además el fenómeno mundial de la reducción numérica de las familiares. En todo el planeta está teniendo lugar un fenómeno sociológico singular: las familias son cada vez más reducidas. Este encogimiento de la red de parentescos es algo que percibimos todos en nuestra propia familia y en nuestro entorno social.
Ante estas dificultades, los jóvenes encuentran menos estímulos para casarse y tener hijos. Por eso, si es importante en la pastoral eclesial promover la vocación sacerdotal y religiosa, como comentábamos en la intención misionera del mes de febrero, es igualmente importante promover entre los jóvenes la vocación al matrimonio.
CÓMO MANEJAR LAS CRISIS FAMILIARES
En el mismo encuentro citado el Papa insiste en la creatividad para descubrir la rica espiritualidad que germina en la familia, que es la unidad de la que se compone en gran medida el Pueblo de Dios y que es el primer lugar en el que se vive la fe en Jesucristo y el amor mutuo.
CÓMO LOGRAR LA RECONCILIACIÓN Y EL PERDÓN
No hay familia perfecta, no tenemos padres perfectos, no somos perfectos, no nos casamos con una persona perfecta ni tenemos hijos perfectos. Tenemos quejas de los demás… decepcionamos unos a otros. Necesitamos descubrir el tesoro del perdón recíproco. No hay matrimonio sano ni familia sana sin el ejercicio del perdón. El perdón es vital para nuestra salud emocional y la supervivencia espiritual.
Sin perdón la familia se enferma. El perdón es la asepsia del alma, la limpieza de la mente y la fuerza del corazón… El que no perdona se enferma física, emocional y espiritualmente… El perdón trae alegría donde la pena produjo tristeza (04.11.2015).
Concluyendo, la familia (las familias en crisis) es uno de los campos más importantes de evangelización.




















































