Estas intenciones de oración son fruto de un largo proceso de discernimiento en la Iglesia, en diversos países del mundo, y con propuestas provenientes de varios dicasterios, congregaciones y servicios de la Santa Sede.
Al final de este proceso de varios meses, el Papa, con las propuestas recibidas toma un tiempo para orar y discernir los desafíos de la humanidad y de la misión de la Iglesia. Confía entonces sus 12 intenciones de oración a todos los fieles. Son orientaciones para nuestra vida y misión.
La intención del primer mes del año 2023, que iniciamos orando por la paz, hoy más apremiante que nunca, está dedicada a los educadores, cuya primordial preocupación es educar para la paz y la fraternidad, no para la confrontación.
Educar es un arte, recordaba el Papa con motivo de la Asamblea General de la Unión Mundial de Profesores Católicos (12 nov 2022). Un arte lleno de sabiduría, que debe formar a los jóvenes en la solidaridad, evitando toda colonización ideológica que destruye la personalidad humana.
La educación es la aventura más fascinante y difícil de la vida. Corresponde a los padres, a las familias, a todos los estamentos formativos. Se ha de transmitir a los jóvenes sobre todo el respeto a la dignidad de la persona, el aprecio por los valores de la vida y de la paz, suscitando en ellos el deseo de vivir al servicio del bien y de la convivencia humana. Por eso los educadores tienen que estar dispuestos a darse a sí mismos, siendo testigos auténticos y no simples dispensadores de reglas o informaciones. El testigo es el primero en vivir el camino propuesto.
La tarea educativa atraviesa hoy por dificultades especiales, tanto en la familia como en los ámbitos educativos. Por eso hay que orar y luchar para que todo ambiente educativo sea un lugar de apertura al otro, a la convivencia, a la solidaridad; un lugar de escucha y de diálogo; un lugar que enseña a gustar la alegría que brota de participar activamente en la construcción de una sociedad más humana y fraterna.
La intención misionera del Papa muestra una especial preocupación por los jóvenes más vulnerables: los que no tienen trabajo, los que son víctimas de una situación bélica insostenible, los que no pueden acceder a una educación que les abra nuevos horizontes, los que buscan un sentido a su vida, los jóvenes migrantes y refugiados que luchan por abrirse un futuro.
Todos tienen cabida en el corazón del Papa y en la oración de los creyentes. Éste es también uno de los objetivos prioritarios de todos los estamentos formativos, para crear una nueva sociedad más justa, fraterna y solidaria.




















































