Coincidiendo con el proceso sinodal abierto por el papa Francisco (2021-2023), la intención misionera del mes de octubre confía a la oración de los creyentes el anuncio fiel y valiente del Evangelio. Y propone el camino sinodal para llegar a la meta. Caminar juntos (eso significa sínodo) nos fortalece en la tarea evangelizadora; crea lazos de comunión y de fraternidad; es siempre una acogida solidaria, no excluyente, sino abierta a todos. Esto es ya evangelizar.
Pero el Papa quiere ampliar los horizontes de esta evangelización. Para ello ha invitado a toda la Iglesia a un Sínodo cuyo título es «Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión». Esta convocatoria es una consulta histórica, sin precedentes, en la Iglesia, llamada a caminar: caminemos juntos como Iglesia con el Espíritu Santo.
El Papa mismo nos señala el camino en sus discursos pronunciados en el contexto sinodal (17.10.2015; 9.10.2021; 10.9.2021; 23.1.2022). Estos guían a la Iglesia en este tiempo de escucha, diálogo, oración y discernimiento para que pueda ser vivido realmente como kairós, un tiempo de apertura a lo que el Espíritu le está diciendo a la Iglesia. Entresacamos algunos pensamientos.
• La sinodalidad no es un eslogan o el nuevo término a utilizar en nuestras reuniones. ¡No! La sinodalidad expresa la naturaleza de la Iglesia, su forma, su estilo, su misión. La palabra «sínodo» contiene todo lo que necesitamos entender: «caminar juntos» (…) Caminar juntos —laicos, pastores, obispo de Roma— es un concepto fácil de expresar con palabras, pero no es tan fácil ponerlo en práctica.
• En este caminar van juntas la Palabra de Dios y las personas que dirigen su atención y su fe a esa Palabra. La Palabra de Dios camina con nosotros. Una Iglesia sinodal es una Iglesia de la escucha, con la conciencia de que escuchar es más que oír. Es una escucha recíproca en la cual cada uno tiene algo que aprender: uno en escucha de los otros; y todos en escucha del Espíritu Santo, el «Espíritu de verdad» (Jn 14,17).
• Se trata de escuchar al Espíritu Santo: «El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias» (Ap 2,7). Se trata de escuchar la voz de Dios, de captar su presencia, de interceptar su paso y su soplo de vida. El Espíritu es el gran protagonista de la Iglesia, de manera que podemos decir con los Apóstoles: «Hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros no imponeros más cargas». Si no está el Espíritu, el camino sinodal será un parlamento, pero no un Sínodo: tiene que ser un camino de escucha mutua y de escucha del Espíritu Santo, de discusión y también de discusión con el Espíritu Santo, que es una forma de orar. Las soluciones deben buscarse dando la palabra a Dios en medio de nosotros; rezando y abriendo los ojos a todo lo que nos rodea; viviendo una vida fiel al Evangelio.





















































