Nuestra revista se ha ocupado ya del tema en varias ocasiones. Citamos el mes de junio de 2015 y el mes de enero de 2017. Allí decíamos que la migración es un fenómeno global con múltiples connotaciones sociales, culturales, religiosas, políticas y laborales.
Actualmente este fenómeno ha adquirido dimensiones gigantescas, por la migración de los países pobres del sur a los países ricos del norte, que se produce en condiciones dramáticas, debido a situaciones extremas de pobreza y explotación y falta de acogida por parte de los países receptores.
Las migraciones interpelan a todos, no solo por las dimensiones del fenómeno, sino también por los problemas de diversa índole que conlleva, y por «los dramáticos desafíos que plantea a las comunidades nacionales y a la comunidad internacional» (Benedicto XVI, Caritas in veritate, n. 62).
Siguiendo los mensajes del Papa, nos hacemos eco de la Jornada Mundial del Migrante y Refugiado (24.09.23). El Papa Francisco recuerda que «los migrantes escapan debido a la pobreza, al miedo, a la desesperación» y señala que algunas de las causas más visibles de la migración son «las persecuciones, las guerras, los fenómenos atmosféricos y la miseria». E indica que:
«Es necesario un esfuerzo conjunto de cada uno de los países y de la comunidad internacional para que se asegure a todos el derecho a no tener que emigrar, es decir, la posibilidad de vivir en paz y con dignidad en la propia tierra».
En esta misma línea tenemos que referirnos a su reciente discurso a los «Encuentros Mediterráneos» (Marsella, 23.09,23), que fue reproducido íntegro en nuestra revista, octubre 2023. Recogemos aquí una cita de Pablo VI sobre «tres deberes» de las naciones más desarrolladas: «deber de solidaridad, en la ayuda que las naciones ricas deben aportar a los países en vías de desarrollo; deber de justicia social, enderezando las relaciones comerciales defectuosas entre los pueblos fuertes y débiles; deber de caridad universal, por la promoción de un mundo más humano para todos, en donde todos tengan que dar y recibir, sin que el progreso de los unos sea un obstáculo para el desarrollo de los otros» (Populorum progressio, n. 44).





















































