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Estas intenciones de cada mes son una convocatoria mundial para transformar nuestra plegaria en «gestos concretos»; son una brújula para una misión de compasión por el mundo y de compromiso cristiano. Señalan un camino para movilizarnos cada mes, por la oración y la acción, por un mundo más humano, fraterno y solidario.
Para el mes de enero, en perfecta continuidad con el año en curso, la primera oración está dedicada al tema de educar para la fraternidad, para que todas las personas que sufren discriminación y persecución religiosa encuentren en las sociedades en las que viven el reconocimiento de sus derechos y la dignidad que proviene de ser hermanos y hermanas.
El Papa, en el ejercicio de su ministerio pastoral universal, ofrece algunas directrices para educar en la fraternidad. Destacan dos mensajes, con motivo de la propuesta de un Pacto Educativo Global, 14 de mayo de 2020; y la celebración de un encuentro en el Vaticano sobre Religiones y Educación, 5 de octubre de 2021. Nos hacemos eco de alguna de estas directrices.
· «Debemos basar los procesos educativos en la conciencia de que todo en el mundo está íntimamente conectado y que es necesario encontrar otras formas de entender la economía, la política, el crecimiento y el progreso».
· «Dialogar sobre el modo en que estamos construyendo el futuro del planeta y sobre la necesidad de invertir los talentos de todos, porque cada cambio requiere un camino educativo que haga madurar una nueva solidaridad universal y una sociedad más acogedora».
Quiero terminar con un pensamiento de Teresa de Los Andes, una gran catequista y misionera, sobre la educación: La educación consiste en posesionarse de sí misma y practicar la prudencia, que es «el marco donde se colocan las demás virtudes» (Diario 40).
Éste es también el marco de la educación para la fraternidad, pues ésta necesita las bases sólidas de todas las virtudes, particularmente la solidaridad y la fraternidad.





















































