Una labor encomiable. Cuando hace dos años nos golpeó la pandemia, la sociedad se volcó en aplausos al personal sanitario por su ingente y abnegada labor en hospitales y ambulatorios, ejercida con gran profesionalidad.
Fueron realmente héroes en circunstancias cruciales y sin contar, muchas veces, con los medios necesarios por las limitaciones de la misma pandemia, el aislamiento, el miedo a los contagios, el carácter desconcertante de esta enfermedad.
Pasadas las primeras urgencias, la sociedad y también los gobiernos parecen haber bajado la guardia. Pero ellos siguen ahí, al pie del cañón, dando lo mejor de sí mismos y de su profesión. Por eso necesitan nuestro apoyo, nuestra oración y nuestro más profundo agradecimiento.
Los países más pobres. La intención misionera hace hincapié en la atención sanitaria a los países más pobres, donde se desarrolla la labor de nuestros misioneros y que nuestra revista LOM sigue con interés. El año de la pandemia dedicó varios números a la información del Covid-19 en los continentes asiáticos y africanos, poniendo siempre de manifiesto la generosa entrega del personal sanitario, pero al mismo tiempo la escasez de medios.
Sobre este tema la OMS ha emitido recientemente un mensaje alertando sobre la falta de inversiones en el área de la salud. Los sistemas de salud solo pueden funcionar con trabajadores sanitarios y el mejoramiento de la cobertura de los servicios de salud.
Según sus proyecciones, se estima que para 2030 habrá un déficit de 18 millones de trabajadores sanitarios, la mayoría de ellos en países de ingresos bajos y medianos bajos.
Ésta es una razón más para seguir apoyando en nuestras comunidades locales al personal sanitario.



















































