

Partiendo de la constitución dogmática Sacrosanctum Concilium sobre la Liturgia del Vaticano II y de una de sus afirmaciones de la Eucaristía como fuente y cima de la vida cristiana, todos se hacen eco de su centralidad en nuestra vida.
– Pablo VI en su encíclica Mysterium fidei (03.09.65) afirma: «Los Padres del Concilio, al tratar de restaurar la Sagrada Liturgia, de nada se han preocupado tanto como de exhortar a los fieles a que con entera fe y suma piedad participen activamente en la celebración de este sacrosanto misterio, ofreciéndolo, juntamente con el sacerdote, como sacrificio a Dios por la salvación propia y de todo el mundo y nutriéndose de él como alimento espiritual, por la salvación propia y de todo el mundo y nutriéndose de él como alimento espiritual. Porque si la Sagrada Liturgia ocupa el primer puesto en la vida de la Iglesia, el Misterio Eucarístico es como el corazón y el centro de la Sagrada Liturgia, por ser la fuente de la vida que nos purifica y nos fortalece de modo que vivamos no ya para nosotros, sino para Dios, y nos unamos entre nosotros mismos con el estrechísimo vínculo de la caridad».
– Por su parte, el papa Juan Pablo II en su encíclica Ecclesia de Eucharistia (17.04.03), afirma cómo «la Iglesia vive de la Eucaristía. Esta verdad no expresa solamente una experiencia cotidiana de fe, sino que encierra en síntesis el núcleo del misterio de la Iglesia, y del misterio pascual […] Por eso la Eucaristía, que es el sacramento por excelencia del misterio pascual, como nos transmiten los Hechos de los Apóstoles: «Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones». Después de dos mil años seguimos reproduciendo aquella imagen primigenia de la Iglesia».
– Benedicto XVI nos dejó una preciosa Exhortación apostólica Sacramentum Caritatis (23.02.07) sobre la vida eucarística, en la que desarrollas estos temas: eucaristía, misterio que se ha de creer; misterio que se ha de celebrar; misterio que se ha de vivir. Destacamos una de sus afirmaciones: «Jesús nos enseña en el sacramento de la Eucaristía la verdad del amor, que es la esencia misma de Dios. Ésta es la verdad evangélica que interesa a cada hombre y a todo el hombre. Por eso la Iglesia, cuyo centro vital es la Eucaristía, se compromete constantemente a anunciar a todos que Dios es amor».
LA EUCARISTÍA, IRRADIACIÓN DE AMOR
Todos los documentos citados insisten en la relación entre la eucaristía y el compromiso cristiano de entrega, de amor y de servicio. No hay eucaristía sin comunión eclesial y caridad fraterna. El papa Francisco destaca esta dimensión de la eucaristía a propósito del congreso eucarístico internacional de Budapest (12.09.21), invitando a volver a la eucaristía y situarla en el centro de nuestra vida: «Volvamos a Jesús, volvamos a la Eucaristía».
Concretamente el Pontífice pone de manifiesto la urgencia de construir puentes entre la eucaristía y la vida cristiana, buscando caminos para la paz y la conversión:
En la clausura del congreso el Papa pronunció estas palabras: «La Eucaristía está ante nosotros para recordarnos quién es Dios, mostrándose como Pan partido, como Amor crucificado y entregado. El Señor permanece allí, en la sencillez de un Pan que se deja partir, distribuir y comer. Está ahí para salvarnos, para darnos vida, y para que nosotros demos vida a los demás».
Y concluye el Papa: «Este Congreso Eucarístico Internacional es un punto de llegada de un camino, pero hagamos que sea sobre todo un punto de partida. Porque el camino en post de Jesús invita a mirar hacia adelante, a acoger la novedad de la gracia y de la salvación que Jesús ofrece a todos».
A partir de estas orientaciones sobre la vida eucarística, la Eucaristía está llamada a convertirse en centro de la vida cristiana y en irradiación de amor universal.
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Partiendo de la constitución dogmática Sacrosanctum Concilium sobre la Liturgia del Vaticano II y de una de sus afirmaciones de la Eucaristía como fuente y cima de la vida cristiana, todos se hacen eco de su centralidad en nuestra vida.
– Pablo VI en su encíclica Mysterium fidei (03.09.65) afirma: «Los Padres del Concilio, al tratar de restaurar la Sagrada Liturgia, de nada se han preocupado tanto como de exhortar a los fieles a que con entera fe y suma piedad participen activamente en la celebración de este sacrosanto misterio, ofreciéndolo, juntamente con el sacerdote, como sacrificio a Dios por la salvación propia y de todo el mundo y nutriéndose de él como alimento espiritual, por la salvación propia y de todo el mundo y nutriéndose de él como alimento espiritual. Porque si la Sagrada Liturgia ocupa el primer puesto en la vida de la Iglesia, el Misterio Eucarístico es como el corazón y el centro de la Sagrada Liturgia, por ser la fuente de la vida que nos purifica y nos fortalece de modo que vivamos no ya para nosotros, sino para Dios, y nos unamos entre nosotros mismos con el estrechísimo vínculo de la caridad».
– Por su parte, el papa Juan Pablo II en su encíclica Ecclesia de Eucharistia (17.04.03), afirma cómo «la Iglesia vive de la Eucaristía. Esta verdad no expresa solamente una experiencia cotidiana de fe, sino que encierra en síntesis el núcleo del misterio de la Iglesia, y del misterio pascual […] Por eso la Eucaristía, que es el sacramento por excelencia del misterio pascual, como nos transmiten los Hechos de los Apóstoles: «Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones». Después de dos mil años seguimos reproduciendo aquella imagen primigenia de la Iglesia».
– Benedicto XVI nos dejó una preciosa Exhortación apostólica Sacramentum Caritatis (23.02.07) sobre la vida eucarística, en la que desarrollas estos temas: eucaristía, misterio que se ha de creer; misterio que se ha de celebrar; misterio que se ha de vivir. Destacamos una de sus afirmaciones: «Jesús nos enseña en el sacramento de la Eucaristía la verdad del amor, que es la esencia misma de Dios. Ésta es la verdad evangélica que interesa a cada hombre y a todo el hombre. Por eso la Iglesia, cuyo centro vital es la Eucaristía, se compromete constantemente a anunciar a todos que Dios es amor».
LA EUCARISTÍA, IRRADIACIÓN DE AMOR
Todos los documentos citados insisten en la relación entre la eucaristía y el compromiso cristiano de entrega, de amor y de servicio. No hay eucaristía sin comunión eclesial y caridad fraterna. El papa Francisco destaca esta dimensión de la eucaristía a propósito del congreso eucarístico internacional de Budapest (12.09.21), invitando a volver a la eucaristía y situarla en el centro de nuestra vida: «Volvamos a Jesús, volvamos a la Eucaristía».
Concretamente el Pontífice pone de manifiesto la urgencia de construir puentes entre la eucaristía y la vida cristiana, buscando caminos para la paz y la conversión:
En la clausura del congreso el Papa pronunció estas palabras: «La Eucaristía está ante nosotros para recordarnos quién es Dios, mostrándose como Pan partido, como Amor crucificado y entregado. El Señor permanece allí, en la sencillez de un Pan que se deja partir, distribuir y comer. Está ahí para salvarnos, para darnos vida, y para que nosotros demos vida a los demás».
Y concluye el Papa: «Este Congreso Eucarístico Internacional es un punto de llegada de un camino, pero hagamos que sea sobre todo un punto de partida. Porque el camino en post de Jesús invita a mirar hacia adelante, a acoger la novedad de la gracia y de la salvación que Jesús ofrece a todos».
A partir de estas orientaciones sobre la vida eucarística, la Eucaristía está llamada a convertirse en centro de la vida cristiana y en irradiación de amor universal.