En abril pasado, mientras el Papa León XIV recorría África sembrando alegría y esperanza por tierras de Argelia, Camerún y Guinea Ecuatorial, en otro lugar no muy distante del continente se declaraba por enésima vez la aparición del virus de Bundibugyo, que causa la mortífera enfermedad del Ébola.
La República Democrática del Congo es uno de los países más castigados de África. Su historia es una cadena de guerras, violencia y muerte: Hoy mismo más de 120 grupos armados y paramilitares operan en su territorio, la mayoría son milicias comunitarias de autodefensa, pero unos 40 de ellos se dedican al pillaje de las riquezas mineras, a violar a las mujeres y a sembrar violencia y muerte por toda la geografía del país.
¿Qué se sabe del Ébola?
El ébola es una enfermedad muy grave que va apareciendo de forma periódica en diversos países del continente africano. Son 11 las naciones que han sufrido brotes del virus o cadenas de trasmisión documentadas del mismo: RDC, Uganda, Sudán del Sur y Gabón en África central; al igual que Guinea, Liberia y Sierra Leona en África occidental. Se trata de una afección poco frecuente, pero muy grave, que aterroriza a comunidades enteras y desborda con creces sus débiles sistemas de salud.
La enfermedad está causada por un virus del género Orthoebolavirus, de origen animal. Aunque no está del todo confirmado, los indicios apuntan a los murciélagos frugívoros que actúan como huéspedes del virus. El contacto con animales silvestres infectados ha sido la puerta de su trasmisión a los humanos.
Los científicos han descrito seis especies de Orthoebolavirus. Tan solo tres de ellos están asociados con importantes brotes en seres humanos: El Orthoebolavirus zairense, responsable de la enfermedad por el virus del Ébola. El Orthoebolavirus sudanense, causante por el virus del Sudán y el bundibugyoense, que causa la enfermedad por el virus de Bundibugyo en Uganda.
A diferencia de otras enfermedades infecciosas la trasmisión del Ébola limita su capacidad de trasmisión a contextos controlados, y tan solo lo pueden contagiar personas con ya claros síntomas de la enfermedad.
El período de tiempo entre la infección y la aparición de síntomas oscila entre 2 y 21 días. Los síntomas, en general, suelen ser repentinos e inespecíficos: fiebre, fatiga intensa, dolor de cabeza, dolor muscular, dolor de garganta; poco después aparecen vómitos, diarrea y en algunos casos erupciones cutáneas. En los casos graves se han dado disfunción renal y hepática, así como algunas complicaciones hemorrágicas.
En brotes que se han dado hasta el día de hoy, la tasa de letalidad del ébola ha variado con valores comprendidos entre el 25% y el 90%. La cepa Bundibugyo presenta hasta la fecha una tasa de mortalidad entre el 32% y el 50%. En los últimos brotes del virus en la RDC la tasa de mortalidad ha bajado hasta los 25%.
Circunstancias que dificultan su control
Los brotes del ébola se difunden de forma desproporcionada en comunidades que viven en zonas de conflicto. Médicos Sin Fronteras informó a finales de mayo cómo un grupo de paramilitares irrumpió en el centro médico de Mongbwalo, noroeste de la RDC, provocando la huida de al menos 18 pacientes sospechosos de estar infectados. El ataque terminó con una instalación sanitaria incendiada y con las autoridades sanitarias tratando de localizar a las personas potencialmente contagiosas. El incidente ocurrió en el epicentro mismo del nuevo brote de Ébola en la provincia de Ituri.
Los ritos funerarios son en África algo sagrado, intocable. Las restricciones de entierros tradicionales generan enorme tensión social en nuestras poblaciones rurales. Las personas que han fallecido por ébola siguen siendo infecciosas, y nuestras tradiciones funerarias, con sus bien definidos rituales y ceremonias, han contribuido desde siempre, y hoy lo siguen haciendo, a la propagación de las enfermedades infecciosas en nuestras comunidades.
Las personas con el mayor riesgo de contraer el virus son: el personal sanitario, en particular si no usan protección adecuada. Las personas que atienden a familiares enfermos o preparan cadáveres para el funeral correspondiente y los supervivientes del virus. Estos últimos desarrollan inmunidad al virus específico que sufrieron, pero se enfrentan a un fuerte estigma social dentro de su población.
Dentro de la sociedad en conjunto, las mujeres y los niños de menos de 5 años, son los que corren mayores riesgos: los peques particularmente son muy vulnerables al virus de ébola y también las mujeres porque están siempre en primera línea y son las principales cuidadoras de los enfermos en sus hogares.
La mayor dificultad para controlar el ébola no es tan solo el virus en sí mismo, sino la desconfianza de la población africana hacia sus autoridades sanitarias y equipos internacionales.
Las medidas de aislamiento y la manipulación de los cadáveres, que tratan de regular la OMS y otros organismos humanitarios, chocan frecuentemente con creencias culturales y religiosas profundamente arraigadas.
La esperanza de dos nuevas vacunas
La OMS acaba de informar que de momento no tenemos una vacuna aprobada contra la cepa Bundibugyo del ébola, pero informa sobre 2 vacunas con ensayos esperanzadores en un plazo no muy lejano: la más prometedora es la llamada «rVSV-Bundobugyo», diseñada en particular para el último brote del virus y única autorizada hasta ahora contra la cepa Zaire del ébola.
La segunda candidata podría incluso avanzar con mayor rapidez: se trata de la vacuna basada en la plataforma ChAdOx1, la misma que diseñó la vacuna de AstraZeneca contra la covid-19. Colaboran en su elaboración la universidad de Osford y el Instituto Serum de India. Se podrán producir dosis para ensayos clínicos dentro de dos o tres meses.
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En abril pasado, mientras el Papa León XIV recorría África sembrando alegría y esperanza por tierras de Argelia, Camerún y Guinea Ecuatorial, en otro lugar no muy distante del continente se declaraba por enésima vez la aparición del virus de Bundibugyo, que causa la mortífera enfermedad del Ébola.
La República Democrática del Congo es uno de los países más castigados de África. Su historia es una cadena de guerras, violencia y muerte: Hoy mismo más de 120 grupos armados y paramilitares operan en su territorio, la mayoría son milicias comunitarias de autodefensa, pero unos 40 de ellos se dedican al pillaje de las riquezas mineras, a violar a las mujeres y a sembrar violencia y muerte por toda la geografía del país.
¿Qué se sabe del Ébola?
El ébola es una enfermedad muy grave que va apareciendo de forma periódica en diversos países del continente africano. Son 11 las naciones que han sufrido brotes del virus o cadenas de trasmisión documentadas del mismo: RDC, Uganda, Sudán del Sur y Gabón en África central; al igual que Guinea, Liberia y Sierra Leona en África occidental. Se trata de una afección poco frecuente, pero muy grave, que aterroriza a comunidades enteras y desborda con creces sus débiles sistemas de salud.
La enfermedad está causada por un virus del género Orthoebolavirus, de origen animal. Aunque no está del todo confirmado, los indicios apuntan a los murciélagos frugívoros que actúan como huéspedes del virus. El contacto con animales silvestres infectados ha sido la puerta de su trasmisión a los humanos.
Los científicos han descrito seis especies de Orthoebolavirus. Tan solo tres de ellos están asociados con importantes brotes en seres humanos: El Orthoebolavirus zairense, responsable de la enfermedad por el virus del Ébola. El Orthoebolavirus sudanense, causante por el virus del Sudán y el bundibugyoense, que causa la enfermedad por el virus de Bundibugyo en Uganda.
A diferencia de otras enfermedades infecciosas la trasmisión del Ébola limita su capacidad de trasmisión a contextos controlados, y tan solo lo pueden contagiar personas con ya claros síntomas de la enfermedad.
El período de tiempo entre la infección y la aparición de síntomas oscila entre 2 y 21 días. Los síntomas, en general, suelen ser repentinos e inespecíficos: fiebre, fatiga intensa, dolor de cabeza, dolor muscular, dolor de garganta; poco después aparecen vómitos, diarrea y en algunos casos erupciones cutáneas. En los casos graves se han dado disfunción renal y hepática, así como algunas complicaciones hemorrágicas.
En brotes que se han dado hasta el día de hoy, la tasa de letalidad del ébola ha variado con valores comprendidos entre el 25% y el 90%. La cepa Bundibugyo presenta hasta la fecha una tasa de mortalidad entre el 32% y el 50%. En los últimos brotes del virus en la RDC la tasa de mortalidad ha bajado hasta los 25%.
Circunstancias que dificultan su control
Los brotes del ébola se difunden de forma desproporcionada en comunidades que viven en zonas de conflicto. Médicos Sin Fronteras informó a finales de mayo cómo un grupo de paramilitares irrumpió en el centro médico de Mongbwalo, noroeste de la RDC, provocando la huida de al menos 18 pacientes sospechosos de estar infectados. El ataque terminó con una instalación sanitaria incendiada y con las autoridades sanitarias tratando de localizar a las personas potencialmente contagiosas. El incidente ocurrió en el epicentro mismo del nuevo brote de Ébola en la provincia de Ituri.
Los ritos funerarios son en África algo sagrado, intocable. Las restricciones de entierros tradicionales generan enorme tensión social en nuestras poblaciones rurales. Las personas que han fallecido por ébola siguen siendo infecciosas, y nuestras tradiciones funerarias, con sus bien definidos rituales y ceremonias, han contribuido desde siempre, y hoy lo siguen haciendo, a la propagación de las enfermedades infecciosas en nuestras comunidades.
Las personas con el mayor riesgo de contraer el virus son: el personal sanitario, en particular si no usan protección adecuada. Las personas que atienden a familiares enfermos o preparan cadáveres para el funeral correspondiente y los supervivientes del virus. Estos últimos desarrollan inmunidad al virus específico que sufrieron, pero se enfrentan a un fuerte estigma social dentro de su población.
Dentro de la sociedad en conjunto, las mujeres y los niños de menos de 5 años, son los que corren mayores riesgos: los peques particularmente son muy vulnerables al virus de ébola y también las mujeres porque están siempre en primera línea y son las principales cuidadoras de los enfermos en sus hogares.
La mayor dificultad para controlar el ébola no es tan solo el virus en sí mismo, sino la desconfianza de la población africana hacia sus autoridades sanitarias y equipos internacionales.
Las medidas de aislamiento y la manipulación de los cadáveres, que tratan de regular la OMS y otros organismos humanitarios, chocan frecuentemente con creencias culturales y religiosas profundamente arraigadas.
La esperanza de dos nuevas vacunas
La OMS acaba de informar que de momento no tenemos una vacuna aprobada contra la cepa Bundibugyo del ébola, pero informa sobre 2 vacunas con ensayos esperanzadores en un plazo no muy lejano: la más prometedora es la llamada «rVSV-Bundobugyo», diseñada en particular para el último brote del virus y única autorizada hasta ahora contra la cepa Zaire del ébola.
La segunda candidata podría incluso avanzar con mayor rapidez: se trata de la vacuna basada en la plataforma ChAdOx1, la misma que diseñó la vacuna de AstraZeneca contra la covid-19. Colaboran en su elaboración la universidad de Osford y el Instituto Serum de India. Se podrán producir dosis para ensayos clínicos dentro de dos o tres meses.






















































