La Obra Máxima

Cuando crecer también significa compartir

Familias que aprenden, juegan y construyen esperanza juntas

ONG OSCAR de Perú

En muchas de las comunidades donde trabaja OSCAR DE PERÚ, las familias enfrentan desafíos que van mucho más allá de las dificultades económicas.

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La falta de empleo estable, la incertidumbre diaria sobre cómo sostener el hogar, las preocupaciones por la alimentación, la salud o la educación de los hijos generan tensiones que muchas veces afectan también la vida familiar y emocional de las personas.

En medio de estas realidades, los niños pequeños son especialmente vulnerables. Los primeros años de vida son fundamentales para su desarrollo físico, emocional, social y cognitivo. Por ello, brindarles espacios seguros, afectivos y estimulantes no es un lujo: es una necesidad.

Gracias al Programa de Hermanamientos Familiares – Apadrinamiento, impulsado por OSCAR DE PERÚ con el apoyo de la Obra Máxima y de tantas familias, madrinas y padrinos de España, los niños más pequeños de nuestras comunidades pueden acceder a servicios de estimulación temprana que buscan acompañar su desarrollo integral desde los primeros años de vida.

Sin embargo, el objetivo del programa va mucho más allá del trabajo con los niños. Una de las principales fortalezas de esta propuesta es que involucra activamente a las familias, reconociendo que el desarrollo infantil no depende únicamente de lo que sucede en un aula o durante una sesión de trabajo, sino también de los vínculos afectivos que el niño construye cada día con quienes lo rodean.

«Yo crié a mis hijos hace muchos años y pensé que esa etapa había terminado. Ahora me toca acompañar a mi nieta y en estos talleres he aprendido que también puedo ayudarla a crecer jugando, conversando y dedicándole tiempo. Antes no sabía cuánto significaban esos momentos para ella. Hoy disfruto cada actividad que hacemos juntos. Me siento feliz de verla aprender y de saber que yo también formo parte de ese aprendizaje».

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Por ello, las profesoras, psicólogos y profesionales que forman parte del equipo de OSCAR DE PERÚ promueven constantemente la participación de madres, padres, abuelos y cuidadores en las actividades de estimulación temprana.

Las imágenes que acompañan este artículo muestran precisamente esos momentos tan valiosos. Padres y madres sentados junto a sus hijos, compartiendo juegos, pegando figuras, descubriendo colores y formas, pero sobre todo fortaleciendo algo mucho más importante: el vínculo afectivo que les une.

«Cuando nació mi hijo tenía muchas dudas. Quería ser un buen papá, pero no siempre sabía cómo hacerlo. Mi vida tampoco había sido fácil. Crecí viendo muchas dificultades y, como les pasa a muchos hombres, aprendí que el amor se demostraba trabajando y llevando el sustento a casa. Pensaba que eso era suficiente. Sin embargo, en OSCAR DE PERÚ he ido descubriendo algo diferente. He aprendido que mi hijo también necesita mi tiempo, mi paciencia, mis abrazos y mi presencia. Participar en estas actividades me ha permitido acercarme más a él, conocerlo mejor y compartir momentos que antes no imaginaba vivir.
Cuando jugamos juntos, cuando me busca para enseñarme algo o cuando sonríe porque estamos haciendo una actividad, entiendo que el amor también se construye en los pequeños momentos. Hoy siento que no solo estoy ayudando a que mi hijo crezca; yo también estoy creciendo como padre y como persona. Y eso es algo que llevaré conmigo toda la vida».

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A menudo son las madres quienes participan con mayor frecuencia en las actividades. Sin embargo, el programa viene impulsando de manera especial la participación de los padres. 

Sabemos que cuando un padre se involucra activamente en la crianza, los beneficios alcanzan todas las dimensiones del desarrollo infantil. Los niños se sienten más seguros, fortalecen su autoestima y construyen relaciones familiares más saludables. Pero también ocurre algo importante con los propios adultos. Muchos padres descubren espacios donde pueden acercarse de una manera distinta a sus hijos, expresar afecto, compartir tiempo y participar activamente en su crecimiento. 

En comunidades donde las preocupaciones económicas suelen ocupar gran parte del día, estos momentos se convierten en oportunidades para reencontrarse como familia.

Desde la psicología sabemos que el juego es una de las herramientas más poderosas para el desarrollo emocional de los niños. Cuando un padre o una madre se sienta a jugar con su hijo, no solo está realizando una actividad recreativa; está comunicándole que es importante, que merece atención, que es amado y valorado. Por ello, la estimulación temprana que desarrolla OSCAR DE PERÚ no se limita al fortalecimiento de habilidades cognitivas o psicomotoras. También busca promover salud mental, fortalecer vínculos familiares y generar espacios de encuentro donde las familias puedan crecer juntas.

Todo esto es posible gracias a la solidaridad de quienes, desde España, apoyan el Programa de Hermanamientos Familiares. 

Muchas veces los padrinos y madrinas piensan que están contribuyendo únicamente con alimentos, útiles escolares o materiales educativos. Sin embargo, su apoyo permite mucho más que eso. Permite que existan profesionales comprometidos, espacios adecuados, materiales de trabajo y oportunidades para que cientos de familias encuentren acompañamiento, orientación y esperanza.

Cada sesión de estimulación temprana es también una oportunidad para construir confianza, fortalecer el amor familiar y recordar que ningún niño debería crecer solo.

Porque cuando una familia se siente acompañada, escuchada y valorada, también encuentra nuevas fuerzas para seguir adelante.

Detrás de cada actividad hay una historia, una familia y un niño que merece crecer rodeado de amor y oportunidades. 

En cada encuentro compartido, en cada juego, en cada abrazo y en cada momento de aprendizaje conjunto, se fortalecen vínculos que ayudan a construir una infancia más segura, una familia más unida y una comunidad más esperanzada. Por eso, el verdadero valor de este programa no se mide únicamente en los servicios brindados o en las actividades realizadas, sino en las relaciones humanas que se fortalecen y en la confianza que poco a poco vuelve a florecer en la vida de quienes participan.

«Gracias por ayudarnos a sembrar amor, confianza y esperanza allí donde más se necesita. Porque cada niño acompañado hoy es una vida que mañana tendrá más oportunidades para crecer, soñar y transformar su mundo».

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