La aportación primordial de los misioneros a nuestro continente fue la proclamación de Jesucristo, enviado por Dios como único Salvador del mundo y la proclamación del Evangelio a través de una institución, conocida como Iglesia.
Los misioneros, tanto anglicanos y protestantes como los católicos, vieron la necesidad de un enfoque integral para la implantación del cristianismo: combinar la proclamación de la Buena Nueva con sanidad, alfabetización y otras posibilidades técnicas que ayudaran el desarrollo socio-económico de la población. Los Misioneros de África (Padres Blancos), al igual que David Livingstone, impulsaron la escolarización desde su llegada al Continente.
Intuyeron que la educación escolar era un instrumento insustituible para evangelizar y para implantar la Iglesia-institución. Aunque centrados en la Evangelización, nuestros misioneros fueron los protagonistas de la alfabetización de África.
Educación escolar durante el período colonial
Desde finales del siglo XIX, los lugares donde residían los misioneros, se transformaban en pocos años en centros de educación y progreso. En cada puesto misional había una escuela, un dispensario y poco a poco aparecía también un mercado. Hay en África muchas ciudades que inicialmente eran simples residencias de misioneros: Blantyre (Malawi), Livingstone (Zambia), o Mombasa (Kenia).
Los misioneros invirtieron horas y dinero, levantando escuelas, donde los peques y los no tan peques, pudieran aprender a leer y escribir. Simples instituciones, que paso a paso iban progresando, y sentaron las bases de una educación formal en todo el Continente.
Los métodos de escolarización y su éxito fueron desiguales a lo largo y ancho del Continente. El norte de África, siendo un territorio mayormente musulmán, apenas tuvo presencia misionera. Fue en la región subsahariana donde implementaron métodos muy similares de escolarización en cada uno de los países: las parroquias abrían escuelas y las regentaban durante unos 5 años. Cuando estaban capacitadas para completar la educación primaria pasaban a ser propiedad del gobierno correspondiente.
Cada centro misional regentaba unas 10 o 20 escuelas, todas en áreas rurales. La población local ayudaba en la construcción de los edificios, mientras los misioneros buscaban maestros y vigilaban su trabajo.
Nelson Mandela, educado en su niñez en escuelas metodistas, reconoció en su Memorias que las instituciones educativas misioneras eran de las pocas que ofrecían educación de calidad a la juventud africana.
Período post-colonial: líderes políticos y religiosos
Los misioneros, además de ser extranjeros, tenían por norma no inmiscuirse en asuntos políticos. Sus escuelas y su empeño en la escolarización de la juventud, sin embargo, tuvieron una enorme influencia: el 90% de los políticos, que lucharon por la supresión del colonialismo y la independencia de sus países en los años 60, se educaron en las escuelas misionales. La mayoría de ellos mostraron gran agradecimiento a la labor escolar de los misioneros.
Entre estos ilustres patriotas cabe destacar a Leopoldo Senghor, Julius Nyerere, Kenneth Kaunda, Nelson Mandela y otros muchos.
El maestro (mwalimu) Julius Nyerere, cuyo proceso de beatificación está en marcha, fue el introductor del Socialismo Africano en Tanzania. Nelson Mandela, el incansable luchador contra el apartheid en Sudáfrica, tras más de 27 años en prisión, perdonó a sus perseguidores y fue elegido presidente del país. Senghor, más poeta que político, fue ensayista, catedrático, y miembro de la Academia francesa antes de ser presidente de Senegal.
Kaunda, en uno de sus discursos en Lusaka, proclamó que las escuelas misionales fueron el semillero de la mayoría absoluta de políticos de la Nueva África.
En paralelo con la escolarización de niños y jóvenes, los misioneros se volcaron en la formación de los candidatos al cristianismo. Se llama Catecumenado el período que se dedica a la formación de los candidatos antes de aceptarlos como miembros de la Iglesia a través del Bautismo. Este período, con clase semanal impartida por catequistas, podía durar 2, 3 o más años.
La Iglesia no bautizaba a todo el que llamaba a sus puertas, sus miembros necesitaban una seria formación religiosa. Es lo que los misioneros descubrieron desde un principio y por lo que instituyeron las escuelas de catequesis.
Laurean Rugambwa (Tanzania) fue el primer cardenal africano, nombrado el año 1860. Hoy la Iglesia de África cuenta con 29 purpurados de 23 países diferentes. Algunos de ellos han trabajado con mucho éxito en el Vaticano.
El primer obispo africano de los tiempos modernos fue Joseph Kiwanuka, consagrado en mayo de 1839, hoy tenemos 771 obispos. Nuestra Iglesia cuenta también con 54.000 sacerdotes y 82.519 religiosos/as no sacerdotes.
El legado de los misioneros sigue muy vivo
Hoy día la presencia de misioneros extranjeros en África se ha convertido en residual. Los responsables de la Iglesia y de nuestras instituciones educativas están en manos de personas locales, son autóctonos. Su legado de escolarización, sin embargo, lejos de disminuir va creciendo cada día. Aquellos misioneros de ayer, aunque físicamente ausentes, siguen manteniendo enorme aprecio en nuestros corazones.
En lo que llevamos del segundo milenio se han multiplicado también las universidades privadas y centros de estudios superiores, la de San Agustín en Tanzania es la más capaz con 12.500 estudiantes. Anglicanos, católicos y protestantes gestionan con éxito estas instituciones: 31 de las 61 universidades privadas, fundadas en Nigeria desde el año 2.000, son cristianas.
La Iglesia es uno de los mayores proveedores educativos no gubernamentales del Continente. Nigeria y Kenia resaltan, entre todos los países, por su número de escuelas e instituciones católicas.
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La aportación primordial de los misioneros a nuestro continente fue la proclamación de Jesucristo, enviado por Dios como único Salvador del mundo y la proclamación del Evangelio a través de una institución, conocida como Iglesia.
Los misioneros, tanto anglicanos y protestantes como los católicos, vieron la necesidad de un enfoque integral para la implantación del cristianismo: combinar la proclamación de la Buena Nueva con sanidad, alfabetización y otras posibilidades técnicas que ayudaran el desarrollo socio-económico de la población. Los Misioneros de África (Padres Blancos), al igual que David Livingstone, impulsaron la escolarización desde su llegada al Continente.
Intuyeron que la educación escolar era un instrumento insustituible para evangelizar y para implantar la Iglesia-institución. Aunque centrados en la Evangelización, nuestros misioneros fueron los protagonistas de la alfabetización de África.
Educación escolar durante el período colonial
Desde finales del siglo XIX, los lugares donde residían los misioneros, se transformaban en pocos años en centros de educación y progreso. En cada puesto misional había una escuela, un dispensario y poco a poco aparecía también un mercado. Hay en África muchas ciudades que inicialmente eran simples residencias de misioneros: Blantyre (Malawi), Livingstone (Zambia), o Mombasa (Kenia).
Los misioneros invirtieron horas y dinero, levantando escuelas, donde los peques y los no tan peques, pudieran aprender a leer y escribir. Simples instituciones, que paso a paso iban progresando, y sentaron las bases de una educación formal en todo el Continente.
Los métodos de escolarización y su éxito fueron desiguales a lo largo y ancho del Continente. El norte de África, siendo un territorio mayormente musulmán, apenas tuvo presencia misionera. Fue en la región subsahariana donde implementaron métodos muy similares de escolarización en cada uno de los países: las parroquias abrían escuelas y las regentaban durante unos 5 años. Cuando estaban capacitadas para completar la educación primaria pasaban a ser propiedad del gobierno correspondiente.
Cada centro misional regentaba unas 10 o 20 escuelas, todas en áreas rurales. La población local ayudaba en la construcción de los edificios, mientras los misioneros buscaban maestros y vigilaban su trabajo.
Nelson Mandela, educado en su niñez en escuelas metodistas, reconoció en su Memorias que las instituciones educativas misioneras eran de las pocas que ofrecían educación de calidad a la juventud africana.
Período post-colonial: líderes políticos y religiosos
Los misioneros, además de ser extranjeros, tenían por norma no inmiscuirse en asuntos políticos. Sus escuelas y su empeño en la escolarización de la juventud, sin embargo, tuvieron una enorme influencia: el 90% de los políticos, que lucharon por la supresión del colonialismo y la independencia de sus países en los años 60, se educaron en las escuelas misionales. La mayoría de ellos mostraron gran agradecimiento a la labor escolar de los misioneros.
Entre estos ilustres patriotas cabe destacar a Leopoldo Senghor, Julius Nyerere, Kenneth Kaunda, Nelson Mandela y otros muchos.
El maestro (mwalimu) Julius Nyerere, cuyo proceso de beatificación está en marcha, fue el introductor del Socialismo Africano en Tanzania. Nelson Mandela, el incansable luchador contra el apartheid en Sudáfrica, tras más de 27 años en prisión, perdonó a sus perseguidores y fue elegido presidente del país. Senghor, más poeta que político, fue ensayista, catedrático, y miembro de la Academia francesa antes de ser presidente de Senegal.
Kaunda, en uno de sus discursos en Lusaka, proclamó que las escuelas misionales fueron el semillero de la mayoría absoluta de políticos de la Nueva África.
En paralelo con la escolarización de niños y jóvenes, los misioneros se volcaron en la formación de los candidatos al cristianismo. Se llama Catecumenado el período que se dedica a la formación de los candidatos antes de aceptarlos como miembros de la Iglesia a través del Bautismo. Este período, con clase semanal impartida por catequistas, podía durar 2, 3 o más años.
La Iglesia no bautizaba a todo el que llamaba a sus puertas, sus miembros necesitaban una seria formación religiosa. Es lo que los misioneros descubrieron desde un principio y por lo que instituyeron las escuelas de catequesis.
Laurean Rugambwa (Tanzania) fue el primer cardenal africano, nombrado el año 1860. Hoy la Iglesia de África cuenta con 29 purpurados de 23 países diferentes. Algunos de ellos han trabajado con mucho éxito en el Vaticano.
El primer obispo africano de los tiempos modernos fue Joseph Kiwanuka, consagrado en mayo de 1839, hoy tenemos 771 obispos. Nuestra Iglesia cuenta también con 54.000 sacerdotes y 82.519 religiosos/as no sacerdotes.
El legado de los misioneros sigue muy vivo
Hoy día la presencia de misioneros extranjeros en África se ha convertido en residual. Los responsables de la Iglesia y de nuestras instituciones educativas están en manos de personas locales, son autóctonos. Su legado de escolarización, sin embargo, lejos de disminuir va creciendo cada día. Aquellos misioneros de ayer, aunque físicamente ausentes, siguen manteniendo enorme aprecio en nuestros corazones.
En lo que llevamos del segundo milenio se han multiplicado también las universidades privadas y centros de estudios superiores, la de San Agustín en Tanzania es la más capaz con 12.500 estudiantes. Anglicanos, católicos y protestantes gestionan con éxito estas instituciones: 31 de las 61 universidades privadas, fundadas en Nigeria desde el año 2.000, son cristianas.
La Iglesia es uno de los mayores proveedores educativos no gubernamentales del Continente. Nigeria y Kenia resaltan, entre todos los países, por su número de escuelas e instituciones católicas.





















































