La historia de la república del Sudán, desde su independencia en enero de 1956, se podría resumir en una dolorosa sucesión de guerras y golpes de estado militares. Los 50 millones de su población tan sólo han conocido 28 años de paz, por 42 de cruentas guerras.
La primera enfrentó a las poblaciones del Norte y Sur por conflictos étnicos, económicos y religiosos y duró 17 años. Los mismos actores se enfrentaron de nuevo en 1983, la población sureña buscaba su independencia y ambos grupos querían controlar las riquezas petrolíferas del país. La segunda, en la que ambos grupos se desangraron mutuamente duró hasta el año 2005. La Última, iniciada en 2023 sigue sin fecha de caducidad.
La historia bélica de Sudán, desde su independencia, hay que completarla con una larga lista de golpes de Estado militares, de los que 7 resultaron exitosos y 20 frustrados. Se trata del país con el mayor número de golpes de Estado en África y segundo en el mundo, tras Bolivia en Sudamérica.
Coste humano del conflicto
El actual conflicto, una guerra sin sentido como todas las demás guerras, ha sembrado de cadáveres el país: se cifra en unos 160.000 el número de fallecidos, que superan ampliamente a los muertos en las guerras de Ucrania y Palestina. En tan solo el primer año de guerra, se contabilizaron unos 16.000 muertos y 33.000 heridos, la mayoría de ellos en las calles y cercanías de la capital. Tras 24 meses de lucha los expertos calculan entre 60.000 y 100.000 los fallecidos a lo largo y ancho del país.
A mediados de 2025 – según estadísticas de la OIM – el conflicto había desplazado forzosamente de sus hogares a más de 12 millones de personas: uno de cada cinco de la población nacional. El mayor desplazamiento interno jamás registrado por ACNUR.
Como en todos los conflictos armados la población femenina y los niños se erigen siempre como los grupos peor parados. La violencia sexual y la hambruna se han convertido hoy en nuevas armas para derrotar a las personas por dentro y obligarlas a rendirse y en Sudán se han extendido drásticamente. Los militares de ambos bandos secuestran a chicos jóvenes para engrosar su número de soldados y secuestran también a mujeres y chicas jóvenes para servicio de los militares y saciar sus pasiones.
La mitad de los desplazados – según Unicef – son niños. Un 30% de ellos, menores de 5 años, están gravemente desnutridos y 4 de cada 10.000 mueren cada día. El 90% de ellos no van a la escuela, y posiblemente nunca continuarán con su escolarización. Son 15 millones de niños en Sudán los que necesitan urgente ayuda humanitaria.
Coste socio-económico del conflicto
Ambos grupos en conflicto gozan de un surtido de armas a la carta: Los militares FAR reciben su armamento principalmente a través de los Emiratos Árabes Unidos, mientras Turquía suple al grupo FAS.
También algunas naciones vecinas y grupos como Wagner y otros de signo yihadista sacan provecho del conflicto. El oro del país y las riquezas del subsuelo costean con creces el precio de las armas. La guerra de Sudán tan solo se acabará cuando dejen de llegar armas al país.
Es imposible calcular el coste de la cruel devastación que ha producido el conflicto: durante las primeras semanas la lucha se concentró en las calles de la capital, para rápidamente cubrir la nación entera. Ya no quedan hospitales, ni escuelas, ni campos de cosechas que no hayan sufrido el paso devastador de las bombas. Tan solo quedan tres enormes campos de concentración: en los que malviven millares de ancianos y niños sin agua suficiente, ni comida ni una mínima atención médica.
El mundo conoce al detalle todo lo que sucede en Gaza y Ucrania, pues ambas contiendas son noticia para los Medios de Comunicación un día sí y otro también, mientras Sudán y sus muertos agonizan en silencio. Lo único que suena en nuestras calles es el estruendo de las bombas y las lágrimas de los que lloran a sus muertos.
Si sobrevives a las balas, te mueres de cólera
Por si la devastación del conflicto militar no fuera suficiente, nuestros campamentos de refugiados se han convertido en caldo de cultivo para toda clase de bacterias: desde julio de 2024 hasta hoy se han detectado 105.000 casos de cólera con más de 2.600 muertes. La situación es extrema en Tawila, Darfur del Norte, donde se apiñan unas 280.000 personas. Sólo en esa región se han notificado 5.000 casos de cólera y 100 fallecimientos.
Las fuertes lluvias están agravando la situación sanitaria al contaminar el agua y dañar los precarios sistemas de alcantarillado. Lo mismo que el conflicto armado, también el cólera ha invadido todos los rincones del país y se está extendiendo peligrosamente a otras regiones en Chad y en Sudán del Sur.
La destrucción de infraestructuras, y las semidestruidas condiciones sanitarias no ayudan los esfuerzos de las organizaciones internacionales para paliar esta crisis del cólera.
La OMS informó que la retirada de Estados Unidos de la entidad, decretada por Mr. Trump, y la cancelación de sus programas de cooperación impactaron negativamente en la atención médica de unos cuatro millones de enfermos en Sudán. Esta penuria se ha redoblado por la guerra. Miles y miles de nuestros hermanos sudaneses se enfrentan a un triste privilegio: o te mata una bala o mueres de cólera.
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La historia de la república del Sudán, desde su independencia en enero de 1956, se podría resumir en una dolorosa sucesión de guerras y golpes de estado militares. Los 50 millones de su población tan sólo han conocido 28 años de paz, por 42 de cruentas guerras.
La primera enfrentó a las poblaciones del Norte y Sur por conflictos étnicos, económicos y religiosos y duró 17 años. Los mismos actores se enfrentaron de nuevo en 1983, la población sureña buscaba su independencia y ambos grupos querían controlar las riquezas petrolíferas del país. La segunda, en la que ambos grupos se desangraron mutuamente duró hasta el año 2005. La Última, iniciada en 2023 sigue sin fecha de caducidad.
La historia bélica de Sudán, desde su independencia, hay que completarla con una larga lista de golpes de Estado militares, de los que 7 resultaron exitosos y 20 frustrados. Se trata del país con el mayor número de golpes de Estado en África y segundo en el mundo, tras Bolivia en Sudamérica.
Coste humano del conflicto
El actual conflicto, una guerra sin sentido como todas las demás guerras, ha sembrado de cadáveres el país: se cifra en unos 160.000 el número de fallecidos, que superan ampliamente a los muertos en las guerras de Ucrania y Palestina. En tan solo el primer año de guerra, se contabilizaron unos 16.000 muertos y 33.000 heridos, la mayoría de ellos en las calles y cercanías de la capital. Tras 24 meses de lucha los expertos calculan entre 60.000 y 100.000 los fallecidos a lo largo y ancho del país.
A mediados de 2025 – según estadísticas de la OIM – el conflicto había desplazado forzosamente de sus hogares a más de 12 millones de personas: uno de cada cinco de la población nacional. El mayor desplazamiento interno jamás registrado por ACNUR.
Como en todos los conflictos armados la población femenina y los niños se erigen siempre como los grupos peor parados. La violencia sexual y la hambruna se han convertido hoy en nuevas armas para derrotar a las personas por dentro y obligarlas a rendirse y en Sudán se han extendido drásticamente. Los militares de ambos bandos secuestran a chicos jóvenes para engrosar su número de soldados y secuestran también a mujeres y chicas jóvenes para servicio de los militares y saciar sus pasiones.
La mitad de los desplazados – según Unicef – son niños. Un 30% de ellos, menores de 5 años, están gravemente desnutridos y 4 de cada 10.000 mueren cada día. El 90% de ellos no van a la escuela, y posiblemente nunca continuarán con su escolarización. Son 15 millones de niños en Sudán los que necesitan urgente ayuda humanitaria.
Coste socio-económico del conflicto
Ambos grupos en conflicto gozan de un surtido de armas a la carta: Los militares FAR reciben su armamento principalmente a través de los Emiratos Árabes Unidos, mientras Turquía suple al grupo FAS.
También algunas naciones vecinas y grupos como Wagner y otros de signo yihadista sacan provecho del conflicto. El oro del país y las riquezas del subsuelo costean con creces el precio de las armas. La guerra de Sudán tan solo se acabará cuando dejen de llegar armas al país.
Es imposible calcular el coste de la cruel devastación que ha producido el conflicto: durante las primeras semanas la lucha se concentró en las calles de la capital, para rápidamente cubrir la nación entera. Ya no quedan hospitales, ni escuelas, ni campos de cosechas que no hayan sufrido el paso devastador de las bombas. Tan solo quedan tres enormes campos de concentración: en los que malviven millares de ancianos y niños sin agua suficiente, ni comida ni una mínima atención médica.
El mundo conoce al detalle todo lo que sucede en Gaza y Ucrania, pues ambas contiendas son noticia para los Medios de Comunicación un día sí y otro también, mientras Sudán y sus muertos agonizan en silencio. Lo único que suena en nuestras calles es el estruendo de las bombas y las lágrimas de los que lloran a sus muertos.
Si sobrevives a las balas, te mueres de cólera
Por si la devastación del conflicto militar no fuera suficiente, nuestros campamentos de refugiados se han convertido en caldo de cultivo para toda clase de bacterias: desde julio de 2024 hasta hoy se han detectado 105.000 casos de cólera con más de 2.600 muertes. La situación es extrema en Tawila, Darfur del Norte, donde se apiñan unas 280.000 personas. Sólo en esa región se han notificado 5.000 casos de cólera y 100 fallecimientos.
Las fuertes lluvias están agravando la situación sanitaria al contaminar el agua y dañar los precarios sistemas de alcantarillado. Lo mismo que el conflicto armado, también el cólera ha invadido todos los rincones del país y se está extendiendo peligrosamente a otras regiones en Chad y en Sudán del Sur.
La destrucción de infraestructuras, y las semidestruidas condiciones sanitarias no ayudan los esfuerzos de las organizaciones internacionales para paliar esta crisis del cólera.
La OMS informó que la retirada de Estados Unidos de la entidad, decretada por Mr. Trump, y la cancelación de sus programas de cooperación impactaron negativamente en la atención médica de unos cuatro millones de enfermos en Sudán. Esta penuria se ha redoblado por la guerra. Miles y miles de nuestros hermanos sudaneses se enfrentan a un triste privilegio: o te mata una bala o mueres de cólera.



















































