El afamado misionero portugués, Sebastiao Agostinyo, al visitarlas por primera vez, exclamó extasiado: «Nadie puede decir que Dios no existe si contempla las maravillas que Dios ha hecho aquí».
Historia de su Espiritualidad
En nuestro continente gozamos de las cataratas más conocidas del mundo, que se ubican no lejos de Angola. Son las de la Reina Victoria en la frontera entre Zambia y Zimbabwe. El movimiento turístico y las estructuras que se han construido a su alrededor las han convertido en una atracción mundial. La cantidad de agua y la grandiosidad de estas cataratas son mucho más conocidas a nivel mundial que las de Kalandula.
Pero ni las cataratas Reina Victoria, ni los Niágara Falls en USA, ni las de Iguazú en Sudamérica ni los saltos de Moconá en la frontera entre Argentina y Brasil gozan del halo de espiritualidad del que se visten las aguas del Kalandula.
Tanto los antiguos pobladores, que pastoreaban por los alrededores del lugar, como los lugareños en la actualidad, aseguran sin la mínima duda, que sus antecesores ofrecían sacrificios y practicaban extraños rituales al pie de estas cataratas, para aplacar a los dioses y para pedir por el bienestar, la salud y la prosperidad de sus habitantes. Y los dioses los protegían.
Una niebla fría, que cubre con frecuencia las cataratas, como el arco Iris tras el diluvio en tiempos de Noé, es señal permanente e inequívoca de la sacralidad del lugar.
Geografía de la cascada
El municipio, que da nombre a las cascadas está a 15 kilómetros de distancia. Se trata de una pequeña población que parecía «muerta» y que ha vuelto a florecer. Cuando Angola se independizó de Portugal (1975) el municipio albergaba una población de 14.400 habitantes. Desde esa fecha hasta hoy ha crecido un 610%: Kalandula cuenta con más de 91.000 habitantes.
Al igual que la vegetación en los alrededores de las cataratas, la población del municipio crece también imparable: Kalandula alberga casi 17.000 personas que no han cumplido sus 5 años. 25 mil de sus jóvenes no han llegado a los 15. Más del 50% de su población no ha cumplido los 25 años de vida.
El Salto de agua se encuentra en el río Lucala, afluente del Cuanza, en los terrenos del municipio, a unos 80 kilómetros de la capital de provincia Malanje. Durante los largos años del colonialismo portugués, hasta 1975, se llamaban las Quedas do Duque de Braganca. El Salto forma una fascinante exhibición de poder y belleza, en especial entre los meses de octubre a abril, cuando su caudal está en su punto máximo.
Las vistas panorámicas, desde mucho antes de llegar a las cataratas mismas, son ideales para tomar fotografías y reflexionar sobre las maravillas de la creación.
Las autoridades del municipio manejan hoy grandes proyectos para un futuro no muy lejano. Buscan que sus cataratas se conviertan en un atractivo y enriquecedor centro de turismo. Quieren emular de alguna manera las grandes estructuras turísticas, mundialmente conocidas, de las que gozan las cataratas Reina Victoria.
A fecha de hoy, afortunadamente, las de Kalandula se mantienen vírgenes: no hay una carretera en condiciones que conecte el lugar con Luanda, ni hay tiendas ni restaurantes.
El restaurante está situado en una exuberante meseta junto a las cataratas. Los huéspedes pueden admirar el salto del agua desde sus balcones, mientras disfrutan del desayuno en el patio. Es el lugar idóneo para conseguir las mejores vistas y fotos de la cascada.
El tesoro escondido de las cataratas: Al igual que en muchos castillos medievales, se dice, que en algún rincón de la cascada hay un importante tesoro escondido. Como queda dicho solo hay una carretera, que conecta el lugar con Luanda, y ella está llena de baches y en bastantes trozos es intransitable sobre todo en tiempo de lluvias.
Las cercanías del lugar sobrecogen a los visitantes con un silencio de aullidos y exuberancia tropicales. Caminan, hasta llegar al borde superior de las cataratas, por unos campos sembrados de piedras y rocas de gran tamaño. Nada más acercarse al lugar les impresiona la brutalidad de las aguas, que caen al abismo.
Para completar el idilio de su viaje, los visitantes tienen que caminar y aventurarse por un sendero empinado, que los lleva hasta el fondo mismo de las cataratas. Quienes completen la caminata – una media hora – se encuentran súbitamente rodeados por la cascada en forma de herradura. Es un escenario pintoresco, que se graba imborrable en los ojos y el corazón de los visitantes.
Las cataratas de Kalandula, ubicadas por la mano del Creador en la provincia de Malanje, son el tesoro escondido en Angola. El tesoro se mantendrá en el lugar hasta que los políticos lo conviertan en el nuevo paraíso del turismo mundial.
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El afamado misionero portugués, Sebastiao Agostinyo, al visitarlas por primera vez, exclamó extasiado: «Nadie puede decir que Dios no existe si contempla las maravillas que Dios ha hecho aquí».
Historia de su Espiritualidad
En nuestro continente gozamos de las cataratas más conocidas del mundo, que se ubican no lejos de Angola. Son las de la Reina Victoria en la frontera entre Zambia y Zimbabwe. El movimiento turístico y las estructuras que se han construido a su alrededor las han convertido en una atracción mundial. La cantidad de agua y la grandiosidad de estas cataratas son mucho más conocidas a nivel mundial que las de Kalandula.
Pero ni las cataratas Reina Victoria, ni los Niágara Falls en USA, ni las de Iguazú en Sudamérica ni los saltos de Moconá en la frontera entre Argentina y Brasil gozan del halo de espiritualidad del que se visten las aguas del Kalandula.
Tanto los antiguos pobladores, que pastoreaban por los alrededores del lugar, como los lugareños en la actualidad, aseguran sin la mínima duda, que sus antecesores ofrecían sacrificios y practicaban extraños rituales al pie de estas cataratas, para aplacar a los dioses y para pedir por el bienestar, la salud y la prosperidad de sus habitantes. Y los dioses los protegían.
Una niebla fría, que cubre con frecuencia las cataratas, como el arco Iris tras el diluvio en tiempos de Noé, es señal permanente e inequívoca de la sacralidad del lugar.
Geografía de la cascada
El municipio, que da nombre a las cascadas está a 15 kilómetros de distancia. Se trata de una pequeña población que parecía «muerta» y que ha vuelto a florecer. Cuando Angola se independizó de Portugal (1975) el municipio albergaba una población de 14.400 habitantes. Desde esa fecha hasta hoy ha crecido un 610%: Kalandula cuenta con más de 91.000 habitantes.
Al igual que la vegetación en los alrededores de las cataratas, la población del municipio crece también imparable: Kalandula alberga casi 17.000 personas que no han cumplido sus 5 años. 25 mil de sus jóvenes no han llegado a los 15. Más del 50% de su población no ha cumplido los 25 años de vida.
El Salto de agua se encuentra en el río Lucala, afluente del Cuanza, en los terrenos del municipio, a unos 80 kilómetros de la capital de provincia Malanje. Durante los largos años del colonialismo portugués, hasta 1975, se llamaban las Quedas do Duque de Braganca. El Salto forma una fascinante exhibición de poder y belleza, en especial entre los meses de octubre a abril, cuando su caudal está en su punto máximo.
Las vistas panorámicas, desde mucho antes de llegar a las cataratas mismas, son ideales para tomar fotografías y reflexionar sobre las maravillas de la creación.
Las autoridades del municipio manejan hoy grandes proyectos para un futuro no muy lejano. Buscan que sus cataratas se conviertan en un atractivo y enriquecedor centro de turismo. Quieren emular de alguna manera las grandes estructuras turísticas, mundialmente conocidas, de las que gozan las cataratas Reina Victoria.
A fecha de hoy, afortunadamente, las de Kalandula se mantienen vírgenes: no hay una carretera en condiciones que conecte el lugar con Luanda, ni hay tiendas ni restaurantes.
El restaurante está situado en una exuberante meseta junto a las cataratas. Los huéspedes pueden admirar el salto del agua desde sus balcones, mientras disfrutan del desayuno en el patio. Es el lugar idóneo para conseguir las mejores vistas y fotos de la cascada.
El tesoro escondido de las cataratas: Al igual que en muchos castillos medievales, se dice, que en algún rincón de la cascada hay un importante tesoro escondido. Como queda dicho solo hay una carretera, que conecta el lugar con Luanda, y ella está llena de baches y en bastantes trozos es intransitable sobre todo en tiempo de lluvias.
Las cercanías del lugar sobrecogen a los visitantes con un silencio de aullidos y exuberancia tropicales. Caminan, hasta llegar al borde superior de las cataratas, por unos campos sembrados de piedras y rocas de gran tamaño. Nada más acercarse al lugar les impresiona la brutalidad de las aguas, que caen al abismo.
Para completar el idilio de su viaje, los visitantes tienen que caminar y aventurarse por un sendero empinado, que los lleva hasta el fondo mismo de las cataratas. Quienes completen la caminata – una media hora – se encuentran súbitamente rodeados por la cascada en forma de herradura. Es un escenario pintoresco, que se graba imborrable en los ojos y el corazón de los visitantes.
Las cataratas de Kalandula, ubicadas por la mano del Creador en la provincia de Malanje, son el tesoro escondido en Angola. El tesoro se mantendrá en el lugar hasta que los políticos lo conviertan en el nuevo paraíso del turismo mundial.
















































