La intención misionera de este mes se enmarca en la conmemoración de la jornada que tiene lugar anualmente el 10 de septiembre desde 2003, establecida por la Organización Mundial de la Salud.
UNA REALIDAD PREOCUPANTE
Cada año más de 700.000 personas se quitan la vida y muchas más lo intentan. El suicidio es la tercera causa de defunción entre las personas de 15 a 29 años. El 73% ocurren en países de ingresos bajos y medianos. Las causas del suicidio son múltiples: factores sociales, culturales, biológicos, psicológicos y ambientales presentes a lo largo de la vida.
Todos los casos son tragedias para las familias, su entorno y todo el país, y dejan efectos duraderos para los allegados. Los suicidios pueden ocurrir a cualquier edad y fueron la tercera causa más frecuente de muerte en las personas de 15 a 29 años a nivel mundial en 2021. Este fenómeno no ocurre solo en los países de ingresos altos, sino que afecta a todas las regiones del mundo.
En los países de ingresos altos se ha demostrado la relación entre el suicidio y los trastornos mentales, en particular, la depresión y los trastornos por consumo de alcohol, si bien el principal factor de riesgo es un intento previo de suicidio. Sin embargo, muchos casos ocurren de forma impulsiva en situaciones de crisis, cuando la persona no se siente capaz de enfrentar factores muy estresantes, como problemas económicos, conflictos de pareja y enfermedades o dolores crónicos.
Además, es un hecho probado que vivir bajo guerras, desastres naturales, sufrir violencia, abusos o la pérdida de un ser querido, o sentirse aislado también son factores que pueden inducir conductas suicidas. Las tasas de suicidio también son elevadas entre los grupos vulnerables y discriminados, como los refugiados y migrantes, los pueblos indígenas, los reclusos.
PREVENCIÓN Y CONTROL
Es posible prevenir los suicidios mediante intervenciones a nivel social, grupal e individual, con los que los creyentes deben no solo orar sino colaborar. La OMS ha elaborado una guía para prevenir el suicidio denominada «Vivir la vida» en la que se recomiendan intervenciones de eficacia demostrada que se basan en la evidencia.
A continuación destacamos algunas de esas intervenciones:
- Restringir el acceso a los medios utilizados para suicidarse, como armas, ciertos medicamentos.
- Educar a los medios de comunicación para que informen con responsabilidad sobre el suicidio
- Fomentar aptitudes socioemocionales en los adolescentes.
- Evaluar y tratar a las personas con conductas suicidas.
ACOMPAÑAMIENTO Y SEGUIMIENTO
Estas medidas, para que sean eficaces, deben ir acompañadas de intervenciones básicas como el análisis de la situación, la colaboración multisectorial, la sensibilización, la creación de capacidad, la financiación, la vigilancia y el seguimiento, que las comunidades cristianas pueden ofrecer a través de sus instituciones educativas, sin olvidar las instituciones civiles y sanitarias.
La intención misionera de este mes intensifica nuestra sensibilidad para valorar y priorizar esta realidad preocupante de nuestra sociedad; y a ofrecer, como antídoto. la acogida en nuestras comunidades, el acompañamiento y el ofrecimiento de un puesto de trabajo. Es un tema de máxima importancia para la salud pública y familiar.




















































