Francia reconoció la independencia de la isla en octubre de 1958. A pesar de sus abundantes recursos naturales (níquel, cobalto, zafiros) y su riquísima biodiversidad (el 80% de sus especies no existen en ninguna otra región del planeta) Madagascar se encuentra entre las naciones menos desarrolladas.
Su PIB por habitante apenas llega a 600 dólares anuales, uno de los más bajos del mundo.
El periódico francés Le Monde informaba recientemente que el 70% del gasto del gobierno malgache depende del financiamiento externo. La dependencia llega hasta el 90% en sectores como la salud, la educación y el medio ambiente.
Revuelta juvenil
El detonante fueron los cortes de electricidad y la falta de agua: amplios sectores de Antananarivo sufrían apagones de electricidad hasta de 12 horas en septiembre del 2025. Una oleada de jóvenes, agrupados bajo el nombre de generación Z, tomaron las calles de la capital. Las protestas se intensificaron hasta que las fuerzas policiales enfrentaron a los agrupados con gases lacrimógenos y golpes, con el resultado de 22 muertos y muchos heridos.
La reacción del presidente fue inmediata
Disolvió el gobierno sustituyendo a su primer ministro Ntsay por un militar y trató de disolver el parlamento. Su maniobra no pacificó las calles, el 11 de octubre la unidad militar (CAPSAT) se unió a los manifestantes negándose a castigarlos. Andry Rajoelina, presidente de la república, huyó del país en busca de un exilio seguro.
La huida del presidente hizo que los jóvenes manifestantes y la unidad militar, que los había perseguido, se unieran para buscar juntos una solución estable a su país: los días 13 y 14 de octubre la unidad militar suspendió la Constitución y disolvió el Senado. El coronel Randrianirira se autoproclamó presidente y anunció que gobernaría la nación, mediante un consejo militar-civil, hasta establecer un poder civil legítimo antes de dos años.
¿Golpe militar o triunfo de la generación Z?
Las manifestaciones de los jóvenes malgaches, invadiendo las calles de su ciudad capital, revivieron las memorias de la caída del general De Gaulle en Francia en mayo de 1968. Los políticos, tanto entonces como ahora, no calibraron la fuerza de la juventud. Ocho países africanos: Kenia, Ghana, Nigeria, Mozambique, Angola, Madagascar, Marruecos y Costa de Marfil han sufrido grandes movilizaciones (motivados principalmente por la enorme inquietud de la juventud africana) en tan solo los últimos 12 meses. Las palabras del revolucionario Trotsky cobran realismo en nuestro continente: “Solo el entusiasmo y el espíritu ofensivo de la juventud pueden hacer que las viejas generaciones vuelvan al camino de la revolución”.
La ONU, la Unión Africana, Francia y otros países condenaron el golpe de Estado de 2015 en Madagascar, exigiendo la vuelta de Rajoelina y el restablecimiento del orden constitucional y la democracia. La destitución de su ya expresidente fue para el país un eslabón más en la larga cadena de golpes de Estado militares que ha sufrido el país desde su independencia.
Han sido una sucesión constante de golpes de Estado (1972, 1991, 2009…), procesos electorales impugnados por fraude y gobiernos de transición. La pregunta de la población malgache es: el proceso vivido en Madagascar en octubre de 2025 ¿fue un golpe de Estado o una revolución popular?
El 11 de octubre numerosos grupos de jóvenes, tras cinco semanas de lucha y muerte en las calles de la capital, jalearon a los militares y bailaron alegremente con ellos. Perseguidos y perseguidores hicieron causa común para salvar el país. Dos días más tarde, recibido con aplausos por los manifestantes, el coronel Michael, jefe de la unidad militar, tomó las riendas del poder en Madagascar.
Nada más tomar las riendas del poder, el presidente interino se expresó en estos términos: “Esto no es un golpe de Estado. El ejército ha respondido al llamado del pueblo malgache. El poder pertenece al pueblo, no a mí”.
El futuro de la democracia en África
Nuestra juventud, llámese generación Z o no, se siente inquieta y busca un espacio en las estructuras del poder en los 54 países del continente. No confían en sus políticos y sus programas. Militan en organizaciones de la sociedad civil y se valen de las redes sociales en su intento de abrir paso a una sociedad menos jerarquizada y definitivamente descolonizada. Es obvio que los barracones militares no son el camino para democratizar un país, pero tampoco la ineptitud y la corrupción de nuestros políticos nos encamina a regímenes democráticos.
En el pasado los jóvenes se manifestaban para corregir temas específicos: prestación de servicios, subidas de precios, corrupción… Hoy los manifestantes buscan corregir los sistemas político-sociales en su totalidad.
Hartos de la ineptitud de sus políticos las protestas se extienden por toda África y desafían a regímenes autoritarios, buscando nuevos referentes que luchen por una sociedad más justa y próspera.
África y Madagascar cuentan hoy con una población de 447.000.000 de menos de 25 años. Tras dos generaciones esa cifra podría llegar a 1.300.000.000, mientras en Europa la población juvenil disminuirá un 28%. Energía y creatividad son prerrogativas de nuestra juventud, pero la falta de una educación de calidad lastra su acceso a empleos justos y responsables.
Su educación deficiente y la falta de espacio para potenciar su enorme energía hace que gran parte de la juventud africana busque su futuro lejos de su tierra, a la espera de un nuevo destino y mejores condiciones de vida.
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Francia reconoció la independencia de la isla en octubre de 1958. A pesar de sus abundantes recursos naturales (níquel, cobalto, zafiros) y su riquísima biodiversidad (el 80% de sus especies no existen en ninguna otra región del planeta) Madagascar se encuentra entre las naciones menos desarrolladas.
Su PIB por habitante apenas llega a 600 dólares anuales, uno de los más bajos del mundo.
El periódico francés Le Monde informaba recientemente que el 70% del gasto del gobierno malgache depende del financiamiento externo. La dependencia llega hasta el 90% en sectores como la salud, la educación y el medio ambiente.
Revuelta juvenil
El detonante fueron los cortes de electricidad y la falta de agua: amplios sectores de Antananarivo sufrían apagones de electricidad hasta de 12 horas en septiembre del 2025. Una oleada de jóvenes, agrupados bajo el nombre de generación Z, tomaron las calles de la capital. Las protestas se intensificaron hasta que las fuerzas policiales enfrentaron a los agrupados con gases lacrimógenos y golpes, con el resultado de 22 muertos y muchos heridos.
La reacción del presidente fue inmediata
Disolvió el gobierno sustituyendo a su primer ministro Ntsay por un militar y trató de disolver el parlamento. Su maniobra no pacificó las calles, el 11 de octubre la unidad militar (CAPSAT) se unió a los manifestantes negándose a castigarlos. Andry Rajoelina, presidente de la república, huyó del país en busca de un exilio seguro.
La huida del presidente hizo que los jóvenes manifestantes y la unidad militar, que los había perseguido, se unieran para buscar juntos una solución estable a su país: los días 13 y 14 de octubre la unidad militar suspendió la Constitución y disolvió el Senado. El coronel Randrianirira se autoproclamó presidente y anunció que gobernaría la nación, mediante un consejo militar-civil, hasta establecer un poder civil legítimo antes de dos años.
¿Golpe militar o triunfo de la generación Z?
Las manifestaciones de los jóvenes malgaches, invadiendo las calles de su ciudad capital, revivieron las memorias de la caída del general De Gaulle en Francia en mayo de 1968. Los políticos, tanto entonces como ahora, no calibraron la fuerza de la juventud. Ocho países africanos: Kenia, Ghana, Nigeria, Mozambique, Angola, Madagascar, Marruecos y Costa de Marfil han sufrido grandes movilizaciones (motivados principalmente por la enorme inquietud de la juventud africana) en tan solo los últimos 12 meses. Las palabras del revolucionario Trotsky cobran realismo en nuestro continente: “Solo el entusiasmo y el espíritu ofensivo de la juventud pueden hacer que las viejas generaciones vuelvan al camino de la revolución”.
La ONU, la Unión Africana, Francia y otros países condenaron el golpe de Estado de 2015 en Madagascar, exigiendo la vuelta de Rajoelina y el restablecimiento del orden constitucional y la democracia. La destitución de su ya expresidente fue para el país un eslabón más en la larga cadena de golpes de Estado militares que ha sufrido el país desde su independencia.
Han sido una sucesión constante de golpes de Estado (1972, 1991, 2009…), procesos electorales impugnados por fraude y gobiernos de transición. La pregunta de la población malgache es: el proceso vivido en Madagascar en octubre de 2025 ¿fue un golpe de Estado o una revolución popular?
El 11 de octubre numerosos grupos de jóvenes, tras cinco semanas de lucha y muerte en las calles de la capital, jalearon a los militares y bailaron alegremente con ellos. Perseguidos y perseguidores hicieron causa común para salvar el país. Dos días más tarde, recibido con aplausos por los manifestantes, el coronel Michael, jefe de la unidad militar, tomó las riendas del poder en Madagascar.
Nada más tomar las riendas del poder, el presidente interino se expresó en estos términos: “Esto no es un golpe de Estado. El ejército ha respondido al llamado del pueblo malgache. El poder pertenece al pueblo, no a mí”.
El futuro de la democracia en África
Nuestra juventud, llámese generación Z o no, se siente inquieta y busca un espacio en las estructuras del poder en los 54 países del continente. No confían en sus políticos y sus programas. Militan en organizaciones de la sociedad civil y se valen de las redes sociales en su intento de abrir paso a una sociedad menos jerarquizada y definitivamente descolonizada. Es obvio que los barracones militares no son el camino para democratizar un país, pero tampoco la ineptitud y la corrupción de nuestros políticos nos encamina a regímenes democráticos.
En el pasado los jóvenes se manifestaban para corregir temas específicos: prestación de servicios, subidas de precios, corrupción… Hoy los manifestantes buscan corregir los sistemas político-sociales en su totalidad.
Hartos de la ineptitud de sus políticos las protestas se extienden por toda África y desafían a regímenes autoritarios, buscando nuevos referentes que luchen por una sociedad más justa y próspera.
África y Madagascar cuentan hoy con una población de 447.000.000 de menos de 25 años. Tras dos generaciones esa cifra podría llegar a 1.300.000.000, mientras en Europa la población juvenil disminuirá un 28%. Energía y creatividad son prerrogativas de nuestra juventud, pero la falta de una educación de calidad lastra su acceso a empleos justos y responsables.
Su educación deficiente y la falta de espacio para potenciar su enorme energía hace que gran parte de la juventud africana busque su futuro lejos de su tierra, a la espera de un nuevo destino y mejores condiciones de vida.





















































