

Hace pocos años se hizo evidente esta realidad en África occidental. Cuando los sistemas sanitarios de Guinea, Liberia y Sierra Leona colapsaron y el ébola se llevó por delante miles y miles de vidas.
El impacto del coronavirus en África, afortunadamente, ha sido más benigno que en Europa y en otras partes del planeta: mientras Europa ha tenido 8.000.000 de personas contagiadas con una población de 714.000.000 –África con 1.200.000.000 de habitantes apenas ha pasado de 1.000.000 de contagios. Mientras en África se han contabilizado 35.000 fallecidos por el virus, en Europa ha habido 250.000.
Los países subsaharianos –excepto Sudáfrica, Nigeria y Kenia– se han librado de la letalidad del Covid-19, pero no de sus consecuencias. Los sistemas sanitarios del subcontinente, si antes eran débiles, con la pandemia han quedado colapsados.
Demasiados frentes de batalla
El 90% del material farmacéutico, que precisan nuestros sistemas sanitarios subsaharianos, llega del mundo exterior: material para realizar pruebas diagnósticas, equipos de protección personal y todo el surtido de medicinas. Con motivo de la pandemia unas 80 naciones, a nivel mundial, han impuesto restricciones a la exportación de equipos y suministros esenciales para encarar el COVID-19, como son los respiradores y equipos de protección personal.
El desafío fundamental para los países africanos es conseguir la capacidad de fabricación, a nivel local, de todo equipo farmacéutico esencial.
Curiosamente África sigue exportando a su personal médico, tan necesario en su propia tierra. La escasez de médicos y enfermeras es acuciante en nuestro subcontinente: hay solo 15 médicos por cada 100.000 habitantes – en Francia el mismo número de personas cuenta con 380. En África subsahariana un médico debe cuidar a 10.000 personas, mientras en Europa son 37. En nuestra región hay solo 12 camas de hospital por cada 10.000, en comparación hay 52 en Europa.
El de preparar y aumentar el personal médico es otro reto ineludible para todos los países subsaharianos. Nuestros gobernantes gastan la cuarta parte de lo que hace el resto del mundo en salud pública.
La pandemia, afortunadamente, no ha producido en África la masiva afluencia de casos graves como en Europa y EEUU, pero hay factores que hacen temer que la influencia del virus deje mayores secuelas entre nosotros. África sufre condiciones endémicas, que afectan al sistema inmune como la malaria, el sida, el ébola, la tuberculosis y muchas más. La debilidad de los sistemas de salud y la prevalencia de estas condiciones endémicas han sido desde siempre el dolor de cabeza de nuestros gobernantes.
La atención del mundo se ha volcado ahora a la lucha contra el COVID-19. La OMS pidió a los estados subsaharianos que invirtieran todo su esfuerzo y dinero en prevenir el coronavirus. Esto ha producido un abandono en la lucha contra otras enfermedades que producen más muertes: sida, malaria y otras.
La aparición del coronavirus ha frenado en seco el enorme progreso sanitario que se estaba produciendo en nuestros países para conseguir vacunas seguras y eficaces contra el SIDA y la Malaria.
Vacunación anti-COVID.19: ¿Cómo y cuándo?
Las autoridades sanitarias del mundo entero quieren ser los primeros en hacerse con una vacuna segura y eficaz contra el COVID-19. En noviembre del 2020 se aprobaron en China y en Rusia las dos primeras: Sinovac en China y Sputnik V en Rusia. Los habitantes de ambos países son, por lo tanto, los primeros en recibir la vacuna contra el Covid-19.
Otras tres compañías anuncian la efectividad de sus respectivas vacunas, que estarán en el mercado a finales del 2020 o muy a principios del 2021: las vacunas Pfizer y Moderna, producidas por dos farmacéuticas USA con efectividad del 95%) y la Oxford AstraZeneca (U.K.) con una efectividad algo más baja.
La eficacia, el precio y los protocolos de conservación de cada vacuna son datos importantes, pues se trata de vacunar a toda la población del planeta. Las diferencias de precio de cada vacuna son bastante grandes: cada dosis de Oxford – AstraZeneca costará 3,50 dólares. El precio de Pfizer y Moderna por cada dosis son 23,60 y 35,40 dólares respectivamente. La efectividad es muy similar en los tres casos.
Los desafíos de distribución de la vacuna a través del mundo y su conservación son también de vital importancia a la hora de elegir la vacuna más apropiada para cada región geográfica: la Pfizer requiere temperaturas extremas para su conservación de entre 70 y 80 grados bajo cero. La Moderna hay que conservarla a 20 grados bajo cero. La Oxford – AstraZeneca tan solo requiere una temperatura de entre 2 y 8 grados bajo cero.
Los países subsaharianos no tienen medios estructurales para conservar una vacuna a 70 grados bajo cero, por lo que la vacuna Pfizer quedaría descartado del todo, tanto por el precio como por su logística de conservación. La vacuna Moderna tampoco nos serviría para trasportarla de una a otra parte, especialmente en áreas rurales. Nuestra región de momento tan solo tendría la opción de la Oxford, a no ser que vayamos por la Sinovac o por el Sptnik V.
¿Cuándo recibirá la vacuna el pueblo subsahariano? Los líderes, tanto políticos como sanitarios, afirman que solo superaremos al Covid-19 cuando se inmunice a toda la población del mundo. Temo, a pesar de las promesas, que los africanos seamos los últimos vacunados.
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Hace pocos años se hizo evidente esta realidad en África occidental. Cuando los sistemas sanitarios de Guinea, Liberia y Sierra Leona colapsaron y el ébola se llevó por delante miles y miles de vidas.
El impacto del coronavirus en África, afortunadamente, ha sido más benigno que en Europa y en otras partes del planeta: mientras Europa ha tenido 8.000.000 de personas contagiadas con una población de 714.000.000 –África con 1.200.000.000 de habitantes apenas ha pasado de 1.000.000 de contagios. Mientras en África se han contabilizado 35.000 fallecidos por el virus, en Europa ha habido 250.000.
Los países subsaharianos –excepto Sudáfrica, Nigeria y Kenia– se han librado de la letalidad del Covid-19, pero no de sus consecuencias. Los sistemas sanitarios del subcontinente, si antes eran débiles, con la pandemia han quedado colapsados.
Demasiados frentes de batalla
El 90% del material farmacéutico, que precisan nuestros sistemas sanitarios subsaharianos, llega del mundo exterior: material para realizar pruebas diagnósticas, equipos de protección personal y todo el surtido de medicinas. Con motivo de la pandemia unas 80 naciones, a nivel mundial, han impuesto restricciones a la exportación de equipos y suministros esenciales para encarar el COVID-19, como son los respiradores y equipos de protección personal.
El desafío fundamental para los países africanos es conseguir la capacidad de fabricación, a nivel local, de todo equipo farmacéutico esencial.
Curiosamente África sigue exportando a su personal médico, tan necesario en su propia tierra. La escasez de médicos y enfermeras es acuciante en nuestro subcontinente: hay solo 15 médicos por cada 100.000 habitantes – en Francia el mismo número de personas cuenta con 380. En África subsahariana un médico debe cuidar a 10.000 personas, mientras en Europa son 37. En nuestra región hay solo 12 camas de hospital por cada 10.000, en comparación hay 52 en Europa.
El de preparar y aumentar el personal médico es otro reto ineludible para todos los países subsaharianos. Nuestros gobernantes gastan la cuarta parte de lo que hace el resto del mundo en salud pública.
La pandemia, afortunadamente, no ha producido en África la masiva afluencia de casos graves como en Europa y EEUU, pero hay factores que hacen temer que la influencia del virus deje mayores secuelas entre nosotros. África sufre condiciones endémicas, que afectan al sistema inmune como la malaria, el sida, el ébola, la tuberculosis y muchas más. La debilidad de los sistemas de salud y la prevalencia de estas condiciones endémicas han sido desde siempre el dolor de cabeza de nuestros gobernantes.
La atención del mundo se ha volcado ahora a la lucha contra el COVID-19. La OMS pidió a los estados subsaharianos que invirtieran todo su esfuerzo y dinero en prevenir el coronavirus. Esto ha producido un abandono en la lucha contra otras enfermedades que producen más muertes: sida, malaria y otras.
La aparición del coronavirus ha frenado en seco el enorme progreso sanitario que se estaba produciendo en nuestros países para conseguir vacunas seguras y eficaces contra el SIDA y la Malaria.
Vacunación anti-COVID.19: ¿Cómo y cuándo?
Las autoridades sanitarias del mundo entero quieren ser los primeros en hacerse con una vacuna segura y eficaz contra el COVID-19. En noviembre del 2020 se aprobaron en China y en Rusia las dos primeras: Sinovac en China y Sputnik V en Rusia. Los habitantes de ambos países son, por lo tanto, los primeros en recibir la vacuna contra el Covid-19.
Otras tres compañías anuncian la efectividad de sus respectivas vacunas, que estarán en el mercado a finales del 2020 o muy a principios del 2021: las vacunas Pfizer y Moderna, producidas por dos farmacéuticas USA con efectividad del 95%) y la Oxford AstraZeneca (U.K.) con una efectividad algo más baja.
La eficacia, el precio y los protocolos de conservación de cada vacuna son datos importantes, pues se trata de vacunar a toda la población del planeta. Las diferencias de precio de cada vacuna son bastante grandes: cada dosis de Oxford – AstraZeneca costará 3,50 dólares. El precio de Pfizer y Moderna por cada dosis son 23,60 y 35,40 dólares respectivamente. La efectividad es muy similar en los tres casos.
Los desafíos de distribución de la vacuna a través del mundo y su conservación son también de vital importancia a la hora de elegir la vacuna más apropiada para cada región geográfica: la Pfizer requiere temperaturas extremas para su conservación de entre 70 y 80 grados bajo cero. La Moderna hay que conservarla a 20 grados bajo cero. La Oxford – AstraZeneca tan solo requiere una temperatura de entre 2 y 8 grados bajo cero.
Los países subsaharianos no tienen medios estructurales para conservar una vacuna a 70 grados bajo cero, por lo que la vacuna Pfizer quedaría descartado del todo, tanto por el precio como por su logística de conservación. La vacuna Moderna tampoco nos serviría para trasportarla de una a otra parte, especialmente en áreas rurales. Nuestra región de momento tan solo tendría la opción de la Oxford, a no ser que vayamos por la Sinovac o por el Sptnik V.
¿Cuándo recibirá la vacuna el pueblo subsahariano? Los líderes, tanto políticos como sanitarios, afirman que solo superaremos al Covid-19 cuando se inmunice a toda la población del mundo. Temo, a pesar de las promesas, que los africanos seamos los últimos vacunados.