La pulverización de nuestra moneda que ya solo existe en el imaginario colectivo, después de dos devaluaciones oficiales en los últimos 20 años y una hiperinflación, la más larga y única en la historia de la economía mundial, ha provocado lamentablemente que 1 $ USA equivalga a 1.061.053 bolívares.
El salario mínimo, que se derrite cada día, equivale en la actualidad a 3,6 $ USA al mes. Con un sistema judicial podrido genuflexo al poder ejecutivo, desde cuyas cárceles se cometen secuestros, extorsiones y robos. En un país donde campean organizaciones criminales, donde se realizan elecciones fraudulentas así categorizadas por el mundo democrático. Donde 5 millones de venezolanos están sufriendo una alimentación precaria. Donde el sistema sanitario equivale a edificios con personal, mal pagado con salarios de hambre, y que todos los insumos han de ser costeado por los pacientes. Un sistema de educación que desfallece por la pésima calidad. Un país con una corriente migratoria de más de 400.000 seres humanos más del 10 % de la población total, donde sus ciudadanos se han visto obligados a huir de su tierra para poder sobrevivir.











