Gracias por servir de puente entre nuestra realidad local y la de sus lectores en todo el planeta, quienes a través de sus páginas han conocido nuestros esfuerzos por testimoniar el amor de Dios hacia los más pobres y necesitados, comprometiendo y sensibilizando a todos los cristianos y hombres de buena voluntad a participar del proyecto de Salvación dado a conocer por Jesucristo.
Imposible resumir en pocas palabras todo el bien dispensado a lo largo de este centenario, sin embargo cuán jubiloso es descubrir la presencia del Señor en esta obra que como una semilla de mostaza va creciendo y materializando sus frutos en el cambio de vida que repercute en cada niño que puede ir a la escuela, cada familia que logra alimentarse dignamente o cada enfermo que recibe la asistencia médica oportuna. En el rostro de todos ellos está el rostro de Cristo, y en la alegría de todos ellos radica nuestro agradecimiento.












