«La Obra Máxima» celebra su centenario. Celebra sus 100 años (su centenario) al servicio del desarrollo y la evangelización de los pueblos. Desde sus inicios y bajo el liderazgo del Venerable P. Juan Vicente, esta revista misionera cristalizó a su alrededor generosos dones de una multitud de mujeres y hombres deseosos de fortalecer, sobre la base de la fe cristiana, el crecimiento (el boom) del desarrollo para todos.
En mi atribución de servir de nexo entre los proyectos misioneros concretos llevados a cabo por los misioneros Carmelitas teresianos y las diferentes agencias que los apoyan, quiero dar testimonio de que «La Obra Máxima» durante sus 100 años de existencia ha apoyado a miles y miles de proyectos de desarrollo a favor de las comunidades pobres. ¿Qué decir de Misioneros y de la formación de vocaciones en las iglesias locales económicamente necesitadas? Sobre eso, las palabras adecuadas nos faltan para expresar los logros de esta Revista.
Gracias a sus intervenciones, «La Obra Máxima» ha dejado su huella en el alma de miles de pueblos a los que ha devuelto las ganas de vivir y el futuro que se les avecina.
Al servicio de la Orden Carmelitana Teresiana, de la Iglesia y del mundo entero, «La Obra Máxima» persigue con confianza la misión que le legó su Fundador. Sigue apoyando a los misioneros y ayudando a las iglesias locales en los proyectos de desarrollo que se le presentan. Impacta positivamente y creemos que tiene futuro… No nos gustaría entonces que un día este trabajo tan encomiable desaparezca.
Más allá de la celebración del centenario, «La Obra Máxima», tiene todavía un largo camino para recorrer. Su compromiso activo apuntando, entre otros, al desarrollo integral con una visión holística salvífica, es decir, tocar a cada hombre y todo el hombre, «La Obra Máxima», al celebrar su centenario, sienta las bases de una obra que hay que seguir y perfeccionar continuamente para llegar a otros jubileos y sobre todo para no olvidar y apartarse de la misión de estar al servicio de los demás, de los más necesitados. Por tanto, tiene que mirar el futuro con optimismo y sobre todo buscar a adaptarse al entorno mundial, que actualmente vive grandes cambios que implican sobre todo la intervención de los Estados en el seguimiento y la gestión de las organizaciones benéficas. Es ciertamente una tarea difícil pero no imposible.














