

Cuando analizamos las luchas armadas en nuestro territorio subsahariano, aunque aceptando plenamente la doctrina católica, hay guerras con las que simpatiza la población, como fue el caso de la lucha armada contra el apartheid en Sudáfrica (1948-1992) o las pequeñas guerras o escaramuzas de los años 60 para echar a los colonizadores y obtener la independencia nacional. Los conflictos armados de estas últimas décadas en África, como las masacres de Ruanda y Burundi, los movimientos terroristas de signo yihadista en todo el corredor del Sahel, la guerra en Etiopía (Tigray) son ciertamente execrables e injustos.
Hay otros conflictos, más condenables e innecesarios aún, son guerras que se originan por la enemistad entre unos pocos individuos: el último país en nuestro mapa, Sudán del Sur, ha vivido años de sufrimiento y muerte por la enemistad entre Salva Kiir y Riek Machar, presidente y vicepresidente de la nación. Hoy, sus vecinos del norte, están viviendo una situación similar por la enemistad entre 2 facciones militares: las FAS (Fuerzas Armadas de Sudán) y las FAR (Paramilitares de las Fuerzas de Apoyo Rápidas) y sus dos jefes: Mohamed Hamdan Daglo y Abdel Fattah al-Burhan.
Sudán, un juguete entre militares
La historia de este extenso país (1.800.000 km2), situado en el noreste de África, con una población de 50 millones de habitantes, ha sido desde hace más de seis décadas una triste historia de crueles intrigas entre militares. Desde su independencia en 1956 tan solo ha conocido gobiernos militares, excepto cortos períodos de civiles, y ha sufrido más de 15 golpes de estado.
Ha vivido tres guerras civiles: la primera, conocida también como rebelión Anyanya, fue una lucha entre los militares del Norte contra los del Sur, que demandaban mayor autonomía. Durante los 17 años que duró el conflicto perdieron la vida unas 500.000 personas.
La segunda, conocida entre los habitantes del país como la «Guerra de la Independencia», fue una continuación de la primera. El conflicto se prolongó por 22 años (1983–2005), por lo que se la considera como la guerra civil más larga en la historia de la humanidad. La guerra y el hambre causaron más de dos millones de muertes y cuatro millones de sur-sudaneses se vieron obligados a desplazarse.
Un nuevo golpe de estado en abril del 2019 forzó a los militares a destituir del poder al cruel y poderoso presidente al-Bashir y encarcelarle en Jartum. Hubo importantes protestas callejeras exigiendo un gobierno civil, y todo terminó cuando las FAR, con apoyo del grupo WAGNER ruso, masacraron impunemente a más de 120 manifestantes en las calles de Jartum.
En agosto del mismo año, gracias a fuertes demandas internacionales, los jefes de las facciones militares FAR y FAS llegaron a un acuerdo para crear una JUNTA UNIDA (civiles y militares), presidida por un primer ministro civil, con el firme compromiso de preparar unas elecciones libres y democráticas para el 2023.
Tercera Guerra Civil
Durante los tres años de gobierno interino el contencioso principal entre ellos, y nunca resulto, era sobre la integración de los paramilitares a las Fuerzas Armadas. Mientras Daglo, jefe de las FAS, ofrecía una integración pausada en un período de 10 años, Burhan, líder de los paramilitares exigía que la integración estuviera completada en dos años.
A principios del 2023 los paramilitares se dedicaron a reclutar nuevos miembros para su grupo a través de todo el país, mientras las fuerzas armadas desalojaban sus cuarteles en Jartum y alrededores. Incluso se llegó a un «acuerdo» entre ambas facciones para un posible relevo del gobierno dejando el poder en manos civiles.
Las Fuerzas Armadas, en respuesta, cerraron todos los aeropuertos y atacaron por aire y tierra varias posiciones de las Fuerzas Rápidas. Así daba comienzo en abril del 2023 la tercera guerra civil del Sudán, un triste e innecesario conflicto. La Autoridad de Aviación Civil cerró inmediatamente el espacio aéreo del país, y también el proveedor de telecomunicaciones MTN desactivó los servicios de internet.
Ambos grupos almacenan enorme cantidad de armamento pesado. La lucha, que comenzó en la capital Jartum y alrededores, se extendió muy pronto a toda la región del Darfur, que hace frontera con la república del Chad. El 17 de abril los soldados del Chad detuvieron y desarmaron a un grupo de 320 soldados del ejército de Sudán que habían entrado ilegalmente en el país desde Darfur. Se reportó también una lucha armada en El Obeid y en Kordofán del Norte.
Esta tercera guerra civil es una lucha entre dos generales por controlar la ciudad-capital Jartum. Mientras las Fuerzas Armadas dicen haber tomado el control de la sede de la TV, del palacio presidencial, de varios cuarteles generales e incluso de la residencia oficial de Burhan, jefe de los paramilitares; estos pregonan haber derribado un avión de combate MiG y haber tomado varios cuarteles de las Fuerzas Armadas. Aprovechando el revuelo de los militares 25.000 prisioneros escaparon de Kobar y otras cuatro prisiones del país.
Ha habido algunos conatos de tregua entre ambas facciones, tras largas conversaciones con Estados Unidos, Reino Unido y la ONU, pero los aviones no aterrizan ni se acallan las bombas y los rifles.
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Cuando analizamos las luchas armadas en nuestro territorio subsahariano, aunque aceptando plenamente la doctrina católica, hay guerras con las que simpatiza la población, como fue el caso de la lucha armada contra el apartheid en Sudáfrica (1948-1992) o las pequeñas guerras o escaramuzas de los años 60 para echar a los colonizadores y obtener la independencia nacional. Los conflictos armados de estas últimas décadas en África, como las masacres de Ruanda y Burundi, los movimientos terroristas de signo yihadista en todo el corredor del Sahel, la guerra en Etiopía (Tigray) son ciertamente execrables e injustos.
Hay otros conflictos, más condenables e innecesarios aún, son guerras que se originan por la enemistad entre unos pocos individuos: el último país en nuestro mapa, Sudán del Sur, ha vivido años de sufrimiento y muerte por la enemistad entre Salva Kiir y Riek Machar, presidente y vicepresidente de la nación. Hoy, sus vecinos del norte, están viviendo una situación similar por la enemistad entre 2 facciones militares: las FAS (Fuerzas Armadas de Sudán) y las FAR (Paramilitares de las Fuerzas de Apoyo Rápidas) y sus dos jefes: Mohamed Hamdan Daglo y Abdel Fattah al-Burhan.
Sudán, un juguete entre militares
La historia de este extenso país (1.800.000 km2), situado en el noreste de África, con una población de 50 millones de habitantes, ha sido desde hace más de seis décadas una triste historia de crueles intrigas entre militares. Desde su independencia en 1956 tan solo ha conocido gobiernos militares, excepto cortos períodos de civiles, y ha sufrido más de 15 golpes de estado.
Ha vivido tres guerras civiles: la primera, conocida también como rebelión Anyanya, fue una lucha entre los militares del Norte contra los del Sur, que demandaban mayor autonomía. Durante los 17 años que duró el conflicto perdieron la vida unas 500.000 personas.
La segunda, conocida entre los habitantes del país como la «Guerra de la Independencia», fue una continuación de la primera. El conflicto se prolongó por 22 años (1983–2005), por lo que se la considera como la guerra civil más larga en la historia de la humanidad. La guerra y el hambre causaron más de dos millones de muertes y cuatro millones de sur-sudaneses se vieron obligados a desplazarse.
Un nuevo golpe de estado en abril del 2019 forzó a los militares a destituir del poder al cruel y poderoso presidente al-Bashir y encarcelarle en Jartum. Hubo importantes protestas callejeras exigiendo un gobierno civil, y todo terminó cuando las FAR, con apoyo del grupo WAGNER ruso, masacraron impunemente a más de 120 manifestantes en las calles de Jartum.
En agosto del mismo año, gracias a fuertes demandas internacionales, los jefes de las facciones militares FAR y FAS llegaron a un acuerdo para crear una JUNTA UNIDA (civiles y militares), presidida por un primer ministro civil, con el firme compromiso de preparar unas elecciones libres y democráticas para el 2023.
Tercera Guerra Civil
Durante los tres años de gobierno interino el contencioso principal entre ellos, y nunca resulto, era sobre la integración de los paramilitares a las Fuerzas Armadas. Mientras Daglo, jefe de las FAS, ofrecía una integración pausada en un período de 10 años, Burhan, líder de los paramilitares exigía que la integración estuviera completada en dos años.
A principios del 2023 los paramilitares se dedicaron a reclutar nuevos miembros para su grupo a través de todo el país, mientras las fuerzas armadas desalojaban sus cuarteles en Jartum y alrededores. Incluso se llegó a un «acuerdo» entre ambas facciones para un posible relevo del gobierno dejando el poder en manos civiles.
Las Fuerzas Armadas, en respuesta, cerraron todos los aeropuertos y atacaron por aire y tierra varias posiciones de las Fuerzas Rápidas. Así daba comienzo en abril del 2023 la tercera guerra civil del Sudán, un triste e innecesario conflicto. La Autoridad de Aviación Civil cerró inmediatamente el espacio aéreo del país, y también el proveedor de telecomunicaciones MTN desactivó los servicios de internet.
Ambos grupos almacenan enorme cantidad de armamento pesado. La lucha, que comenzó en la capital Jartum y alrededores, se extendió muy pronto a toda la región del Darfur, que hace frontera con la república del Chad. El 17 de abril los soldados del Chad detuvieron y desarmaron a un grupo de 320 soldados del ejército de Sudán que habían entrado ilegalmente en el país desde Darfur. Se reportó también una lucha armada en El Obeid y en Kordofán del Norte.
Esta tercera guerra civil es una lucha entre dos generales por controlar la ciudad-capital Jartum. Mientras las Fuerzas Armadas dicen haber tomado el control de la sede de la TV, del palacio presidencial, de varios cuarteles generales e incluso de la residencia oficial de Burhan, jefe de los paramilitares; estos pregonan haber derribado un avión de combate MiG y haber tomado varios cuarteles de las Fuerzas Armadas. Aprovechando el revuelo de los militares 25.000 prisioneros escaparon de Kobar y otras cuatro prisiones del país.
Ha habido algunos conatos de tregua entre ambas facciones, tras largas conversaciones con Estados Unidos, Reino Unido y la ONU, pero los aviones no aterrizan ni se acallan las bombas y los rifles.