

Los militares subsaharianos abandonaron sus barracones y protagonizaron 4 golpes de estado exitosos y 2 intentos de golpe fallidos en tan solo 12 meses. ¿Se trata de una circunstancia puntual o de una vuelta a nuestro pasado?
Me gustaría pensar que estamos ante hechos puntuales, que no volverán a repetirse. Hay razones, lamentablemente, para temer lo contrario: en la última década el mundo entero – no solo nuestra región – ha experimentado un importante declive democrático. La pandemia del coronavirus ha provocado también inseguridad e importantes daños económicos en los 2 últimos años.
Sudán
El derrocamiento del dictador militar Bashir, en abril del 2019, obligó a civiles y militares a formar un gobierno provisional (para un período máximo de 3 años) y con la promesa de celebrar unas elecciones libres en el año 2022.
Abdalla, economista de profesión, lideró la transición como primer ministro. Logró que Sudán fuera retirado de la lista de países que favorecen el terrorismo y obtuvo así acceso a inversiones y ayudas internacionales.
El gobierno provisional, desde un principio, sufrió un constante acoso y oposición de parte de la élite militar. Las tensiones frenaron los esfuerzos del gobierno provisional por liberalizar el país tras décadas de dictadura militar.
La visita a Sudán del enviado especial USA, Jeffrey Feltman, en septiembre del 2021, elevó la tensión de los militares. El 21 del mismo mes el ejército sudanés abortó un golpe de estado. Desde esa fecha la tensión en las calles del país fue en aumento con manifestaciones a favor y en contra del gobierno provisional.
En la madrugada del 25 de octubre, un grupo de militares entraron en la residencia del primer ministro Abdalla en Jartún y le detuvieron junto a varios de sus ministros civiles. Horas después el general Abdelfatah anunciaba en televisión la suspensión de la Constitución y la disolución del Gobierno provisional. Seguidamente proclamó la formación de un gobierno militar competente para «encauzar» el rumbo del país.
La respuesta ciudadana en contra del golpe fue inmediata. Las protestas civiles en varias ciudades de Sudán llenaron las calles. Grupos pro-democracia llamaron a continuar con las movilizaciones y a participar en la «Lucha por la Revolución» que derrocó en 2019 al dictador Omar al Bashir.
República del Chad
Su situación geográfica y su estabilidad política han hecho del país un baluarte contra el terrorismo en el corredor del Sahel. Su constitución defiende claramente la gestión democrática y civil del poder.
Idriss Deby, que el 11 de abril del 2021 fue re-elegido para presidente de la República, murió mientras luchaba al frente de sus tropas el 19 del mismo mes.
A las pocas horas de su muerte, con la excusa de que los rebeldes no se aprovecharan de la situación e ignorando la Constitución del país, los militares formaron una Junta Militar presidida por el propio hijo del presidente muerto: general Mahamat Idriss.
La población salió a la calle exigiendo la disolución de la Junta Militar de Transición. Hubo grandes manifestaciones los días 27 de abril, el 8 y el 19 de mayo. Manifestaciones reprimidas con enorme dureza que dejaron 13 muertos, muchos heridos y miles de detenciones arbitrarias.
Ni el presidente Macron de Francia, que acudió al funeral de Idriss Deby, ni otros países de la región condenaron el golpe de estado del Chad, para no desestabilizar más la región.
Mali
Es el tercer golpe de estado que sufre Mali en una sola década. Assimi Goita, el jefe de la junta que derrocó al presidente Buobakar Keita el año 2020, es quien el 24 de abril del 2021 depuso también al presidente, al primer ministro y al ministro de defensa del Gobierno Provisional instaurado en el país 9 meses antes.
Goita declaró en televisión que el presidente y el primer ministro, depuestos y encarcelados, habían saboteado la transición. Dijo también que la nueva Junta Militar prepararía las elecciones para el 2022.
Los militares llevaron a los políticos detenidos al cuartel en Kati, a 15 km. de Bamako. El presidente de la UA mostró su indignación por las detenciones y exigió su inmediata liberación. También el expresidente nigeriano Jonathan medió con el ejército de Mali exigiendo la liberación de los detenidos.
Los militares liberaron al presidente depuesto N´Daou y a su primer ministro Ouane el 27 de mayo del 2021.
Hubo un fuerte rechazo al golpe militar por parte de las instituciones internacionales: el presidente de la Comunidad Europea, Charles Michel, condenó el golpe y exigió la vuelta a una transición civil. Argelia, que auspició el proceso de reconciliación de Mali desde el año 2012, expresó también su firme rechazo.
Guinea
Los militares rodearon la residencia del presidente Alpha Conté en la capital Conakry el 5 de septiembre del 2021. Al poco tiempo publicaron un video en el que mostraban a Conté en prisión, y al coronel Mamady hablando a la nación a través de la televisión.
El golpista anunció la disolución de la constitución y del gobierno y prometió elecciones para el año 2022.
Los políticos locales ni apoyaron ni se opusieron al golpe. La desaprobación de los países extranjeros fue más contundente, exigiendo que se detenga el golpe y que se libere inmediatamente al presidente Conté y a todos los prisioneros.
El coronel trató de justificar su acción por la decisión del presidente Condé de modificar la constitución para perpetuarse en el poder. La razón principal, sin embargo, parece ser que un mes antes del golpe el presidente depuesto, queriendo equilibrar el presupuesto, recortó los fondos destinados al ejército.
Esta intentona fallida de golpe de estado en Niger y los exitosos golpes en Mali y en Chad, con muy pocas consecuencias a nivel internacional, provocaron un importante peligro de «contagio» especialmente en países afectados por la crisis económica post-coronavirus. Y así ha ocurrido ya en Guinea y en Sudán. Quiera Dios sean los últimos.
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Los militares subsaharianos abandonaron sus barracones y protagonizaron 4 golpes de estado exitosos y 2 intentos de golpe fallidos en tan solo 12 meses. ¿Se trata de una circunstancia puntual o de una vuelta a nuestro pasado?
Me gustaría pensar que estamos ante hechos puntuales, que no volverán a repetirse. Hay razones, lamentablemente, para temer lo contrario: en la última década el mundo entero – no solo nuestra región – ha experimentado un importante declive democrático. La pandemia del coronavirus ha provocado también inseguridad e importantes daños económicos en los 2 últimos años.
Sudán
El derrocamiento del dictador militar Bashir, en abril del 2019, obligó a civiles y militares a formar un gobierno provisional (para un período máximo de 3 años) y con la promesa de celebrar unas elecciones libres en el año 2022.
Abdalla, economista de profesión, lideró la transición como primer ministro. Logró que Sudán fuera retirado de la lista de países que favorecen el terrorismo y obtuvo así acceso a inversiones y ayudas internacionales.
El gobierno provisional, desde un principio, sufrió un constante acoso y oposición de parte de la élite militar. Las tensiones frenaron los esfuerzos del gobierno provisional por liberalizar el país tras décadas de dictadura militar.
La visita a Sudán del enviado especial USA, Jeffrey Feltman, en septiembre del 2021, elevó la tensión de los militares. El 21 del mismo mes el ejército sudanés abortó un golpe de estado. Desde esa fecha la tensión en las calles del país fue en aumento con manifestaciones a favor y en contra del gobierno provisional.
En la madrugada del 25 de octubre, un grupo de militares entraron en la residencia del primer ministro Abdalla en Jartún y le detuvieron junto a varios de sus ministros civiles. Horas después el general Abdelfatah anunciaba en televisión la suspensión de la Constitución y la disolución del Gobierno provisional. Seguidamente proclamó la formación de un gobierno militar competente para «encauzar» el rumbo del país.
La respuesta ciudadana en contra del golpe fue inmediata. Las protestas civiles en varias ciudades de Sudán llenaron las calles. Grupos pro-democracia llamaron a continuar con las movilizaciones y a participar en la «Lucha por la Revolución» que derrocó en 2019 al dictador Omar al Bashir.
República del Chad
Su situación geográfica y su estabilidad política han hecho del país un baluarte contra el terrorismo en el corredor del Sahel. Su constitución defiende claramente la gestión democrática y civil del poder.
Idriss Deby, que el 11 de abril del 2021 fue re-elegido para presidente de la República, murió mientras luchaba al frente de sus tropas el 19 del mismo mes.
A las pocas horas de su muerte, con la excusa de que los rebeldes no se aprovecharan de la situación e ignorando la Constitución del país, los militares formaron una Junta Militar presidida por el propio hijo del presidente muerto: general Mahamat Idriss.
La población salió a la calle exigiendo la disolución de la Junta Militar de Transición. Hubo grandes manifestaciones los días 27 de abril, el 8 y el 19 de mayo. Manifestaciones reprimidas con enorme dureza que dejaron 13 muertos, muchos heridos y miles de detenciones arbitrarias.
Ni el presidente Macron de Francia, que acudió al funeral de Idriss Deby, ni otros países de la región condenaron el golpe de estado del Chad, para no desestabilizar más la región.
Mali
Es el tercer golpe de estado que sufre Mali en una sola década. Assimi Goita, el jefe de la junta que derrocó al presidente Buobakar Keita el año 2020, es quien el 24 de abril del 2021 depuso también al presidente, al primer ministro y al ministro de defensa del Gobierno Provisional instaurado en el país 9 meses antes.
Goita declaró en televisión que el presidente y el primer ministro, depuestos y encarcelados, habían saboteado la transición. Dijo también que la nueva Junta Militar prepararía las elecciones para el 2022.
Los militares llevaron a los políticos detenidos al cuartel en Kati, a 15 km. de Bamako. El presidente de la UA mostró su indignación por las detenciones y exigió su inmediata liberación. También el expresidente nigeriano Jonathan medió con el ejército de Mali exigiendo la liberación de los detenidos.
Los militares liberaron al presidente depuesto N´Daou y a su primer ministro Ouane el 27 de mayo del 2021.
Hubo un fuerte rechazo al golpe militar por parte de las instituciones internacionales: el presidente de la Comunidad Europea, Charles Michel, condenó el golpe y exigió la vuelta a una transición civil. Argelia, que auspició el proceso de reconciliación de Mali desde el año 2012, expresó también su firme rechazo.
Guinea
Los militares rodearon la residencia del presidente Alpha Conté en la capital Conakry el 5 de septiembre del 2021. Al poco tiempo publicaron un video en el que mostraban a Conté en prisión, y al coronel Mamady hablando a la nación a través de la televisión.
El golpista anunció la disolución de la constitución y del gobierno y prometió elecciones para el año 2022.
Los políticos locales ni apoyaron ni se opusieron al golpe. La desaprobación de los países extranjeros fue más contundente, exigiendo que se detenga el golpe y que se libere inmediatamente al presidente Conté y a todos los prisioneros.
El coronel trató de justificar su acción por la decisión del presidente Condé de modificar la constitución para perpetuarse en el poder. La razón principal, sin embargo, parece ser que un mes antes del golpe el presidente depuesto, queriendo equilibrar el presupuesto, recortó los fondos destinados al ejército.
Esta intentona fallida de golpe de estado en Niger y los exitosos golpes en Mali y en Chad, con muy pocas consecuencias a nivel internacional, provocaron un importante peligro de «contagio» especialmente en países afectados por la crisis económica post-coronavirus. Y así ha ocurrido ya en Guinea y en Sudán. Quiera Dios sean los últimos.