

Grupos como Al Shabab, que desde los años 2011 controla territorios en el centro y sur de Somalia y ha infligido incursiones sangrientas en Nairobi y en otras partes de Kenia, siembran el terror estos años en poblaciones al norte de Mozambique.
En la región subsahariana de África tenemos muchos países en los que comunidades musulmanas y cristianas viven juntas y han compartido su existencia desde siempre. En los países al norte los musulmanes son más numerosos, mientras en las naciones al sur predominan las poblaciones de religión cristiana.
En estos países de mayoría cristiana, como es el caso de Mozambique, hay también fuertes comunidades de musulmanes. Son estos grupos los que se comunican y hacen posible en sus regiones la presencia y la actividad de grupos yihadistas como Al Qaida, Al Shabab, o Boko-Haram.
Terror en Cabo Delgado
Es la provincia más septentrional al norte de Mozambique. Alberga a una población de 2.300.000 en una superficie de 78.778 km2. La provincia, rica en yacimientos submarinos de gas, goza del interés y presencia de multinacionales estadounidenses y franceses.
Todo el territorio de la provincia, cuya capital es Pemba, ha pasado en poco tiempo de ser un paraíso de turistas a convertirse en zona atemorizada por grupos terroristas. Desde el 2017 hasta ahora es el epicentro de una insurrección islamista, sufre ataques indiscriminados de grupos no estatales que se proclaman leales al ISIS.
En los últimos cuatro años la provincia de Cabo Delgado sufre una tragedia humanitaria sin precedentes. Los yihadistas de Al Shabab, cuyos ataques se triplicaron el año 2020, causan estragos en la población. Las estadísticas de Acnur, hablan de más de 700.000 desplazados y unas 2.000 víctimas mortales.
Las cifras de muerte y dolor aumentan tras los ataques de Al Shabab y otros grupos extremistas, todos de signo yihadista, que luchan por el control de zonas estratégicas. Queman y arrasan pueblos enteros, torturan y violan indiscriminadamente. Asesinan a hombres delante de sus familias y reclutan a menores para reforzar sus actividades criminales.
Se trata de un conflicto cruel y muy volátil de escaramuzas inesperadas y sin atisbo de humanidad. La mayoría de quienes dejan su tierra se desplazan en diferentes direcciones, tanto para huir como para regresar a sus hogares. Es difícil, a veces imposible, facilitar a estas personas un mínimo de servicios sanitarios y humanitarios. Son más de 1.300.000 las personas que precisan urgentemente ayuda y protección.
Los escombros de una bella ciudad: Palma
Palma tiene una población de 75.000 habitantes y es una bonita ciudad turística e industrial en la costa del océano índico. Está ubicada en Cabo Delgado (Mozambique) y hace frontera con Tanzania, el río Rovuma separa a ambos países.
Es conocida por la cestería y fabricación de alfombras. Recientemente se han hallado grandes depósitos de gas natural licuado en los alrededores de la ciudad. La empresa francesa Total, con 1.300 trabajadores, se dedica a la extracción de gas no lejos de la ciudad. Mozambique se ha convertido en un importante productor de gas natural gracias a su hallazgo en Palma.
El 24 de marzo del 2021, sin previo aviso y en un solo día, un grupo terrorista yihadista tomó la ciudad bajo su control tras atacar cuarteles militares y edificios del gobierno. La ofensiva provocó decenas de muertes y ha hecho que miles de personas hayan huido tanto por mar como campo a través.
A los 5 días de la toma de la ciudad el grupo Estado Islámico reclamó la autoría del ataque. El fin de semana atracaron en la capital regional Pemba una docena de embarcaciones, así como barcos de pesca y vela, con civiles que huían de Palma.
Las pequeñas aldeas en los alrededores de Palma sufrieron también ataques terroristas, por lo que unas 6.000 personas buscaron refugio en el campamento de la compañía francesa Total, cuyas instalaciones están protegidas por una empresa privada de seguridad.
El 30 de marzo un escuadrón del ejército nacional de Mozambique reconocía que la ciudad de Palma seguía sin ser controlada por terroristas y que unas 11.000 personas habían huido. La mayoría se dirigían hacia Pemba y unos pocos cruzaban la frontera rumbo a Tanzania.
Un representante de las fuerzas armadas informaba que las labores del ejército se han concentrado en desalojar a civiles de la zona y centrarse en la búsqueda de escondites de los insurgentes. Informaba también cómo los soldados iban sofocando, uno a uno, los focos de resistencia yihadista y luchaban para lograr el control de la ciudad y el pronto regreso de los desplazados.
La situación ha mejorado sensiblemente en el norte de Mozambique, pero sigue siendo volátil y no se puede cantar victoria. Hay muchas personas que llevan meses, algunas incluso más de un año, viviendo en el monte en zonas selváticas densas e inhóspitas.
En la primera semana de abril de 2021 Filipe Nyusi informó en un discurso televisado que la ciudad de Palma se encontraba ya en manos del ejército nacional.
Reacción de la comunidad internacional
Francia sigue con gran preocupación las incursiones yihadistas en la provincia de Cabo Delgado y condena los atentados que provocaron muertes y desplazamientos de la población civil. La embajada francesa en Maputo, capital de Mozambique, denunció los ataques e invitó a países socios de Mozambique a movilizarse.
Cuando los terroristas atacaron la ciudad de Palma, la empresa francesa Total cerró sus instalaciones de extracción de gas natural y liberó a sus obreros para que defendieran a sus familias.
Según el medio «O Pais» en abril del 2021 llegaron al lugar Fuerzas armadas de Portugal para colaborar en la instrucción de sus pares mozambiqueños. También se dice que el presidente francés Macrón, que busca aligerar la presencia de soldados franceses en África, habría invitado a su homólogo en Rwanda Paul Kagame, para que enviara a la región de Cabo Delgado soldados de su ejército. Soldados de ambos países lucharon mano a mano para liberar la región de la presencia yihadista.
Por su parte el organismo regional SADC celebró una cumbre en Maputo para coordinar esfuerzos y combatir el terrorismo que hoy golpea a Mozambique y que amenaza con extenderse a países vecinos como Tanzania.
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Grupos como Al Shabab, que desde los años 2011 controla territorios en el centro y sur de Somalia y ha infligido incursiones sangrientas en Nairobi y en otras partes de Kenia, siembran el terror estos años en poblaciones al norte de Mozambique.
En la región subsahariana de África tenemos muchos países en los que comunidades musulmanas y cristianas viven juntas y han compartido su existencia desde siempre. En los países al norte los musulmanes son más numerosos, mientras en las naciones al sur predominan las poblaciones de religión cristiana.
En estos países de mayoría cristiana, como es el caso de Mozambique, hay también fuertes comunidades de musulmanes. Son estos grupos los que se comunican y hacen posible en sus regiones la presencia y la actividad de grupos yihadistas como Al Qaida, Al Shabab, o Boko-Haram.
Terror en Cabo Delgado
Es la provincia más septentrional al norte de Mozambique. Alberga a una población de 2.300.000 en una superficie de 78.778 km2. La provincia, rica en yacimientos submarinos de gas, goza del interés y presencia de multinacionales estadounidenses y franceses.
Todo el territorio de la provincia, cuya capital es Pemba, ha pasado en poco tiempo de ser un paraíso de turistas a convertirse en zona atemorizada por grupos terroristas. Desde el 2017 hasta ahora es el epicentro de una insurrección islamista, sufre ataques indiscriminados de grupos no estatales que se proclaman leales al ISIS.
En los últimos cuatro años la provincia de Cabo Delgado sufre una tragedia humanitaria sin precedentes. Los yihadistas de Al Shabab, cuyos ataques se triplicaron el año 2020, causan estragos en la población. Las estadísticas de Acnur, hablan de más de 700.000 desplazados y unas 2.000 víctimas mortales.
Las cifras de muerte y dolor aumentan tras los ataques de Al Shabab y otros grupos extremistas, todos de signo yihadista, que luchan por el control de zonas estratégicas. Queman y arrasan pueblos enteros, torturan y violan indiscriminadamente. Asesinan a hombres delante de sus familias y reclutan a menores para reforzar sus actividades criminales.
Se trata de un conflicto cruel y muy volátil de escaramuzas inesperadas y sin atisbo de humanidad. La mayoría de quienes dejan su tierra se desplazan en diferentes direcciones, tanto para huir como para regresar a sus hogares. Es difícil, a veces imposible, facilitar a estas personas un mínimo de servicios sanitarios y humanitarios. Son más de 1.300.000 las personas que precisan urgentemente ayuda y protección.
Los escombros de una bella ciudad: Palma
Palma tiene una población de 75.000 habitantes y es una bonita ciudad turística e industrial en la costa del océano índico. Está ubicada en Cabo Delgado (Mozambique) y hace frontera con Tanzania, el río Rovuma separa a ambos países.
Es conocida por la cestería y fabricación de alfombras. Recientemente se han hallado grandes depósitos de gas natural licuado en los alrededores de la ciudad. La empresa francesa Total, con 1.300 trabajadores, se dedica a la extracción de gas no lejos de la ciudad. Mozambique se ha convertido en un importante productor de gas natural gracias a su hallazgo en Palma.
El 24 de marzo del 2021, sin previo aviso y en un solo día, un grupo terrorista yihadista tomó la ciudad bajo su control tras atacar cuarteles militares y edificios del gobierno. La ofensiva provocó decenas de muertes y ha hecho que miles de personas hayan huido tanto por mar como campo a través.
A los 5 días de la toma de la ciudad el grupo Estado Islámico reclamó la autoría del ataque. El fin de semana atracaron en la capital regional Pemba una docena de embarcaciones, así como barcos de pesca y vela, con civiles que huían de Palma.
Las pequeñas aldeas en los alrededores de Palma sufrieron también ataques terroristas, por lo que unas 6.000 personas buscaron refugio en el campamento de la compañía francesa Total, cuyas instalaciones están protegidas por una empresa privada de seguridad.
El 30 de marzo un escuadrón del ejército nacional de Mozambique reconocía que la ciudad de Palma seguía sin ser controlada por terroristas y que unas 11.000 personas habían huido. La mayoría se dirigían hacia Pemba y unos pocos cruzaban la frontera rumbo a Tanzania.
Un representante de las fuerzas armadas informaba que las labores del ejército se han concentrado en desalojar a civiles de la zona y centrarse en la búsqueda de escondites de los insurgentes. Informaba también cómo los soldados iban sofocando, uno a uno, los focos de resistencia yihadista y luchaban para lograr el control de la ciudad y el pronto regreso de los desplazados.
La situación ha mejorado sensiblemente en el norte de Mozambique, pero sigue siendo volátil y no se puede cantar victoria. Hay muchas personas que llevan meses, algunas incluso más de un año, viviendo en el monte en zonas selváticas densas e inhóspitas.
En la primera semana de abril de 2021 Filipe Nyusi informó en un discurso televisado que la ciudad de Palma se encontraba ya en manos del ejército nacional.
Reacción de la comunidad internacional
Francia sigue con gran preocupación las incursiones yihadistas en la provincia de Cabo Delgado y condena los atentados que provocaron muertes y desplazamientos de la población civil. La embajada francesa en Maputo, capital de Mozambique, denunció los ataques e invitó a países socios de Mozambique a movilizarse.
Cuando los terroristas atacaron la ciudad de Palma, la empresa francesa Total cerró sus instalaciones de extracción de gas natural y liberó a sus obreros para que defendieran a sus familias.
Según el medio «O Pais» en abril del 2021 llegaron al lugar Fuerzas armadas de Portugal para colaborar en la instrucción de sus pares mozambiqueños. También se dice que el presidente francés Macrón, que busca aligerar la presencia de soldados franceses en África, habría invitado a su homólogo en Rwanda Paul Kagame, para que enviara a la región de Cabo Delgado soldados de su ejército. Soldados de ambos países lucharon mano a mano para liberar la región de la presencia yihadista.
Por su parte el organismo regional SADC celebró una cumbre en Maputo para coordinar esfuerzos y combatir el terrorismo que hoy golpea a Mozambique y que amenaza con extenderse a países vecinos como Tanzania.