

La noticia me hizo pensar en los muchos bebés que nacían en África en las pequeñas furgonetas Toyota, que usaban nuestros misioneros para sus viajes apostólicos. Mientras los misioneros trataban de acercar a las embarazadas al hospital más cercano… el traqueteo y los muchos baches del camino eran el remedio más eficaz para que los bebés nacieran en la furgoneta.
Un Padre Blanco, que visitaba nuestra familia con cierta asiduidad, nos contó cómo un misionero canadiense, compañero suyo que trabajaba por las tierras de Nyasalandia por los años 30, usaba una bici para su apostolado. Una embarazada le pidió ayuda, pues no tenía medios para acercarse al hospital. El misionero miró a la parrilla de su bici, y dijo a la mujer si se atrevía a acomodarse en ella.
Llevaban unos 15 kilómetros recorridos cuando la embarazada pidió bajarse de la bici y desapareció tras un pequeño zarzal. Un par de mujeres, que pasaban por allá, se acercaron casualmente al escenario. Media hora después el misionero, con la mujer y su bebé sentados en la parrilla, volvieron al pueblo.
La odisea de las embarazadas africanas
Nuestras embarazadas, con alguna complicación durante el parto, tienen 130 veces más probabilidades de morir que las mujeres que dan a luz en Europa. Según las estadísticas más recientes tan sólo en África mueren más de un millón de mujeres embarazadas al año. En la región subsahariana mueren 1.000 madres por cada 100.000 bebés que nacen vivos, mientras en Europa tan solo mueren 20.
Es difícil identificar las causas concretas por las que ocurren tantas muertes no deseadas y en muchos casos evitables. Según la OMS, el 80% de estas muertes ocurren en países de rentas muy bajas, mientras el 20% de ellas son el resultado de causas indirectas, como la malaria y el Sida.
Entre los países más afectados por estas causas indirectas están Mozambique, Malawi, Zambia, Tanzania y Kenia. El 90% de sus habitantes viven expuestos a la malaria, y la prevalencia del VIH es superior al 10%.
Cada año hay en África más de un millón de embarazos en mujeres VIH positivas y expuestas a la malaria. Siempre que estas dos infecciones actúan a la vez en una mujer embarazada el riesgo de complicaciones es enorme tanto para ella como para el bebé, que con mucha probabilidad puede heredar la infección por VIH de su madre.
Pasan de 13 millones las adolescentes que quedan embarazadas cada año en África, de ellas unas 70.000 morirán en el parto, víctimas de sus pelvis infantiles. No menos del 10% fallecerán por abortos provocados en condiciones de riesgo, que en algunos países de África Central significa el 20% de todas las muertes maternas. El 90% de las embarazadas apenas tienen medios para acudir regularmente a un hospital, tan solo un 40% de las parturientas africanas recibe asistencia de personal cualificado.
Estas son unas tristes estadísticas que no se han modificado en los últimos 10 años. Para un buen número de mujeres embarazadas la muerte es parte de su vida cotidiana.
Pequeña solución para un gran problema
Walikale es el nombre de una ciudad, a unos 150 kilómetros de Goma, en la provincia de Kivu Norte al noroeste de la República Democrática del Congo, donde se ha construido el «Village d´Accueil» o la «Aldea de la Acogida». Se trata de un proyecto, creado el año 2018, por Médicos sin Fronteras para que las futuras madres puedan alojarse y gozar de toda clase de facilidades antes y después del parto.
Es la respuesta a la falta de atención prenatal y a la falta de un centro médico adecuado para dar a luz, que sufren muchas embarazadas de áreas rurales por las distancias y por la ausencia de infraestructuras de transporte. Las facilidades que ofrece la Aldea de la Acogida son muchas y muy variadas: un buen número de embarazadas encuentran alojamiento temporal durante el período previo y posterior al parto.
Son mujeres con embarazos de alto riesgo, la mayoría procedentes de aldeas remotas y sin posibilidades de atención sanitaria, que acuden para dar a luz a nuestra Aldea, ubicada dentro de los terrenos del hospital general de Walikale. Todas las futuras madres, además de una adecuada atención médica, reciben alojamiento, comida, agua potable y duchas.
Las embarazadas en espera se relacionan y comparten la vida juntas en una parte de la Aldea; mientras en otra parte distinta se alojan las que han dado ya a luz y esperan un tiempo antes de volver a sus pueblos. Todas tienen su chocita y los medios necesarios para su vida diaria.
El proyecto Walikale, desde su apertura oficial hace 6 años, ha salvado muchas madres y bebés que hubieran muerto en el camino o justo al llegar al hospital. «Aldea de Acogida» es un lugar muy especial que reduce el riesgo de muerte a mamás y bebés. Un pequeño gran proyecto para reducir las altas tasas de mortalidad materna y neonatal en nuestra región subsahariana.
Desde mediados del 2021 el doctor Serafín Kikwabantu es jefe del departamento de ginecología-maternidad del hospital general de referencia Walikale, apoyado por la organización MSF. Su madre murió, cuando él vino al mundo, de una hemorragia posparto.
«La muerte de mi madre me dolió mucho, por lo que decidí estudiar medicina para hacer este trabajo y contribuir a salvar todas las madres que podamos» – nos contó Serafín, el factotum del proyecto «Aldea de Acogida».
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La noticia me hizo pensar en los muchos bebés que nacían en África en las pequeñas furgonetas Toyota, que usaban nuestros misioneros para sus viajes apostólicos. Mientras los misioneros trataban de acercar a las embarazadas al hospital más cercano… el traqueteo y los muchos baches del camino eran el remedio más eficaz para que los bebés nacieran en la furgoneta.
Un Padre Blanco, que visitaba nuestra familia con cierta asiduidad, nos contó cómo un misionero canadiense, compañero suyo que trabajaba por las tierras de Nyasalandia por los años 30, usaba una bici para su apostolado. Una embarazada le pidió ayuda, pues no tenía medios para acercarse al hospital. El misionero miró a la parrilla de su bici, y dijo a la mujer si se atrevía a acomodarse en ella.
Llevaban unos 15 kilómetros recorridos cuando la embarazada pidió bajarse de la bici y desapareció tras un pequeño zarzal. Un par de mujeres, que pasaban por allá, se acercaron casualmente al escenario. Media hora después el misionero, con la mujer y su bebé sentados en la parrilla, volvieron al pueblo.
La odisea de las embarazadas africanas
Nuestras embarazadas, con alguna complicación durante el parto, tienen 130 veces más probabilidades de morir que las mujeres que dan a luz en Europa. Según las estadísticas más recientes tan sólo en África mueren más de un millón de mujeres embarazadas al año. En la región subsahariana mueren 1.000 madres por cada 100.000 bebés que nacen vivos, mientras en Europa tan solo mueren 20.
Es difícil identificar las causas concretas por las que ocurren tantas muertes no deseadas y en muchos casos evitables. Según la OMS, el 80% de estas muertes ocurren en países de rentas muy bajas, mientras el 20% de ellas son el resultado de causas indirectas, como la malaria y el Sida.
Entre los países más afectados por estas causas indirectas están Mozambique, Malawi, Zambia, Tanzania y Kenia. El 90% de sus habitantes viven expuestos a la malaria, y la prevalencia del VIH es superior al 10%.
Cada año hay en África más de un millón de embarazos en mujeres VIH positivas y expuestas a la malaria. Siempre que estas dos infecciones actúan a la vez en una mujer embarazada el riesgo de complicaciones es enorme tanto para ella como para el bebé, que con mucha probabilidad puede heredar la infección por VIH de su madre.
Pasan de 13 millones las adolescentes que quedan embarazadas cada año en África, de ellas unas 70.000 morirán en el parto, víctimas de sus pelvis infantiles. No menos del 10% fallecerán por abortos provocados en condiciones de riesgo, que en algunos países de África Central significa el 20% de todas las muertes maternas. El 90% de las embarazadas apenas tienen medios para acudir regularmente a un hospital, tan solo un 40% de las parturientas africanas recibe asistencia de personal cualificado.
Estas son unas tristes estadísticas que no se han modificado en los últimos 10 años. Para un buen número de mujeres embarazadas la muerte es parte de su vida cotidiana.
Pequeña solución para un gran problema
Walikale es el nombre de una ciudad, a unos 150 kilómetros de Goma, en la provincia de Kivu Norte al noroeste de la República Democrática del Congo, donde se ha construido el «Village d´Accueil» o la «Aldea de la Acogida». Se trata de un proyecto, creado el año 2018, por Médicos sin Fronteras para que las futuras madres puedan alojarse y gozar de toda clase de facilidades antes y después del parto.
Es la respuesta a la falta de atención prenatal y a la falta de un centro médico adecuado para dar a luz, que sufren muchas embarazadas de áreas rurales por las distancias y por la ausencia de infraestructuras de transporte. Las facilidades que ofrece la Aldea de la Acogida son muchas y muy variadas: un buen número de embarazadas encuentran alojamiento temporal durante el período previo y posterior al parto.
Son mujeres con embarazos de alto riesgo, la mayoría procedentes de aldeas remotas y sin posibilidades de atención sanitaria, que acuden para dar a luz a nuestra Aldea, ubicada dentro de los terrenos del hospital general de Walikale. Todas las futuras madres, además de una adecuada atención médica, reciben alojamiento, comida, agua potable y duchas.
Las embarazadas en espera se relacionan y comparten la vida juntas en una parte de la Aldea; mientras en otra parte distinta se alojan las que han dado ya a luz y esperan un tiempo antes de volver a sus pueblos. Todas tienen su chocita y los medios necesarios para su vida diaria.
El proyecto Walikale, desde su apertura oficial hace 6 años, ha salvado muchas madres y bebés que hubieran muerto en el camino o justo al llegar al hospital. «Aldea de Acogida» es un lugar muy especial que reduce el riesgo de muerte a mamás y bebés. Un pequeño gran proyecto para reducir las altas tasas de mortalidad materna y neonatal en nuestra región subsahariana.
Desde mediados del 2021 el doctor Serafín Kikwabantu es jefe del departamento de ginecología-maternidad del hospital general de referencia Walikale, apoyado por la organización MSF. Su madre murió, cuando él vino al mundo, de una hemorragia posparto.
«La muerte de mi madre me dolió mucho, por lo que decidí estudiar medicina para hacer este trabajo y contribuir a salvar todas las madres que podamos» – nos contó Serafín, el factotum del proyecto «Aldea de Acogida».