

El grupo paramilitar Wagner, hoy descabezado, es la pesada espada de Dámocles para el pueblo africano: a día de hoy sus mercenarios operan en 8 países subsaharianos: Mali, Burkina Faso, Libia, República Centroafricana, Sudán, Chad, Eritrea y Zimbabue ¿Qué línea tomarán tras la muerte de su jefe? De momento su heredero, Anton Olegovich – alias Lotus – ha pasado a la clandestinidad.
Rusia, a pesar de sus declaraciones de no-interferencia, siembra inestabilidad en muchas regiones de África. Aislado en el occidente, por su larga y penosa guerra en Ucrania, busca expandir sus tentáculos por otros continentes. África es tierra fértil para las ambiciones de Vladímir Putin: armas, minerales, desinformación e influencia son las claves de su política expansionista.
Burkina y Mali en brazos de Rusia
El avispero del Sahel vuelve a agitarse, con Mali en el epicentro. La misión de paz más cara de las Naciones Unidas (MINUSMA) termina abruptamente: el presidente de Mali, Assimi Goita, ha decidido (julio 2023) desterrar a los cascos azules de su país acusándolos de no ser lo suficientemente contundentes en la lucha contra el terrorismo. Prefiere una alianza con Rusia, que enviará armas y material y soldados en abundancia.
Las Fuerzas Armadas de Mali, que contarán con la inestimable ayuda de más de 1.000 mercenarios del Wagner en su territorio, ocuparán los puestos y las bases militares que abandonen al retirarse los cascos azules. El contingente de los cascos azules, que tiene que salir del país dentro de un año, está formado por 17.400 efectivos: 11.739 soldados, 1.600 policías y más de 4.000 civiles de la operación de paz.
El año 2015 los grupos firmaron el «acuerdo de paz» de Argelia, que apenas tuvo efecto alguno. El país sufrió dos golpes de Estado en 2020 y 2021 y es cuando entraron en escena Rusia y China. La primera con el envío de formadores militares y armamento y la segunda con fuertes inversiones de fácil acceso.
Mali está a 1.800 kilómetros de las costas canarias. La inseguridad allí y en los países de su alrededor fomentarán peligrosamente la ruta atlántica de la migración irregular hacia Europa, pasando por España.
Burkina Faso es otro de los escenarios de mucha inestabilidad. Desde el año 2015 se han contabilizado más de 10.000 víctimas y 2 millones de desplazados en un país que ha sufrido dos golpes de Estado en un solo año. La última semana de julio, tal como mencionó el Papa Francisco en el rezo del Ángelus, 50 soldados, 100 terroristas y un número indeterminado de civiles han perdido la vida en Burkina Faso.
El jefe de la junta militar, al igual que su homólogo en Mali, ha pedido a Francia la retirada de los 400 soldados de la operación «Sabre» en el país. Anuncia, para cubrir el lugar de los soldados franceses, un reclutamiento excepcional de un conjunto de 5.000 hombres para luchar contra los yihadistas «hasta la victoria final».
Golpe de Estado en Níger y en Gabón
Las repúblicas del Níger y Gabón, ambas excolonias de Francia, eran de las pocas democracias, aliadas clave del occidente en la lucha contra las milicias islamistas. Ambos países están hoy en manos de sus militares. El presidente Mohamed Bazoum fue detenido por su propia guardia la noche del 26 de julio. Un mes más tarde, el 30 de agosto, Ali Bongo corrió la misma suerte en Gabón tras haber sido elegido presidente cuatro días antes entre rumores de corrupción.
Cuando un grupo de soldados anunció en la televisión nacional en Niamey la destitución de su presidente, un buen grupo de manifestantes cantaban en las calles de la capital: ¡Viva Putin! ¡Viva Rusia! ¡Muera Francia! Rusia, a través de su grupo paramilitar Wagner, ha encendido una mecha de inestabilidad en nuestra región y costará años y mucho dolor apagarla.
Francia, y Estados Unidos, que mantienen sus bases militares y muchos intereses económicos en ambos países, han condenado los golpes de Estado, al igual que la ONU y la Unión Africana. También un portavoz del Kremlin pidió la liberación de Bazoum y una resolución pacífica de la crisis. Todas las instituciones, a nivel mundial, están preocupadas por las enormes implicaciones que estos golpes de Estado puedan tener en una región tan conflictiva del continente africano. No así el difunto Yevgeny Prigozhin, exjefe de los mercenarios, que calificó el golpe de estado como «triunfo» del pueblo de Níger contra sus colonizadores.
La débil democracia africana se desmorona
Los militares dejan sus barracas y buscan el poder. La preocupación internacional radica en que los nuevos jefes militares del país puedan alejarse de sus aliados occidentales y exigir que salgan del país sus soldados y todo el personal de la ONU, tal como lo han hecho ya sus compañeros de armas en Mali y Burkina Faso. Una situación así sería entregar la región en bandeja a la insurgencia islámica.
Los líderes de la CEDEAO, que agrupa a 15 países de la región, se dedican a proclamar ultimátum que para nada sirven porque no tienen voluntad ni fuerza militar para luchar por la democracia.
Las naciones occidentales, ignorando las palabras de los nuevos jefes militares, se han dado mucha prisa para evacuar a su personal civil. En tan solo una semana más de 2.500 ciudadanos occidentales han dejado el Níger. Como premio a toda la inestabilidad y dolor que ha traído Rusia a nuestros pueblos africanos, más de 40 países de África se acercaron a Vladimir Putin y adoptaron con él un plan de acción 2023-2026 y unos acuerdos técnico-militares en San Petersburgo los días 27-28 de julio de este mismo año. Hay circunstancias y momentos en los que es difícil dar credibilidad a la actuación de nuestros políticos. Lo cierto es que África se va alejando de Estados Unidos y Europa, y se acerca peligrosamente a Rusia y China.
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El grupo paramilitar Wagner, hoy descabezado, es la pesada espada de Dámocles para el pueblo africano: a día de hoy sus mercenarios operan en 8 países subsaharianos: Mali, Burkina Faso, Libia, República Centroafricana, Sudán, Chad, Eritrea y Zimbabue ¿Qué línea tomarán tras la muerte de su jefe? De momento su heredero, Anton Olegovich – alias Lotus – ha pasado a la clandestinidad.
Rusia, a pesar de sus declaraciones de no-interferencia, siembra inestabilidad en muchas regiones de África. Aislado en el occidente, por su larga y penosa guerra en Ucrania, busca expandir sus tentáculos por otros continentes. África es tierra fértil para las ambiciones de Vladímir Putin: armas, minerales, desinformación e influencia son las claves de su política expansionista.
Burkina y Mali en brazos de Rusia
El avispero del Sahel vuelve a agitarse, con Mali en el epicentro. La misión de paz más cara de las Naciones Unidas (MINUSMA) termina abruptamente: el presidente de Mali, Assimi Goita, ha decidido (julio 2023) desterrar a los cascos azules de su país acusándolos de no ser lo suficientemente contundentes en la lucha contra el terrorismo. Prefiere una alianza con Rusia, que enviará armas y material y soldados en abundancia.
Las Fuerzas Armadas de Mali, que contarán con la inestimable ayuda de más de 1.000 mercenarios del Wagner en su territorio, ocuparán los puestos y las bases militares que abandonen al retirarse los cascos azules. El contingente de los cascos azules, que tiene que salir del país dentro de un año, está formado por 17.400 efectivos: 11.739 soldados, 1.600 policías y más de 4.000 civiles de la operación de paz.
El año 2015 los grupos firmaron el «acuerdo de paz» de Argelia, que apenas tuvo efecto alguno. El país sufrió dos golpes de Estado en 2020 y 2021 y es cuando entraron en escena Rusia y China. La primera con el envío de formadores militares y armamento y la segunda con fuertes inversiones de fácil acceso.
Mali está a 1.800 kilómetros de las costas canarias. La inseguridad allí y en los países de su alrededor fomentarán peligrosamente la ruta atlántica de la migración irregular hacia Europa, pasando por España.
Burkina Faso es otro de los escenarios de mucha inestabilidad. Desde el año 2015 se han contabilizado más de 10.000 víctimas y 2 millones de desplazados en un país que ha sufrido dos golpes de Estado en un solo año. La última semana de julio, tal como mencionó el Papa Francisco en el rezo del Ángelus, 50 soldados, 100 terroristas y un número indeterminado de civiles han perdido la vida en Burkina Faso.
El jefe de la junta militar, al igual que su homólogo en Mali, ha pedido a Francia la retirada de los 400 soldados de la operación «Sabre» en el país. Anuncia, para cubrir el lugar de los soldados franceses, un reclutamiento excepcional de un conjunto de 5.000 hombres para luchar contra los yihadistas «hasta la victoria final».
Golpe de Estado en Níger y en Gabón
Las repúblicas del Níger y Gabón, ambas excolonias de Francia, eran de las pocas democracias, aliadas clave del occidente en la lucha contra las milicias islamistas. Ambos países están hoy en manos de sus militares. El presidente Mohamed Bazoum fue detenido por su propia guardia la noche del 26 de julio. Un mes más tarde, el 30 de agosto, Ali Bongo corrió la misma suerte en Gabón tras haber sido elegido presidente cuatro días antes entre rumores de corrupción.
Cuando un grupo de soldados anunció en la televisión nacional en Niamey la destitución de su presidente, un buen grupo de manifestantes cantaban en las calles de la capital: ¡Viva Putin! ¡Viva Rusia! ¡Muera Francia! Rusia, a través de su grupo paramilitar Wagner, ha encendido una mecha de inestabilidad en nuestra región y costará años y mucho dolor apagarla.
Francia, y Estados Unidos, que mantienen sus bases militares y muchos intereses económicos en ambos países, han condenado los golpes de Estado, al igual que la ONU y la Unión Africana. También un portavoz del Kremlin pidió la liberación de Bazoum y una resolución pacífica de la crisis. Todas las instituciones, a nivel mundial, están preocupadas por las enormes implicaciones que estos golpes de Estado puedan tener en una región tan conflictiva del continente africano. No así el difunto Yevgeny Prigozhin, exjefe de los mercenarios, que calificó el golpe de estado como «triunfo» del pueblo de Níger contra sus colonizadores.
La débil democracia africana se desmorona
Los militares dejan sus barracas y buscan el poder. La preocupación internacional radica en que los nuevos jefes militares del país puedan alejarse de sus aliados occidentales y exigir que salgan del país sus soldados y todo el personal de la ONU, tal como lo han hecho ya sus compañeros de armas en Mali y Burkina Faso. Una situación así sería entregar la región en bandeja a la insurgencia islámica.
Los líderes de la CEDEAO, que agrupa a 15 países de la región, se dedican a proclamar ultimátum que para nada sirven porque no tienen voluntad ni fuerza militar para luchar por la democracia.
Las naciones occidentales, ignorando las palabras de los nuevos jefes militares, se han dado mucha prisa para evacuar a su personal civil. En tan solo una semana más de 2.500 ciudadanos occidentales han dejado el Níger. Como premio a toda la inestabilidad y dolor que ha traído Rusia a nuestros pueblos africanos, más de 40 países de África se acercaron a Vladimir Putin y adoptaron con él un plan de acción 2023-2026 y unos acuerdos técnico-militares en San Petersburgo los días 27-28 de julio de este mismo año. Hay circunstancias y momentos en los que es difícil dar credibilidad a la actuación de nuestros políticos. Lo cierto es que África se va alejando de Estados Unidos y Europa, y se acerca peligrosamente a Rusia y China.