

Hay siete países más, de los que no disponemos de indicadores, pero cuya situación de hambre y desnutrición es extrema: Burundi, las Comoras, República Democrática del Congo, Eritrea, Libia, Somalia y Sudán del Sur.
Los habitantes de la región subsahariana, especialmente en su parte meridional, sufren un importante índice de desnutrición y mortalidad infantil. De los 43 países que lo forman, en 40 de ellos hay un importante retraso de crecimiento: Níger ocupa el último lugar de Desarrollo Humano (IDH); en Somalia el 13% de los bebés mueren antes de cumplir sus cinco años, es la tasa más alta de mortalidad infantil en el mundo. Y en la R.D. del Congo el 42% de sus niños/as se enfrentan a una crisis alimentaria y sufren también retraso en su crecimiento.
Pese a contar con enormes recursos naturales y humanos, el continente cuenta con el 65% de las tierras más cultivables del planeta, África alberga unos 250 millones de sus habitantes que pasan hambre, uno de cada cinco personas. Son muy variados los factores que causan tan alarmante situación:
- Una pobreza endémica, la mayoría de las personas que sufren hambre viven con ingresos de menos de un euro al día.
- Las cosechas para sobrevivir disminuyen por los fenómenos meteorológicos o cambio climático.
- los conflictos bélicos provocan millones de desplazamientos, con el abandono forzoso de tierras de cultivo.
- La especulación de los mercados y el bajo rendimiento de su agricultura hacen que suban los precios y dejen a las familias pobres sin recursos.
Entre 1980 y 1995, el África subsahariana fue la única región en la que se redujo la producción de alimentos un 8%, una realidad que contrasta con el aumento del 27% en Asia y el 12% en América Latina en los mismos años. A pesar de los muchos programas internacionales augurando el fin del hambre en el mundo, en África en los 3 últimos años lejos de mejorar la situación ha aumentado considerablemente el número de personas que sufren hambre.
Fomentar sistemas agrícolas más eficientes
La agricultura de África, en gran medida, se basa en minifundios, que se trabajan con grandes esfuerzos y dan poco a cambio. Los expertos llevan años reflexionando sobre cómo revertir la situación y producir alimentos más nutritivos en tierras poco fértiles. Ayuda en Acción está fomentando sistemas agrícolas adaptados al cambio climático, que están mejorando la seguridad alimentaria. La FAO dice que un incremento del 10% en productividad de estos pequeños minifundios haría que 7 millones de personas superaran el umbral de un euro por día.
El continente africano, con poca industria y sin focos de contaminación atmosférica, no solo tiene que alcanzar el reto de alimentar a su población, está llamado a ser el granero principal de la humanidad en años venideros.
Hace dos décadas se fundó una importante asociación sin fines de lucro, que trabaja en 23 países de África bajo las siglas AATF = African Agricultural Technology Fundation. Su objetivo es facilitar a los agricultores subsaharianos el acceso y suministro de tecnologías apropiadas para así cultivar sus tierras con mayor eficiencia.
Necesitamos aprovechar todo lo que ofrece la ciencia y la tecnología para introducir sistemas de riego y producir suficiente alimento para cada habitante del continente.
Semillas y facilidades de irrigación
El estudio y la transformación de diversas semillas es el primer paso que ha dado la AATF en su afán de potenciar nuestra agricultura. El maíz, hay más de 300 millones de personas dependientes de él en África, es el cultivo de primera necesidad que ha sufrido una importante transformación. Las variedades transgénicas de la semilla de maíz tolerante a la sequía se están probando desde hace 5 años en los países participantes en el programe WEMA: Kenya, Mozambique, Tanzania, Sudáfrica y Uganda. Las autoridades competentes evalúan, los resultados con arreglo a los requisitos normativos de bioseguridad.
Con la aplicación de las nuevas semillas los países participantes esperan aumentar en dos millones de toneladas adicionales su cultivo, lo que significaría que unos 18 millones de personas tengan maíz para comer y vender.
Hay también proyectos para mejorar la resistencia de los cultivos de banana o plátano. Con una producción anual de unos 17 millones de toneladas métricas, Uganda y los países de los Grandes Lagos producen una quinta parte de las bananas del mundo. Hay muchos factores bióticos y abióticos que reducen la productividad, como el brote del marchitamiento bacteriano de la banana que el año 2001 causó enormes pérdidas en Uganda.
Hay también importantes iniciativas en estudio para la creación de nuevas variedades de arroz. Se trata de preparar semillas que puedan cultivarse en las tierras altas y poco fértiles al igual que en tierras bajas más salinas, con el uso eficiente del nitrógeno y tolerancia a la sal.
Cierto que hay proyectos en estudio y ensayos importantes para contrarrestar los efectos del cambio climático: Etiopía, Kenya, Mali, Marruecos, Níger y Sudáfrica tienen importantes extensiones de áreas irrigadas que han conseguido mejorar y prolongar sus cosechas, aliviando así el hambre de sus habitantes. Marruecos tiene el 20% de sus tierras cultivables equipadas con sistemas de irrigación. Etiopía entre los años 2002 y 2014 aumentó sus áreas irrigadas en 52%, logrando la mayor expansión de áreas irrigadas en toda África.
Nuestros gobernantes tienen que tomar como prioridad los nuevos sistemas de cultivo e irrigación, solo así podrán atraer innovación e inversiones del sector privado. Contar con eficientes sistemas para el uso sostenible y seguro del agua aumentará la temporada de cultivo y dará a los agricultores más ingresos y oportunidades de trabajo.
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Hay siete países más, de los que no disponemos de indicadores, pero cuya situación de hambre y desnutrición es extrema: Burundi, las Comoras, República Democrática del Congo, Eritrea, Libia, Somalia y Sudán del Sur.
Los habitantes de la región subsahariana, especialmente en su parte meridional, sufren un importante índice de desnutrición y mortalidad infantil. De los 43 países que lo forman, en 40 de ellos hay un importante retraso de crecimiento: Níger ocupa el último lugar de Desarrollo Humano (IDH); en Somalia el 13% de los bebés mueren antes de cumplir sus cinco años, es la tasa más alta de mortalidad infantil en el mundo. Y en la R.D. del Congo el 42% de sus niños/as se enfrentan a una crisis alimentaria y sufren también retraso en su crecimiento.
Pese a contar con enormes recursos naturales y humanos, el continente cuenta con el 65% de las tierras más cultivables del planeta, África alberga unos 250 millones de sus habitantes que pasan hambre, uno de cada cinco personas. Son muy variados los factores que causan tan alarmante situación:
- Una pobreza endémica, la mayoría de las personas que sufren hambre viven con ingresos de menos de un euro al día.
- Las cosechas para sobrevivir disminuyen por los fenómenos meteorológicos o cambio climático.
- los conflictos bélicos provocan millones de desplazamientos, con el abandono forzoso de tierras de cultivo.
- La especulación de los mercados y el bajo rendimiento de su agricultura hacen que suban los precios y dejen a las familias pobres sin recursos.
Entre 1980 y 1995, el África subsahariana fue la única región en la que se redujo la producción de alimentos un 8%, una realidad que contrasta con el aumento del 27% en Asia y el 12% en América Latina en los mismos años. A pesar de los muchos programas internacionales augurando el fin del hambre en el mundo, en África en los 3 últimos años lejos de mejorar la situación ha aumentado considerablemente el número de personas que sufren hambre.
Fomentar sistemas agrícolas más eficientes
La agricultura de África, en gran medida, se basa en minifundios, que se trabajan con grandes esfuerzos y dan poco a cambio. Los expertos llevan años reflexionando sobre cómo revertir la situación y producir alimentos más nutritivos en tierras poco fértiles. Ayuda en Acción está fomentando sistemas agrícolas adaptados al cambio climático, que están mejorando la seguridad alimentaria. La FAO dice que un incremento del 10% en productividad de estos pequeños minifundios haría que 7 millones de personas superaran el umbral de un euro por día.
El continente africano, con poca industria y sin focos de contaminación atmosférica, no solo tiene que alcanzar el reto de alimentar a su población, está llamado a ser el granero principal de la humanidad en años venideros.
Hace dos décadas se fundó una importante asociación sin fines de lucro, que trabaja en 23 países de África bajo las siglas AATF = African Agricultural Technology Fundation. Su objetivo es facilitar a los agricultores subsaharianos el acceso y suministro de tecnologías apropiadas para así cultivar sus tierras con mayor eficiencia.
Necesitamos aprovechar todo lo que ofrece la ciencia y la tecnología para introducir sistemas de riego y producir suficiente alimento para cada habitante del continente.
Semillas y facilidades de irrigación
El estudio y la transformación de diversas semillas es el primer paso que ha dado la AATF en su afán de potenciar nuestra agricultura. El maíz, hay más de 300 millones de personas dependientes de él en África, es el cultivo de primera necesidad que ha sufrido una importante transformación. Las variedades transgénicas de la semilla de maíz tolerante a la sequía se están probando desde hace 5 años en los países participantes en el programe WEMA: Kenya, Mozambique, Tanzania, Sudáfrica y Uganda. Las autoridades competentes evalúan, los resultados con arreglo a los requisitos normativos de bioseguridad.
Con la aplicación de las nuevas semillas los países participantes esperan aumentar en dos millones de toneladas adicionales su cultivo, lo que significaría que unos 18 millones de personas tengan maíz para comer y vender.
Hay también proyectos para mejorar la resistencia de los cultivos de banana o plátano. Con una producción anual de unos 17 millones de toneladas métricas, Uganda y los países de los Grandes Lagos producen una quinta parte de las bananas del mundo. Hay muchos factores bióticos y abióticos que reducen la productividad, como el brote del marchitamiento bacteriano de la banana que el año 2001 causó enormes pérdidas en Uganda.
Hay también importantes iniciativas en estudio para la creación de nuevas variedades de arroz. Se trata de preparar semillas que puedan cultivarse en las tierras altas y poco fértiles al igual que en tierras bajas más salinas, con el uso eficiente del nitrógeno y tolerancia a la sal.
Cierto que hay proyectos en estudio y ensayos importantes para contrarrestar los efectos del cambio climático: Etiopía, Kenya, Mali, Marruecos, Níger y Sudáfrica tienen importantes extensiones de áreas irrigadas que han conseguido mejorar y prolongar sus cosechas, aliviando así el hambre de sus habitantes. Marruecos tiene el 20% de sus tierras cultivables equipadas con sistemas de irrigación. Etiopía entre los años 2002 y 2014 aumentó sus áreas irrigadas en 52%, logrando la mayor expansión de áreas irrigadas en toda África.
Nuestros gobernantes tienen que tomar como prioridad los nuevos sistemas de cultivo e irrigación, solo así podrán atraer innovación e inversiones del sector privado. Contar con eficientes sistemas para el uso sostenible y seguro del agua aumentará la temporada de cultivo y dará a los agricultores más ingresos y oportunidades de trabajo.