

Hay textos bíblicos del Nuevo Testamento que se relacionan con la temprana presencia cristiana en África: Simón de Cirene ayudó a Jesús a llevar su cruz (Mc 15,21). Otros de Cirene -al igual que de Alejandría, Libia y Egipto- se mencionan en los Hechos (2,10. 6,9. 11,20. 13,1). También el apóstol Felipe bautizó al administrador de finanzas de Candaces, reina de Etiopía (Hechos 8, 26-38).
Las regiones al norte del Sahara fueron el escenario principal donde florecieron las primeras comunidades cristianas. También penetraron por tierras de Sudán y Etiopía. Sobrevivieron con valentía las persecuciones de diversos emperadores romanos, para sucumbir definitivamente ante la incursión imparable de los seguidores del profeta Mahoma. Los árabes expulsaron a los cristianos por fuerza y se ganaron a la población autóctona de los Bereberes.
Principales comunidades cristianas:
Alejandría, ciudad fundada por Alejandro Magno en el delta del río Nilo, se convirtió en una importante metrópolis de los romanos con una fuerte inmigración de otras partes del imperio. La tradición cristiana defiende que el evangelista Marcos proclamó allí el Evangelio hacia el año 42, y que los primeros cristianos fueron «conversos» de una fuerte colonia judía que vivía en la ciudad. Un gran número de egipcios abrazaron el cristianismo, que se extendió en pocas décadas por todo Egipto. Fue en Alejandría donde se empezó a emplear el símbolo de la cruz de Cristo, que no se usaba en las catacumbas romanas ni aparece en el lábaro de Constantino.
Didaskálion, el centro catequético y teológico más importante de los primeros siglos de la cristiandad, fue fundado por Pantano hacia el año 180, ubicado también en Alejandría con filiales en Cesarea de Palestina y en Panfilia. En este centro alejandrino se usaba el método simbólico-alegórico para el estudio de la Biblia, y no la exégesis literal que defendían otras escuelas.
La comunidad de Cartago, en sus principios, estuvo muy ligada a Tertuliano, acérrimo defensor de la fe y más conocido por sus escritos que por su estilo de vida. Destacó por su intransigencia, negándose a participar en la vida política de la ciudad y negándose también al servicio en el ejército imperial. Esta actitud político-religiosa originó grandes conflictos y mucha violencia, que duraron hasta el siglo IV. A pesar de sus peculiaridades y carácter específico Tertuliano fue reconocido por sus habilidades literarias e inteligencia. San Cipriano, al igual que San Agustín y mucho más tarde Santo Tomás de Aquino se dejaron influir por su abundante producción literaria-doctrinal.
San Agustín, San Cipriano y los mártires Perpetua y Felícitas inmortalizaron el nombre de la iglesia de Cartago. Perpetua, de familia rica y joven madre de un bebé, abrazó el cristianismo con su esclava Felícitas y otras tres personas más. Al negarse a adorar a dioses paganos sufrieron la muerte en el anfiteatro de la ciudad.
Cipriano, también un converso y mártir, fue nombrado obispo de Cartago el año 249. Fue una figura controvertida, y un gran escritor latino. Sus grandes habilidades pastorales y su firmeza contra la herejía novaciana, acallaron a sus críticos.
San Agustín, 354 – 430, fue un gran escritor, teólogo y filósofo cristiano. Se le conoce como el «Doctor de la Gracia» y es uno de los grandes pensadores de todos los tiempos. Convertido al cristianismo, gracias a las oraciones de su madre Mónica y a sus encuentros con San Ambrosio de Milán, fue nombrado obispo de Hipona a finales del 395. Escribió importantes tratados doctrinales y luchó contra las herejías de los maniqueos, los donatistas y el pelagianismo.
Se celebraron dos concilios en Cartago: el primero fue un concilio nacional convocado por Cipriano el año 251 con el objetivo de acabar con las enseñanzas de Novaciano que negaba la absolución a quienes habían renunciado de su fe durante las persecuciones. Este mismo concilio declaró que Cornelio era el legítimo obispo de Roma, negando cualquier legitimidad al antipapa Novaciano.
El año 397 se celebró, también en Cartago, un Concilio Universal. Había por entonces unos 70-90 obispos en Numidia y en Proconsularis, las dos provincias de África romana. Los obispos confirmaron el Canon Bíblico establecido ya en Hipona. En este Concilio se completó el Canon Bíblico con 46 libros del A.T y 27 del N.T.
Comunidades de Nubia y Etiopia
El islam, recién estrenado en Arabia, se extendió con enorme rapidez por todo el norte de África en el siglo VII. La desaparición del imperio romano y su ejército y las muchas herejías que debilitaban la fe de las comunidades cristianas, facilitaron el avance religioso-militar de los seguidores de Mahoma por todo el norte. El reino de Nubia y Etiopía se resistieron a las incursiones del islam. Cuando Cartago, último bastión de los cristianos en la región, cayó en manos de los árabes en el año 697, el rey Mercurio estableció un extenso reino cristiano desde Assuán hasta el Nilo Azul.
Del reino de Mercurio nacieron otros «reinos nubios cristianos» que también resistieron las acometidas islámicas. Estos reinos heredaron la fe cristiana, desaparecida en el norte de África, y la mantuvieron muy viva hasta su desaparición a manos de los turcos islamitas en 1270. Esta resistencia cristiana frente al islam ha pasado muy desapercibida para los historiadores del Sudán.
La presencia cristiana en Etiopía está relacionada con el rey Ezana, quien abrazó el cristianismo y convirtió esta fe en religión oficial de estado el año 327. El reino etíope era un importante centro comercial al que llegaron un buen número de comerciantes judíos y cristianos.
El historiador bizantino Rufino escribió una bella crónica en el siglo VI, describiendo los comienzos y el paso definitivo del reino de Etiopía al cristianismo. La comunidad cristiana ortodoxa de Etiopia sigue vigorosa en la actualidad. La fe cristiana se mantuvo como «religión oficial de Etiopía» hasta el año 1974, año en el que el golpe marxista Mengistu proclamó la libertad de culto en el país.
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Hay textos bíblicos del Nuevo Testamento que se relacionan con la temprana presencia cristiana en África: Simón de Cirene ayudó a Jesús a llevar su cruz (Mc 15,21). Otros de Cirene -al igual que de Alejandría, Libia y Egipto- se mencionan en los Hechos (2,10. 6,9. 11,20. 13,1). También el apóstol Felipe bautizó al administrador de finanzas de Candaces, reina de Etiopía (Hechos 8, 26-38).
Las regiones al norte del Sahara fueron el escenario principal donde florecieron las primeras comunidades cristianas. También penetraron por tierras de Sudán y Etiopía. Sobrevivieron con valentía las persecuciones de diversos emperadores romanos, para sucumbir definitivamente ante la incursión imparable de los seguidores del profeta Mahoma. Los árabes expulsaron a los cristianos por fuerza y se ganaron a la población autóctona de los Bereberes.
Principales comunidades cristianas:
Alejandría, ciudad fundada por Alejandro Magno en el delta del río Nilo, se convirtió en una importante metrópolis de los romanos con una fuerte inmigración de otras partes del imperio. La tradición cristiana defiende que el evangelista Marcos proclamó allí el Evangelio hacia el año 42, y que los primeros cristianos fueron «conversos» de una fuerte colonia judía que vivía en la ciudad. Un gran número de egipcios abrazaron el cristianismo, que se extendió en pocas décadas por todo Egipto. Fue en Alejandría donde se empezó a emplear el símbolo de la cruz de Cristo, que no se usaba en las catacumbas romanas ni aparece en el lábaro de Constantino.
Didaskálion, el centro catequético y teológico más importante de los primeros siglos de la cristiandad, fue fundado por Pantano hacia el año 180, ubicado también en Alejandría con filiales en Cesarea de Palestina y en Panfilia. En este centro alejandrino se usaba el método simbólico-alegórico para el estudio de la Biblia, y no la exégesis literal que defendían otras escuelas.
La comunidad de Cartago, en sus principios, estuvo muy ligada a Tertuliano, acérrimo defensor de la fe y más conocido por sus escritos que por su estilo de vida. Destacó por su intransigencia, negándose a participar en la vida política de la ciudad y negándose también al servicio en el ejército imperial. Esta actitud político-religiosa originó grandes conflictos y mucha violencia, que duraron hasta el siglo IV. A pesar de sus peculiaridades y carácter específico Tertuliano fue reconocido por sus habilidades literarias e inteligencia. San Cipriano, al igual que San Agustín y mucho más tarde Santo Tomás de Aquino se dejaron influir por su abundante producción literaria-doctrinal.
San Agustín, San Cipriano y los mártires Perpetua y Felícitas inmortalizaron el nombre de la iglesia de Cartago. Perpetua, de familia rica y joven madre de un bebé, abrazó el cristianismo con su esclava Felícitas y otras tres personas más. Al negarse a adorar a dioses paganos sufrieron la muerte en el anfiteatro de la ciudad.
Cipriano, también un converso y mártir, fue nombrado obispo de Cartago el año 249. Fue una figura controvertida, y un gran escritor latino. Sus grandes habilidades pastorales y su firmeza contra la herejía novaciana, acallaron a sus críticos.
San Agustín, 354 – 430, fue un gran escritor, teólogo y filósofo cristiano. Se le conoce como el «Doctor de la Gracia» y es uno de los grandes pensadores de todos los tiempos. Convertido al cristianismo, gracias a las oraciones de su madre Mónica y a sus encuentros con San Ambrosio de Milán, fue nombrado obispo de Hipona a finales del 395. Escribió importantes tratados doctrinales y luchó contra las herejías de los maniqueos, los donatistas y el pelagianismo.
Se celebraron dos concilios en Cartago: el primero fue un concilio nacional convocado por Cipriano el año 251 con el objetivo de acabar con las enseñanzas de Novaciano que negaba la absolución a quienes habían renunciado de su fe durante las persecuciones. Este mismo concilio declaró que Cornelio era el legítimo obispo de Roma, negando cualquier legitimidad al antipapa Novaciano.
El año 397 se celebró, también en Cartago, un Concilio Universal. Había por entonces unos 70-90 obispos en Numidia y en Proconsularis, las dos provincias de África romana. Los obispos confirmaron el Canon Bíblico establecido ya en Hipona. En este Concilio se completó el Canon Bíblico con 46 libros del A.T y 27 del N.T.
Comunidades de Nubia y Etiopia
El islam, recién estrenado en Arabia, se extendió con enorme rapidez por todo el norte de África en el siglo VII. La desaparición del imperio romano y su ejército y las muchas herejías que debilitaban la fe de las comunidades cristianas, facilitaron el avance religioso-militar de los seguidores de Mahoma por todo el norte. El reino de Nubia y Etiopía se resistieron a las incursiones del islam. Cuando Cartago, último bastión de los cristianos en la región, cayó en manos de los árabes en el año 697, el rey Mercurio estableció un extenso reino cristiano desde Assuán hasta el Nilo Azul.
Del reino de Mercurio nacieron otros «reinos nubios cristianos» que también resistieron las acometidas islámicas. Estos reinos heredaron la fe cristiana, desaparecida en el norte de África, y la mantuvieron muy viva hasta su desaparición a manos de los turcos islamitas en 1270. Esta resistencia cristiana frente al islam ha pasado muy desapercibida para los historiadores del Sudán.
La presencia cristiana en Etiopía está relacionada con el rey Ezana, quien abrazó el cristianismo y convirtió esta fe en religión oficial de estado el año 327. El reino etíope era un importante centro comercial al que llegaron un buen número de comerciantes judíos y cristianos.
El historiador bizantino Rufino escribió una bella crónica en el siglo VI, describiendo los comienzos y el paso definitivo del reino de Etiopía al cristianismo. La comunidad cristiana ortodoxa de Etiopia sigue vigorosa en la actualidad. La fe cristiana se mantuvo como «religión oficial de Etiopía» hasta el año 1974, año en el que el golpe marxista Mengistu proclamó la libertad de culto en el país.