

Hace 100 años se creía que el ser humano era originario de Asia o Europa. Descubrimientos como los neandertales, el hombre de Java y el Hombre de Pekín, hicieron que los paleo-antropólogos estudiaran preferentemente las cuevas de oriente y occidente en su afán de buscar la cuna de la especie humana.
También los políticos competían entre ellos e invertían personal y dinero buscando la honra de que su país fuera reconocido como el «paraíso» de la humanidad.
Louis Kealey (1903–1970), admirador de su compatriota y famoso naturalista Darwin, desvió a principios del siglo la atención de los antropólogos hacia el continente africano. Fue en los años 30 cuando, acompañado de su primera mujer Mary y unos jóvenes entusiastas, el grupo se instaló en el cráter Ngorongoro (proclamado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad en 1979), justo en la Garganta de Olduvai en Tanzania.
Había una predicción de Darwin (1871): «dado que los gorilas y chimpancés son por ahora los aliados más cercanos al ser humano es probable que África, más que otros lugares, fuera la cuna de nuestros progenitores».
La predicción del naturalista inglés está reafirmada hoy como cierta e inamovible: nuestra especie humana surgió en el continente africano hace unos 300.000 años.
Valle del Rift
La aventura de la dinastía Kealey se inició en los años 30 en la Garganta del Olduvai (proclamada también «Cuna de la Humanidad» por la Unesco) y en los años 60 en el mismo lugar se intensificaron los estudios bajo el mecenazgo de la Sociedad Geográfica. No se trata de un yacimiento, sino de un enorme complejo arqueológico con muchos yacimientos en el cañón formado por el río Olduvai.
La cultura olduvayense se extendió con rapidez por todo el Valle del Rift, desde Etiopía hasta Mozambique. Se trata de una orografía geológica muy rica en volcanes y grandes lagos. Los fenómenos de la sedimentación han generado importantes estratos de restos fosilizados y huellas de homínidos humanos y pre-humanos.
En la depresión del Afar en Etiopía los sedimentos erosionados por el río Awash han hecho aflorar numerosos fósiles de una antigüedad de entre 4 y 2 millones de años; la zona es conocida por el descubrimiento el 24 de noviembre del 1974 del esqueleto del Austrolopithecus afarensis, conocido por «Lucy».
También en Karari, a orillas del lago Turkana en Kenia, se han descubierto yacimientos de gran valor en fósiles y restos de huesos fracturados por percusión. Al norte del mismo lago se encuentra la formación Shungura, donde la erosión del río Omo dejó también al descubierto piezas talladas hace dos millones y medio de años.
Se han descubierto, así mismo, yacimientos relevantes en Zambia, en Chad y hasta en Mozambique. A lo largo de todo el Valle del Rift la conservación de los fósiles es más fiable que en otros lugares de África.
Sudáfrica
La Unesco en 1999 otorgó el honor de «Cuna de la Humanidad» a un complejo de cuevas, a 40 km de Johanesburgo, en los que se han hallado el 40% de fósiles existentes hasta ahora de ancestros humanos. Los yacimientos se extienden por una superficie de 474 km2 con una rica variedad de cuevas de caliza. Entre ellas se encuentra el famoso yacimiento Sterkfontein, donde se encontró «Little foot» (el esqueleto casi completo de un niño) de hace 3,7 millones de años.
Detallar las fechas de los fósiles de la cueva Sterkfontein es complicado, pues las rocas y los huesos cayeron al fondo de un enorme agujero. En el este de África, a lo largo del Valle del Rift es mucho más fácil identificar la antigüedad de los fósiles porque sus volcanes han depositado capas de ceniza que facilitan la identificación de su antigüedad.
Gran parte de los fósiles, encontrados en estas cuevas, serían un millón de años más antiguos de lo que se creía. Tendrían, probablemente, tres millones y medio de antigüedad. Lo que incluso los haría anteriores al gran hallazgo de «Lucy» en Etiopía. Fue Raymond Dart quien identificó en 1924 el primer fósil de homínido del continente, conocido como el «Niño Taung» cerca de la ciudad de Taung.
Otros restos de homínidos provienen de las provincias de Limpopo, Free State, KwaZulu y Natal. También hay yacimientos importantes en la desembocadura del río Klasies en Eastern Point. Restos que prueban que en Sudáfrica había homínidos desde hace 3 millones de años, y los modernos seres humanos han vivido en esta región durante al menos 170.000 años.
Marruecos y Argelia
En la última década la atención de los científicos se ha centrado en el Norte de África. Antes de la desecación del Sáhara la región conoció, seguramente, las fases de la Edad de Piedra, desde el Olduvayense hasta el Neolítico.
En junio del 2017 los medios de comunicación anunciaron el encuentro de los restos más antiguos del Homo Sapiens en el yacimiento de Jebel Irhoud en Marruecos. Los hallazgos evidencian que la especie humana se remontaba a más de 300.000 años y no a los 200.000 como se creía hasta ahora.
También en Argelia se han encontrado yacimientos de suma importancia: Ain Hanech, a unos 100 km del litoral del país, es uno de los más conocidos y donde se han encontrado los residuos arqueológicos más antiguos del norte de África. Los investigadores concluyen que las herramientas líticas que fabricaban los primeros homínidos en esta región argelina son contemporáneas a las que se encontraron anteriormente en África Oriental.
Hasta hace pocos años se creía que el Homo Sapiens tenía su origen en el Valle del Rift. Tras los descubrimientos en Sudáfrica y en el Norte de África los científicos han cambiado de opinión. A día de hoy el continente africano, en su totalidad, es el «Jardín del Edén».
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Hace 100 años se creía que el ser humano era originario de Asia o Europa. Descubrimientos como los neandertales, el hombre de Java y el Hombre de Pekín, hicieron que los paleo-antropólogos estudiaran preferentemente las cuevas de oriente y occidente en su afán de buscar la cuna de la especie humana.
También los políticos competían entre ellos e invertían personal y dinero buscando la honra de que su país fuera reconocido como el «paraíso» de la humanidad.
Louis Kealey (1903–1970), admirador de su compatriota y famoso naturalista Darwin, desvió a principios del siglo la atención de los antropólogos hacia el continente africano. Fue en los años 30 cuando, acompañado de su primera mujer Mary y unos jóvenes entusiastas, el grupo se instaló en el cráter Ngorongoro (proclamado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad en 1979), justo en la Garganta de Olduvai en Tanzania.
Había una predicción de Darwin (1871): «dado que los gorilas y chimpancés son por ahora los aliados más cercanos al ser humano es probable que África, más que otros lugares, fuera la cuna de nuestros progenitores».
La predicción del naturalista inglés está reafirmada hoy como cierta e inamovible: nuestra especie humana surgió en el continente africano hace unos 300.000 años.
Valle del Rift
La aventura de la dinastía Kealey se inició en los años 30 en la Garganta del Olduvai (proclamada también «Cuna de la Humanidad» por la Unesco) y en los años 60 en el mismo lugar se intensificaron los estudios bajo el mecenazgo de la Sociedad Geográfica. No se trata de un yacimiento, sino de un enorme complejo arqueológico con muchos yacimientos en el cañón formado por el río Olduvai.
La cultura olduvayense se extendió con rapidez por todo el Valle del Rift, desde Etiopía hasta Mozambique. Se trata de una orografía geológica muy rica en volcanes y grandes lagos. Los fenómenos de la sedimentación han generado importantes estratos de restos fosilizados y huellas de homínidos humanos y pre-humanos.
En la depresión del Afar en Etiopía los sedimentos erosionados por el río Awash han hecho aflorar numerosos fósiles de una antigüedad de entre 4 y 2 millones de años; la zona es conocida por el descubrimiento el 24 de noviembre del 1974 del esqueleto del Austrolopithecus afarensis, conocido por «Lucy».
También en Karari, a orillas del lago Turkana en Kenia, se han descubierto yacimientos de gran valor en fósiles y restos de huesos fracturados por percusión. Al norte del mismo lago se encuentra la formación Shungura, donde la erosión del río Omo dejó también al descubierto piezas talladas hace dos millones y medio de años.
Se han descubierto, así mismo, yacimientos relevantes en Zambia, en Chad y hasta en Mozambique. A lo largo de todo el Valle del Rift la conservación de los fósiles es más fiable que en otros lugares de África.
Sudáfrica
La Unesco en 1999 otorgó el honor de «Cuna de la Humanidad» a un complejo de cuevas, a 40 km de Johanesburgo, en los que se han hallado el 40% de fósiles existentes hasta ahora de ancestros humanos. Los yacimientos se extienden por una superficie de 474 km2 con una rica variedad de cuevas de caliza. Entre ellas se encuentra el famoso yacimiento Sterkfontein, donde se encontró «Little foot» (el esqueleto casi completo de un niño) de hace 3,7 millones de años.
Detallar las fechas de los fósiles de la cueva Sterkfontein es complicado, pues las rocas y los huesos cayeron al fondo de un enorme agujero. En el este de África, a lo largo del Valle del Rift es mucho más fácil identificar la antigüedad de los fósiles porque sus volcanes han depositado capas de ceniza que facilitan la identificación de su antigüedad.
Gran parte de los fósiles, encontrados en estas cuevas, serían un millón de años más antiguos de lo que se creía. Tendrían, probablemente, tres millones y medio de antigüedad. Lo que incluso los haría anteriores al gran hallazgo de «Lucy» en Etiopía. Fue Raymond Dart quien identificó en 1924 el primer fósil de homínido del continente, conocido como el «Niño Taung» cerca de la ciudad de Taung.
Otros restos de homínidos provienen de las provincias de Limpopo, Free State, KwaZulu y Natal. También hay yacimientos importantes en la desembocadura del río Klasies en Eastern Point. Restos que prueban que en Sudáfrica había homínidos desde hace 3 millones de años, y los modernos seres humanos han vivido en esta región durante al menos 170.000 años.
Marruecos y Argelia
En la última década la atención de los científicos se ha centrado en el Norte de África. Antes de la desecación del Sáhara la región conoció, seguramente, las fases de la Edad de Piedra, desde el Olduvayense hasta el Neolítico.
En junio del 2017 los medios de comunicación anunciaron el encuentro de los restos más antiguos del Homo Sapiens en el yacimiento de Jebel Irhoud en Marruecos. Los hallazgos evidencian que la especie humana se remontaba a más de 300.000 años y no a los 200.000 como se creía hasta ahora.
También en Argelia se han encontrado yacimientos de suma importancia: Ain Hanech, a unos 100 km del litoral del país, es uno de los más conocidos y donde se han encontrado los residuos arqueológicos más antiguos del norte de África. Los investigadores concluyen que las herramientas líticas que fabricaban los primeros homínidos en esta región argelina son contemporáneas a las que se encontraron anteriormente en África Oriental.
Hasta hace pocos años se creía que el Homo Sapiens tenía su origen en el Valle del Rift. Tras los descubrimientos en Sudáfrica y en el Norte de África los científicos han cambiado de opinión. A día de hoy el continente africano, en su totalidad, es el «Jardín del Edén».