

Dentro de este número global de niños privados de su derecho a la educación escolar, hay un grupo particularmente penoso: es el siempre creciente de los niños migrantes y desarraigados de África.
El 60% de todos los refugiados de los países africanos son niños, obligados a abandonar su entorno familiar. Su número supera los 13,5 millones: 6 millones y medio son migrantes internacionales y los 7 millones restantes desplazados internos.
Hay infinidad de factores que motivan las inmigraciones y los desplazamientos de menores en África: conflictos armados y violencia, cambios de clima que convierten extensas regiones (antes pobladas) en tierras inhabitables, persecución religiosa, hambre y pobreza.
La precariedad de los programas de formación en la mayoría de nuestros países, además de la falta de visión o interés de los políticos, hace que los niños en edad escolar tengan que enfrentarse también a retos como: instalaciones inadecuadas, falta de un mínimo material escolar, escasez de profesores y falta de escuelas.
¿Dónde y cómo viven los niños desplazados?
A finales del año 2022 UNICEF contabilizaba más de 35 millones de niños/as, como migrantes internacionales, que huyen de su situación de pobreza. Entre las personas refugiadas y migrantes que llegaron a Grecia, Italia, Bulgaria, España, Serbia, Bosnia y otros países europeos se contabilizaron 34.362 niños. Más de 18.000 de ellos llegaron sin sus progenitores. El mismo año había, también, en el mundo 44.000 niños que vivían en situación de desplazamiento interno motivado por conflictos, violencia y desastres.
Tanto quienes emigran a Europa, como los que permanecen en nuestros países, sufren enormes carencias. Varios países en Europa no garantizan una adecuada acogida. Muchos de estos niños, sobre todo los que llegan sin sus progenitores, sufren agresiones racistas y llegan a la mayoría de edad sin haber logrado su inclusión social.
La mayoría de estos casi 14 millones de desplazados malviven en centros de tránsito o campos de refugiados, a donde llegan tan solo con la ropa puesta. Su seguridad en estos campos o centros tampoco está garantizada. Hay demasiados casos de violencia, acoso e intimidación. Las condiciones higiénicas y la alimentación que reciben los niños son también precarias. En octubre de este mismo año 23 niños fueron asesinados en el campo de refugiados de Lala, en la R.D. del Congo.
En todos los países subsaharianos hay una rica diversidad de centros de tránsito y campos de desarraigados. Kakuma en Kenia es uno de los mayores del mundo con una población de 162.000 personas, procedentes en su mayoría del Sudán del Sur y Somalia. Viven también en el campamento 14.000 niños no acompañados, llegados al lugar solos, sin sus padres.
El segundo campo mayor es Bidi Bidi en el norte de Uganda, con una población de 250 mil habitantes, de los que 200 mil son menores de edad. Cada día llegan a este campo unas 6.000 personas, escapándose del Sudán del Sur. Bidi Bidi se ha convertido en una ciudad, con tiendas, variedad de servicios y grandes terrenos de cultivo.
Los desplazamientos forzados de niños en nuestra región son permanentes. Estas últimas semanas más de 3.000 niños han huido de la violencia en Burundi, donde se retrasaron indefinidamente las elecciones presidenciales, programadas para junio. El retraso ha sembrado el pánico y la violencia por todo el país.
La inestabilidad hace que miles de niños de Burundi, solos y la mayoría de ellos a pie, lleguen hasta los campos de refugiados en Tanzania, Ruanda y Uganda. Se trata de largas y sufridas caminatas, lejos de sus familias, animados por encontrar un mínimo de alivio y seguridad en la triste soledad de los centros para refugiados.
¿Es adecuada la educación que reciben?
El derecho universal a una educación adecuada para niños migrantes y desplazados fue oficialmente declarado y aprobado en Nueva York el año 2016. Según esa declaración, universalmente aceptada, tienen un derecho inalienable a una adecuada escolarización. Se trata de un derecho reconocido en teoría, pero desafiado cada día en las aulas y patios escolares, y rotundamente negado por algunos gobiernos.
La escolarización de los niños migrantes está garantizada en la mayoría de los países europeos, aunque en sus primeras etapas escolares tengan que superar diferentes dificultades como, el cambio cultural y el aprendizaje de un idioma extraño.
El desafío es mucho mayor para quienes sufren su desplazamiento o emigración en África. De los 7 millones de desplazados en nuestro continente, según ACNUR, el 55% de ellos no asisten a la escuela. El abanico de oportunidades para su educación adecuada cambia de región a región: mientras países de acogida como Chad, Etiopía y Uganda implementan políticas de educación inclusiva para los inmigrantes en su tierra, otros los descartan sistemáticamente. Kenia, por ejemplo, acepta que sus inmigrantes se beneficien de sus sistemas educativos, pero no logra una inclusión total porque viven en campos de refugiados sin interactuar con sus compañeros kenianos.
El desafío primordial es encontrar los recursos necesarios para proporcionar las infraestructuras y las herramientas adecuadas para impartir una educación de calidad y construir nuevas escuelas y aumentar las tasas de matriculación.
UNICEF, ACNUR, INS
Estas tres y otras instituciones privadas, llevan el peso de la educación de los migrantes en África. En diciembre del 2019 el programa INS anunció la ampliación de su presencia hasta en 300 escuelas para niños refugiados en África para el año 2025. En la última década este programa ha beneficiado a más de 126.000 estudiantes desplazados y a más de 1.200 profesores en 56 escuelas de Kenia, Tanzania, R.D. del Congo, Mozambique y Sudán del Sur.
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Dentro de este número global de niños privados de su derecho a la educación escolar, hay un grupo particularmente penoso: es el siempre creciente de los niños migrantes y desarraigados de África.
El 60% de todos los refugiados de los países africanos son niños, obligados a abandonar su entorno familiar. Su número supera los 13,5 millones: 6 millones y medio son migrantes internacionales y los 7 millones restantes desplazados internos.
Hay infinidad de factores que motivan las inmigraciones y los desplazamientos de menores en África: conflictos armados y violencia, cambios de clima que convierten extensas regiones (antes pobladas) en tierras inhabitables, persecución religiosa, hambre y pobreza.
La precariedad de los programas de formación en la mayoría de nuestros países, además de la falta de visión o interés de los políticos, hace que los niños en edad escolar tengan que enfrentarse también a retos como: instalaciones inadecuadas, falta de un mínimo material escolar, escasez de profesores y falta de escuelas.
¿Dónde y cómo viven los niños desplazados?
A finales del año 2022 UNICEF contabilizaba más de 35 millones de niños/as, como migrantes internacionales, que huyen de su situación de pobreza. Entre las personas refugiadas y migrantes que llegaron a Grecia, Italia, Bulgaria, España, Serbia, Bosnia y otros países europeos se contabilizaron 34.362 niños. Más de 18.000 de ellos llegaron sin sus progenitores. El mismo año había, también, en el mundo 44.000 niños que vivían en situación de desplazamiento interno motivado por conflictos, violencia y desastres.
Tanto quienes emigran a Europa, como los que permanecen en nuestros países, sufren enormes carencias. Varios países en Europa no garantizan una adecuada acogida. Muchos de estos niños, sobre todo los que llegan sin sus progenitores, sufren agresiones racistas y llegan a la mayoría de edad sin haber logrado su inclusión social.
La mayoría de estos casi 14 millones de desplazados malviven en centros de tránsito o campos de refugiados, a donde llegan tan solo con la ropa puesta. Su seguridad en estos campos o centros tampoco está garantizada. Hay demasiados casos de violencia, acoso e intimidación. Las condiciones higiénicas y la alimentación que reciben los niños son también precarias. En octubre de este mismo año 23 niños fueron asesinados en el campo de refugiados de Lala, en la R.D. del Congo.
En todos los países subsaharianos hay una rica diversidad de centros de tránsito y campos de desarraigados. Kakuma en Kenia es uno de los mayores del mundo con una población de 162.000 personas, procedentes en su mayoría del Sudán del Sur y Somalia. Viven también en el campamento 14.000 niños no acompañados, llegados al lugar solos, sin sus padres.
El segundo campo mayor es Bidi Bidi en el norte de Uganda, con una población de 250 mil habitantes, de los que 200 mil son menores de edad. Cada día llegan a este campo unas 6.000 personas, escapándose del Sudán del Sur. Bidi Bidi se ha convertido en una ciudad, con tiendas, variedad de servicios y grandes terrenos de cultivo.
Los desplazamientos forzados de niños en nuestra región son permanentes. Estas últimas semanas más de 3.000 niños han huido de la violencia en Burundi, donde se retrasaron indefinidamente las elecciones presidenciales, programadas para junio. El retraso ha sembrado el pánico y la violencia por todo el país.
La inestabilidad hace que miles de niños de Burundi, solos y la mayoría de ellos a pie, lleguen hasta los campos de refugiados en Tanzania, Ruanda y Uganda. Se trata de largas y sufridas caminatas, lejos de sus familias, animados por encontrar un mínimo de alivio y seguridad en la triste soledad de los centros para refugiados.
¿Es adecuada la educación que reciben?
El derecho universal a una educación adecuada para niños migrantes y desplazados fue oficialmente declarado y aprobado en Nueva York el año 2016. Según esa declaración, universalmente aceptada, tienen un derecho inalienable a una adecuada escolarización. Se trata de un derecho reconocido en teoría, pero desafiado cada día en las aulas y patios escolares, y rotundamente negado por algunos gobiernos.
La escolarización de los niños migrantes está garantizada en la mayoría de los países europeos, aunque en sus primeras etapas escolares tengan que superar diferentes dificultades como, el cambio cultural y el aprendizaje de un idioma extraño.
El desafío es mucho mayor para quienes sufren su desplazamiento o emigración en África. De los 7 millones de desplazados en nuestro continente, según ACNUR, el 55% de ellos no asisten a la escuela. El abanico de oportunidades para su educación adecuada cambia de región a región: mientras países de acogida como Chad, Etiopía y Uganda implementan políticas de educación inclusiva para los inmigrantes en su tierra, otros los descartan sistemáticamente. Kenia, por ejemplo, acepta que sus inmigrantes se beneficien de sus sistemas educativos, pero no logra una inclusión total porque viven en campos de refugiados sin interactuar con sus compañeros kenianos.
El desafío primordial es encontrar los recursos necesarios para proporcionar las infraestructuras y las herramientas adecuadas para impartir una educación de calidad y construir nuevas escuelas y aumentar las tasas de matriculación.
UNICEF, ACNUR, INS
Estas tres y otras instituciones privadas, llevan el peso de la educación de los migrantes en África. En diciembre del 2019 el programa INS anunció la ampliación de su presencia hasta en 300 escuelas para niños refugiados en África para el año 2025. En la última década este programa ha beneficiado a más de 126.000 estudiantes desplazados y a más de 1.200 profesores en 56 escuelas de Kenia, Tanzania, R.D. del Congo, Mozambique y Sudán del Sur.