

Hoy la iglesia africana cuenta con 36.535 sacerdotes nativos diocesanos y 15.000 religiosos. Tiene, también, 9.200 religiosos no sacerdotes y 80.000 religiosas.
Entre los años 1960 y 2000 el crecimiento del clero nativo fue constante: en cuatro décadas pasamos de 1 a 14 cardenales, de 40 a 405 obispos, de 2.000 a 15.535 sacerdotes diocesanos. El año 2000 teníamos más de 17.000 seminaristas.
Las palabras de Pablo VI en Kampala en noviembre del 1969: «Desde ahora, vosotros sois vuestros propios misioneros», y las de Benedicto XVI en 2009, al inaugurar en Roma el Sínodo especial de los Obispos sobre África: «África es el pulmón espiritual para una humanidad en crisis de fe y esperanza» son hoy una dulce realidad.
El mapa de nuestros seminarios
La R.D. del Congo es la nación con el mayor número de seminarios y seminaristas: tiene 25 seminarios mayores con 1.600 seminaristas; 35 seminarios propedéuticos y un importante número de seminarios menores. Hay también parroquias donde los jóvenes se preparan antes de entrar al seminario, son una especie de seminarios de campaña. Es la república conocida como el «país de los 100 seminarios».
El seminario San Pedro y San Pablo de Ibadán (Nigeria) es el mayor del continente. Abrió sus puertas el año 1908 y acoge hoy a jóvenes de 15 diócesis que se preparan para el sacerdocio. Desde el 1969 sus rectores y profesores son todos nativos; el promedio de ordenaciones sacerdotales es de 50 por año.
El seminario más pequeño de Nigeria es el del Buen Pastor de Kaduna, con 147 seminaristas. En enero del 2020 cuatro de los seminaristas fueron secuestrados por los yihadistas del Boko Haram; Michael Nnadi, uno de los 4, fue asesinado cuando recordó algunas palabras del Evangelio a uno de sus secuestradores.
El seminario más antiguo del continente es Santo Tomás de Aquino de Katigondo, en Uganda. Con 253 seminaristas y 14 profesores es una referencia para la iglesia de Uganda. Por sus aulas han pasado 4.000 seminaristas en el último siglo. Los Padres Blancos, que buscaron siempre que la iglesia fuera verdaderamente africana, abrieron este primer centro para la formación del clero nativo.
Al ser el primer seminario en la región subsahariana jóvenes de Tanzania, Rwanda y Sudán acudían a este centro. De los estudiantes de Santo Tomás han salido 27 obispos y 2 cardenales: Laurent Rugambwa y Emmanuel Nsubuga.
El 50% de las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada se concentran en Nigeria, R.D. del Congo, Tanzania y Uganda. Son comunidades cristianas donde los primeros misioneros hicieron de la formación del clero diocesano su prioridad.
Los llamados, tanto al sacerdocio como a la vida religiosa, vienen en su gran mayoría de familias pobres. Los costes económicos para su formación y para su mantenimiento son enormes: El Vaticano y otras Organizaciones, gracias a la generosidad de los cristianos, cubren los gastos de los seminarios diocesanos; mientras las Órdenes y Congregaciones religiosas costean la formación de sus candidatos.
Retos y logros de nuestros métodos de formación
El congreso sobre el «sacerdocio», celebrado en Roma en febrero del 2023, identificó los retos más importantes que debemos encarar en los sistemas de formación de nuestros seminarios. Nuestros formadores se enfrentan a una crisis de fondo, que se produce cuando la base doctrinal del sacerdocio no es correcta y afecta a la identidad misma del sacerdote y a su actividad pastoral.
El tema más espinoso es la identificación del sacerdocio con el poder, algo bastante común y que choca frontalmente en el contexto cultural africano.
Al sacerdote no se le puede identificar con los atributos de «jefe». Los sistemas de formación de nuestros seminarios pueden distorsionar la auténtica identidad del sacerdocio. Hay seminarios en los que el acento tan solo se pone en lo académico, descuidando todos los demás valores. En la mente del seminarista este tipo de formación le identifica con quienes estudian para ser abogados, médicos o funcionarios del gobierno: una vez completados los estudios tengo el derecho a ser abogado, sacerdote o médico.
Cuando los sistemas educativos descuidan los valores espirituales y los valores humanos, tan necesarios para nuestros jóvenes seminaristas, se desfigura en sus mentes la verdadera identidad del sacerdocio: el sacerdocio católico es don, es servicio, es gratuidad.
Otro reto es que un buen número de sacerdotes africanos buscan ampliar sus estudios en países extranjeros. Un deseo laudable si fuera para mejorar su vida y actividades pastorales. Lo negativo de la situación es que en muchos casos se trata de aliviar su situación financiera, por lo que cuando vuelven con licenciaturas y doctorados de Italia, Alemania o Bélgica exigen a sus obispos campos de apostolado más atractivos que una parroquia rural.
Tenemos también en nuestra iglesia africana una nueva Asociación Misionera de sacerdotes: los MSP (Sociedad de Misioneros de San Pablo) con muchos de sus miembros trabajando ya en América, Europa y en diferentes naciones de África.
Las motivaciones para que un joven entre al seminario son muy diversas: Hay quienes entran porque lo ven como su única oportunidad para una buena educación. Otros buscan el poder y el prestigio del sacerdote en la sociedad. Los padres, con mucha prole y poco dinero, animan también a sus hijos e hijas a que entren en seminarios y en centros de formación religiosa. El prestigio de la Iglesia Católica por sus actividades sociales, y la cultura religiosa del pueblo africano, son también razones para esta abundancia de vocaciones.
Un logro importante es que los formadores, con mucha paciencia y habilidad, logran transformar estos valores iniciales del seminarista -un tanto mundanos con frecuencia- transformándolos en valores cristianos que les ayudan a descubrir la belleza del sacerdocio.
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Hoy la iglesia africana cuenta con 36.535 sacerdotes nativos diocesanos y 15.000 religiosos. Tiene, también, 9.200 religiosos no sacerdotes y 80.000 religiosas.
Entre los años 1960 y 2000 el crecimiento del clero nativo fue constante: en cuatro décadas pasamos de 1 a 14 cardenales, de 40 a 405 obispos, de 2.000 a 15.535 sacerdotes diocesanos. El año 2000 teníamos más de 17.000 seminaristas.
Las palabras de Pablo VI en Kampala en noviembre del 1969: «Desde ahora, vosotros sois vuestros propios misioneros», y las de Benedicto XVI en 2009, al inaugurar en Roma el Sínodo especial de los Obispos sobre África: «África es el pulmón espiritual para una humanidad en crisis de fe y esperanza» son hoy una dulce realidad.
El mapa de nuestros seminarios
La R.D. del Congo es la nación con el mayor número de seminarios y seminaristas: tiene 25 seminarios mayores con 1.600 seminaristas; 35 seminarios propedéuticos y un importante número de seminarios menores. Hay también parroquias donde los jóvenes se preparan antes de entrar al seminario, son una especie de seminarios de campaña. Es la república conocida como el «país de los 100 seminarios».
El seminario San Pedro y San Pablo de Ibadán (Nigeria) es el mayor del continente. Abrió sus puertas el año 1908 y acoge hoy a jóvenes de 15 diócesis que se preparan para el sacerdocio. Desde el 1969 sus rectores y profesores son todos nativos; el promedio de ordenaciones sacerdotales es de 50 por año.
El seminario más pequeño de Nigeria es el del Buen Pastor de Kaduna, con 147 seminaristas. En enero del 2020 cuatro de los seminaristas fueron secuestrados por los yihadistas del Boko Haram; Michael Nnadi, uno de los 4, fue asesinado cuando recordó algunas palabras del Evangelio a uno de sus secuestradores.
El seminario más antiguo del continente es Santo Tomás de Aquino de Katigondo, en Uganda. Con 253 seminaristas y 14 profesores es una referencia para la iglesia de Uganda. Por sus aulas han pasado 4.000 seminaristas en el último siglo. Los Padres Blancos, que buscaron siempre que la iglesia fuera verdaderamente africana, abrieron este primer centro para la formación del clero nativo.
Al ser el primer seminario en la región subsahariana jóvenes de Tanzania, Rwanda y Sudán acudían a este centro. De los estudiantes de Santo Tomás han salido 27 obispos y 2 cardenales: Laurent Rugambwa y Emmanuel Nsubuga.
El 50% de las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada se concentran en Nigeria, R.D. del Congo, Tanzania y Uganda. Son comunidades cristianas donde los primeros misioneros hicieron de la formación del clero diocesano su prioridad.
Los llamados, tanto al sacerdocio como a la vida religiosa, vienen en su gran mayoría de familias pobres. Los costes económicos para su formación y para su mantenimiento son enormes: El Vaticano y otras Organizaciones, gracias a la generosidad de los cristianos, cubren los gastos de los seminarios diocesanos; mientras las Órdenes y Congregaciones religiosas costean la formación de sus candidatos.
Retos y logros de nuestros métodos de formación
El congreso sobre el «sacerdocio», celebrado en Roma en febrero del 2023, identificó los retos más importantes que debemos encarar en los sistemas de formación de nuestros seminarios. Nuestros formadores se enfrentan a una crisis de fondo, que se produce cuando la base doctrinal del sacerdocio no es correcta y afecta a la identidad misma del sacerdote y a su actividad pastoral.
El tema más espinoso es la identificación del sacerdocio con el poder, algo bastante común y que choca frontalmente en el contexto cultural africano.
Al sacerdote no se le puede identificar con los atributos de «jefe». Los sistemas de formación de nuestros seminarios pueden distorsionar la auténtica identidad del sacerdocio. Hay seminarios en los que el acento tan solo se pone en lo académico, descuidando todos los demás valores. En la mente del seminarista este tipo de formación le identifica con quienes estudian para ser abogados, médicos o funcionarios del gobierno: una vez completados los estudios tengo el derecho a ser abogado, sacerdote o médico.
Cuando los sistemas educativos descuidan los valores espirituales y los valores humanos, tan necesarios para nuestros jóvenes seminaristas, se desfigura en sus mentes la verdadera identidad del sacerdocio: el sacerdocio católico es don, es servicio, es gratuidad.
Otro reto es que un buen número de sacerdotes africanos buscan ampliar sus estudios en países extranjeros. Un deseo laudable si fuera para mejorar su vida y actividades pastorales. Lo negativo de la situación es que en muchos casos se trata de aliviar su situación financiera, por lo que cuando vuelven con licenciaturas y doctorados de Italia, Alemania o Bélgica exigen a sus obispos campos de apostolado más atractivos que una parroquia rural.
Tenemos también en nuestra iglesia africana una nueva Asociación Misionera de sacerdotes: los MSP (Sociedad de Misioneros de San Pablo) con muchos de sus miembros trabajando ya en América, Europa y en diferentes naciones de África.
Las motivaciones para que un joven entre al seminario son muy diversas: Hay quienes entran porque lo ven como su única oportunidad para una buena educación. Otros buscan el poder y el prestigio del sacerdote en la sociedad. Los padres, con mucha prole y poco dinero, animan también a sus hijos e hijas a que entren en seminarios y en centros de formación religiosa. El prestigio de la Iglesia Católica por sus actividades sociales, y la cultura religiosa del pueblo africano, son también razones para esta abundancia de vocaciones.
Un logro importante es que los formadores, con mucha paciencia y habilidad, logran transformar estos valores iniciales del seminarista -un tanto mundanos con frecuencia- transformándolos en valores cristianos que les ayudan a descubrir la belleza del sacerdocio.