Cada rostro refleja un proceso distinto, un camino propio, pero todos están unidos por un mismo lazo: el programa de apadrinamiento de OSCAR DE PERÚ, que desde hace años camina junto a ellos, sosteniendo sus sueños y fortaleciendo a sus familias, gracias al apoyo solidario canalizado a través de Obra Máxima.
Basta observar con atención para comprender su verdadero significado. En primera fila están los niños y niñas más pequeños; algunos aún en brazos, otros dando sus primeros pasos en espacios educativos y formativos. Junto a ellos aparecen adolescentes y jóvenes que han crecido dentro del proceso, y alrededor, madres y padres que acompañan, cuidan y confían. Esta diversidad no es casual: expresa una atención integral, pensada para responder a las distintas etapas de la vida y a las realidades concretas de cada familia.
En OSCAR DE PERÚ, el apadrinamiento no se reduce a una ayuda económica. Es un proceso continuo de acompañamiento humano, que pone en el centro al niño, pero que reconoce que su bienestar depende del entorno familiar y comunitario.
Por ello, junto al apoyo educativo, el refuerzo escolar y los espacios de desarrollo personal, se trabaja de manera cercana con madres, padres y cuidadores, fortaleciendo vínculos familiares, promoviendo una crianza más protectora y generando confianza.
La presencia activa de tantas mujeres adultas en las imágenes lo confirma. Son madres que participan, que se involucran y que confían en el proceso, porque saben que el acompañamiento no es solo para sus hijos, sino también para ellas. El apadrinamiento se convierte así en una oportunidad real para romper ciclos de exclusión, fortalecer la autoestima familiar y construir proyectos de vida más dignos y sostenibles.
No son solo mensajes; son valores que se viven y se aprenden juntos. Estas actividades comunitarias forman parte esencial del trabajo de OSCAR DE PERÚ y son posibles gracias al respaldo constante de los padrinos y madrinas. A través de ellas, las familias no solo reciben apoyo, sino que se reconocen como sujetos de derechos, participan activamente y fortalecen su sentido de pertenencia. Los niños aprenden que su voz importa; los adolescentes descubren que pueden involucrarse y liderar; los adultos acompañan con orgullo y responsabilidad.
El programa de apadrinamiento, es un esfuerzo compartido que nace de la esperanza. Que tantas personas se reúnan voluntariamente en estos espacios no es un hecho menor. En contextos marcados por la precariedad, participar exige tiempo, esfuerzo y convicción. Estas imágenes demuestran algo fundamental: las familias quieren mejorar su vida y están dispuestas a hacerlo de manera activa. Asistir, organizarse, acompañar a sus hijos y participar en campañas comunitarias es una decisión consciente que refleja esperanza y compromiso.
Los adolescentes que hoy aparecen al fondo de las fotografías son testimonio vivo de ese proceso. Muchos llegaron siendo niños y hoy continúan su camino con mayores herramientas, sueños más claros y una mirada distinta sobre su futuro. El apadrinamiento, sostenido en el tiempo, les permitió mantenerse en la escuela, desarrollar habilidades y crecer dentro de una comunidad que cree en ellos.
Nada de lo que muestran estas imágenes sería posible sin la solidaridad generosa de las personas y familias españolas que, a través de Obra Máxima, han decidido apadrinar a niños y niñas en el Perú. Cada padrino y madrina se convierte en parte de esta comunidad, aunque viva a miles de kilómetros de distancia. Su apoyo constante no solo cubre necesidades materiales; transmite cercanía, esperanza y compromiso.
Hoy, estas imágenes nos recuerdan que aún hay niños y niñas que esperan ser parte de este proceso. La invitación es sencilla y nace del corazón: sumarse al apadrinamiento es creer en el esfuerzo de estas familias y acompañarlas en su deseo de vivir mejor. A través de Obra Máxima, cada nuevo padrino o madrina se convierte en un puente de fraternidad entre España y el Perú.
Porque cuando la solidaridad cruza fronteras, no solo cambia una vida: transforma familias, comunidades y futuros enteros.
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Cada rostro refleja un proceso distinto, un camino propio, pero todos están unidos por un mismo lazo: el programa de apadrinamiento de OSCAR DE PERÚ, que desde hace años camina junto a ellos, sosteniendo sus sueños y fortaleciendo a sus familias, gracias al apoyo solidario canalizado a través de Obra Máxima.
Basta observar con atención para comprender su verdadero significado. En primera fila están los niños y niñas más pequeños; algunos aún en brazos, otros dando sus primeros pasos en espacios educativos y formativos. Junto a ellos aparecen adolescentes y jóvenes que han crecido dentro del proceso, y alrededor, madres y padres que acompañan, cuidan y confían. Esta diversidad no es casual: expresa una atención integral, pensada para responder a las distintas etapas de la vida y a las realidades concretas de cada familia.
En OSCAR DE PERÚ, el apadrinamiento no se reduce a una ayuda económica. Es un proceso continuo de acompañamiento humano, que pone en el centro al niño, pero que reconoce que su bienestar depende del entorno familiar y comunitario.
Por ello, junto al apoyo educativo, el refuerzo escolar y los espacios de desarrollo personal, se trabaja de manera cercana con madres, padres y cuidadores, fortaleciendo vínculos familiares, promoviendo una crianza más protectora y generando confianza.
La presencia activa de tantas mujeres adultas en las imágenes lo confirma. Son madres que participan, que se involucran y que confían en el proceso, porque saben que el acompañamiento no es solo para sus hijos, sino también para ellas. El apadrinamiento se convierte así en una oportunidad real para romper ciclos de exclusión, fortalecer la autoestima familiar y construir proyectos de vida más dignos y sostenibles.
No son solo mensajes; son valores que se viven y se aprenden juntos. Estas actividades comunitarias forman parte esencial del trabajo de OSCAR DE PERÚ y son posibles gracias al respaldo constante de los padrinos y madrinas. A través de ellas, las familias no solo reciben apoyo, sino que se reconocen como sujetos de derechos, participan activamente y fortalecen su sentido de pertenencia. Los niños aprenden que su voz importa; los adolescentes descubren que pueden involucrarse y liderar; los adultos acompañan con orgullo y responsabilidad.
El programa de apadrinamiento, es un esfuerzo compartido que nace de la esperanza. Que tantas personas se reúnan voluntariamente en estos espacios no es un hecho menor. En contextos marcados por la precariedad, participar exige tiempo, esfuerzo y convicción. Estas imágenes demuestran algo fundamental: las familias quieren mejorar su vida y están dispuestas a hacerlo de manera activa. Asistir, organizarse, acompañar a sus hijos y participar en campañas comunitarias es una decisión consciente que refleja esperanza y compromiso.
Los adolescentes que hoy aparecen al fondo de las fotografías son testimonio vivo de ese proceso. Muchos llegaron siendo niños y hoy continúan su camino con mayores herramientas, sueños más claros y una mirada distinta sobre su futuro. El apadrinamiento, sostenido en el tiempo, les permitió mantenerse en la escuela, desarrollar habilidades y crecer dentro de una comunidad que cree en ellos.
Nada de lo que muestran estas imágenes sería posible sin la solidaridad generosa de las personas y familias españolas que, a través de Obra Máxima, han decidido apadrinar a niños y niñas en el Perú. Cada padrino y madrina se convierte en parte de esta comunidad, aunque viva a miles de kilómetros de distancia. Su apoyo constante no solo cubre necesidades materiales; transmite cercanía, esperanza y compromiso.
Hoy, estas imágenes nos recuerdan que aún hay niños y niñas que esperan ser parte de este proceso. La invitación es sencilla y nace del corazón: sumarse al apadrinamiento es creer en el esfuerzo de estas familias y acompañarlas en su deseo de vivir mejor. A través de Obra Máxima, cada nuevo padrino o madrina se convierte en un puente de fraternidad entre España y el Perú.
Porque cuando la solidaridad cruza fronteras, no solo cambia una vida: transforma familias, comunidades y futuros enteros.






















