Ese lugar es OSCAR DE PERÚ, donde la labor con los niños y adolescentes apadrinados es un trabajo profundamente humano y transformador. Gracias al apoyo generoso de familias españolas a través de la OBRA MÁXIMA, los participantes reciben junto a los alimentos, útiles escolares o atención psicológica y nutricional, espacios de educación y recreación lúdica.
Entre las actividades que más impacto ha logrado generar está el taller de ajedrez, una propuesta lúdica que ha demostrado ser una herramienta poderosa para el desarrollo integral.
Lo que podría parecer un simple juego se convierte, para los apadrinados, en un lenguaje que les enseña a pensar la vida con mayor serenidad. En cada movimiento del tablero aprenden a detenerse, a reflexionar, a analizar posibilidades antes de actuar y a tomar decisiones con confianza. El ajedrez les permite organizar sus ideas, manejar emociones como la frustración o la impaciencia y fortalecer la paciencia y la autoconfianza. Para niños, adolescentes y jóvenes que viven en entornos donde todo parece impredecible, esta actividad lúdica se convierte en una escuela silenciosa de estructura y esperanza, cuyos aprendizajes trascienden el salón y se reflejan en su vida cotidiana, en el colegio y en sus relaciones con los demás.
Estas palabras reflejan una verdad profunda: los talleres que reciben, incluyendo ajedrez, teatro, música, danza, reforzamiento escolar y atención psicológica, no son simples actividades, sino intervenciones que tocan directamente la vida emocional y cognitiva de los jóvenes.
En OSCAR DE PERÚ, los profesionales trabajan convencidos de que la dignidad no es un privilegio, sino un derecho, y que cada niño merece desarrollarse con plenitud, sin importar su origen.
Historias como la de Jhon Dayron y Liam son posibles gracias a la solidaridad de quienes, desde España, creen que un niño lejos de sus fronteras merece oportunidades. El apadrinamiento, más que un apoyo económico, es un acto de humanidad que permite que estos jóvenes encuentren un lugar seguro, un acompañamiento profesional y un espacio donde puedan descubrir sus talentos y proyectar un futuro que, para muchos, antes parecía inalcanzable.
Por eso, este artículo también tiene una intención profunda: agradecer, con la sinceridad que nace del corazón, a quienes ya forman parte del programa de apadrinamiento; y, al mismo tiempo, invitar a nuevas personas a sumarse a esta misión tan necesaria. Cada padrino no solo transforma una vida: ayuda a reconstruir historias, a sanar heridas silenciosas y a abrir caminos de esperanza en uno de los distritos más vulnerables del Perú.
El taller de ajedrez es una muestra clara de ello. En ese tablero, entre peones y reyes, se están formando adolescentes que aprenden a pensar con claridad, a creer en sí mismos y a crecer con dignidad. Cada jugada que realizan es un paso hacia adelante, un movimiento que les recuerda que la vida también puede ser un espacio de posibilidad.
Como dice una frase que resuena con fuerza en OSCAR DE PERÚ: «En el ajedrez, como en la vida, cada movimiento puede cambiar el rumbo».
Y gracias a la solidaridad de quienes apadrinan, muchos de estos adolescentes están aprendiendo a mover la vida con esperanza, confianza y libertad.
Una de las voces que más reflejan el impacto de este acompañamiento es la de la señora Martha, madre de dos adolescentes que participan en los talleres. Conmovida, comparte unas palabras que resumen lo que muchas familias sienten: «A veces uno no sabe cómo seguir adelante, y ver a mis hijos tan motivados me devuelve la esperanza. Gracias a los padrinos en España, mis hijos tienen un lugar donde se sienten tranquilos, seguros y valorados. Yo no tengo cómo pagar lo que están haciendo por ellos, pero sí puedo decir que están cambiando sus vidas. Antes los veía desanimados, ahora los veo con sueños». Su testimonio muestra que la ayuda no solo transforma a los niños y adolescentes, sino también a sus familias, que encuentran en este proyecto un apoyo que dignifica y abre caminos nuevos.
Gracias amigos de la OBRA MÁXIMA, por unir en solidaridad a familias de España con familias de Perú.
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Ese lugar es OSCAR DE PERÚ, donde la labor con los niños y adolescentes apadrinados es un trabajo profundamente humano y transformador. Gracias al apoyo generoso de familias españolas a través de la OBRA MÁXIMA, los participantes reciben junto a los alimentos, útiles escolares o atención psicológica y nutricional, espacios de educación y recreación lúdica.
Entre las actividades que más impacto ha logrado generar está el taller de ajedrez, una propuesta lúdica que ha demostrado ser una herramienta poderosa para el desarrollo integral.
Lo que podría parecer un simple juego se convierte, para los apadrinados, en un lenguaje que les enseña a pensar la vida con mayor serenidad. En cada movimiento del tablero aprenden a detenerse, a reflexionar, a analizar posibilidades antes de actuar y a tomar decisiones con confianza. El ajedrez les permite organizar sus ideas, manejar emociones como la frustración o la impaciencia y fortalecer la paciencia y la autoconfianza. Para niños, adolescentes y jóvenes que viven en entornos donde todo parece impredecible, esta actividad lúdica se convierte en una escuela silenciosa de estructura y esperanza, cuyos aprendizajes trascienden el salón y se reflejan en su vida cotidiana, en el colegio y en sus relaciones con los demás.
Estas palabras reflejan una verdad profunda: los talleres que reciben, incluyendo ajedrez, teatro, música, danza, reforzamiento escolar y atención psicológica, no son simples actividades, sino intervenciones que tocan directamente la vida emocional y cognitiva de los jóvenes.
En OSCAR DE PERÚ, los profesionales trabajan convencidos de que la dignidad no es un privilegio, sino un derecho, y que cada niño merece desarrollarse con plenitud, sin importar su origen.
Historias como la de Jhon Dayron y Liam son posibles gracias a la solidaridad de quienes, desde España, creen que un niño lejos de sus fronteras merece oportunidades. El apadrinamiento, más que un apoyo económico, es un acto de humanidad que permite que estos jóvenes encuentren un lugar seguro, un acompañamiento profesional y un espacio donde puedan descubrir sus talentos y proyectar un futuro que, para muchos, antes parecía inalcanzable.
Por eso, este artículo también tiene una intención profunda: agradecer, con la sinceridad que nace del corazón, a quienes ya forman parte del programa de apadrinamiento; y, al mismo tiempo, invitar a nuevas personas a sumarse a esta misión tan necesaria. Cada padrino no solo transforma una vida: ayuda a reconstruir historias, a sanar heridas silenciosas y a abrir caminos de esperanza en uno de los distritos más vulnerables del Perú.
El taller de ajedrez es una muestra clara de ello. En ese tablero, entre peones y reyes, se están formando adolescentes que aprenden a pensar con claridad, a creer en sí mismos y a crecer con dignidad. Cada jugada que realizan es un paso hacia adelante, un movimiento que les recuerda que la vida también puede ser un espacio de posibilidad.
Como dice una frase que resuena con fuerza en OSCAR DE PERÚ: «En el ajedrez, como en la vida, cada movimiento puede cambiar el rumbo».
Y gracias a la solidaridad de quienes apadrinan, muchos de estos adolescentes están aprendiendo a mover la vida con esperanza, confianza y libertad.
Una de las voces que más reflejan el impacto de este acompañamiento es la de la señora Martha, madre de dos adolescentes que participan en los talleres. Conmovida, comparte unas palabras que resumen lo que muchas familias sienten: «A veces uno no sabe cómo seguir adelante, y ver a mis hijos tan motivados me devuelve la esperanza. Gracias a los padrinos en España, mis hijos tienen un lugar donde se sienten tranquilos, seguros y valorados. Yo no tengo cómo pagar lo que están haciendo por ellos, pero sí puedo decir que están cambiando sus vidas. Antes los veía desanimados, ahora los veo con sueños». Su testimonio muestra que la ayuda no solo transforma a los niños y adolescentes, sino también a sus familias, que encuentran en este proyecto un apoyo que dignifica y abre caminos nuevos.
Gracias amigos de la OBRA MÁXIMA, por unir en solidaridad a familias de España con familias de Perú.




















