

Siguiendo la prensa nacional en diferentes ocasiones el Perú ha sido mencionado por la coyuntura que estamos viviendo.
Recuerdo que hace unos meses, ante las Elecciones Generales me acercaba también a estas páginas para compartir cómo estábamos viviendo esos momentos y se vislumbraba mucha incertidumbre. Los candidatos para elegir al Presidente en segunda vuelta no eran nada prometedores, y esa incertidumbre continúa. Ya han pasado siete meses desde que asumiera el Gobierno el maestro Pedro Castillo. Aunque ganó las elecciones con la mínima, 50,12%, para muchos suponía un halo de esperanza y de cambio para alejarse de tantos años de corrupción, de discriminación y de diferencias entre las regiones.
Pero también había un temor, por la línea de izquierda que representa el Presidente, por sus aspiraciones de cambiar la Constitución. El temor también estaba radicado en cómo iba a combatir la corrupción, la escalada de violencia, como iba a afrontar la Pandemia, los criterios económicos que iban a regir el sistema de mercado…
Siete meses después seguimos igual o peor. Con la misma incertidumbre y desorientación. En estos meses hemos tenido 4 primeros ministros y más de 70 ministros, ¿os podéis imaginar lo que supone eso para un país? inestabilidad, intemperie, procesos cortados… La incertidumbre acampa a sus anchas, además del temido rumbo izquierdista. Lo peor es que los colaboradores y trabajadores del gobierno actual están cayendo en la corrupción y otras actitudes poco éticas como las que querían combatir. La crisis económica no mejora y los partidos de oposición no ayudan, están siempre con el interés de derrocar al presidente.
No todo han sido desaciertos, la política sanitaria es la que mejor ha funcionado, a pesar del caos en los hospitales. La programación de vacunación está siendo un éxito, se está vacunado a los niños desde los 5 años, casi el 75% de la población tenemos dos vacunas y el 25% las tres dosis. Eso está haciendo posible que se valore aflojar las medidas restrictivas que tiene el país y se abran algunas fronteras terrestres que permanecen cerradas después de casi dos años. Pero la mejor noticia es que después de dos años los colegios vuelven a abrir las puertas a los alumnos. Y se están mejorando las infraestructuras escolares para poder acoger a los niños y jóvenes con los debidos protocolos (no siempre faciles de aplicar).
Hay, por tanto, miradas positivas ante el control de la pandemia que hace tener signos de esperanza. Se ha quitado el toque de queda, se están ampliando los aforos de los lugares públicos y lo más importante es esa vuelta al cole.
Nuestra ONG «OSCAR DE PERÚ» también está, poco a poco, volviendo a la normalidad. Aunque comencemos las actividades de manera virtual, estamos dando los primeros pasos hacia la «nueva» normalidad.
Nuestro personal, después de unas merecidas vacaciones, el 24 de enero retomaba las actividades con la reunión del equipo que trabajamos en la institución. Ha sido bonito el reencuentro entre todos nosotros después de dos años y vernos las caras, sobre todo soñar juntos con este año de actividades. Los gestos sencillo son los que llegan al corazón y el primero fue recordar a nuestra trabajadora Rosa que partió a la casa del Padre, así como a nuestros familiares y amigos.
Tantas anécdotas que contarnos, tantas experiencias adquiridas en este tiempo de pandemia… La virtualidad nos ha mantenido activos y nos ha empoderado en nuevas técnicas de comunicación con las que llegar a nuestros destinatarios.
Ahora ya vislumbrando una presencialidad hemos retomado nuestras actividades, con las programaciones, los métodos de trabajo y la planificación del cronograma. Todo ello con una nueva ilusión y una renovada esperanza.
El pasado 7 de febrero se lanzaban todas las convocatorias de los talleres con niños, jóvenes y mujeres, así como nuestros grupos de estimulación temprana (GET) y las salas de estimulación temprana (SET) dirigidas a los más niños. En pocos días se llenaron las vacantes y desde el día 14 se han iniciado las actividades tanto con los niños y niñas como sus papás, a quienes invitamos de manera presencial a los «talleres de padres» con temas nutricionales y psicológicos.
También los jóvenes y adolescentes, estaban a la espera de los «talleres de danza», de «pintura», de «liderazgo» y de «apoyo escolar». Para comenzar bien el trabajo los hemos ido citando de manera presencial para hacer evaluaciones nutricionales y psicológicas que ayuden a descubrir las necesidades de los que se acercan a nuestra institución y así ayudarles de forma eficiente.
Los «talleres de autoempleo» ya han comenzado con las ramas de costura y marroquinería. Por ahora con la formación más teórica, pronto podrán volver a acercarse a nuestros centros a usar las máquinas de costura recta, remalladoras y demás maquinaria.
Todas estas cosas nos aporta esos signos de esperanza que todos necesitamos, especialmente donde se desarrollan nuestras actividades. En los distritos de El Agustino y el Cercado de Lima, zonas muy golpeadas durante esta pandemia por la crisis sanitaria, la crisis económica y el crecimiento de la violencia y la inseguridad ciudadana.
Gracias al apoyo del Programa de Apadrinamientos de La Obra Máxima y de otras instituciones internacionales y nacionales, se hace posible que este grupo humano de 30 personas trabajen para ser ese signo de esperanza, y para construir algo diferente, abriendo las puertas a los más desfavorecidos.
Ahora que iniciamos este año escolar se nos abre un mundo de posibilidades y de retos que, a lo largo de estos años hemos ido aprendiendo a afrontar con alegría. Ya vemos la luz al final del túnel y eso nos llena de alegría.
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Siguiendo la prensa nacional en diferentes ocasiones el Perú ha sido mencionado por la coyuntura que estamos viviendo.
Recuerdo que hace unos meses, ante las Elecciones Generales me acercaba también a estas páginas para compartir cómo estábamos viviendo esos momentos y se vislumbraba mucha incertidumbre. Los candidatos para elegir al Presidente en segunda vuelta no eran nada prometedores, y esa incertidumbre continúa. Ya han pasado siete meses desde que asumiera el Gobierno el maestro Pedro Castillo. Aunque ganó las elecciones con la mínima, 50,12%, para muchos suponía un halo de esperanza y de cambio para alejarse de tantos años de corrupción, de discriminación y de diferencias entre las regiones.
Pero también había un temor, por la línea de izquierda que representa el Presidente, por sus aspiraciones de cambiar la Constitución. El temor también estaba radicado en cómo iba a combatir la corrupción, la escalada de violencia, como iba a afrontar la Pandemia, los criterios económicos que iban a regir el sistema de mercado…
Siete meses después seguimos igual o peor. Con la misma incertidumbre y desorientación. En estos meses hemos tenido 4 primeros ministros y más de 70 ministros, ¿os podéis imaginar lo que supone eso para un país? inestabilidad, intemperie, procesos cortados… La incertidumbre acampa a sus anchas, además del temido rumbo izquierdista. Lo peor es que los colaboradores y trabajadores del gobierno actual están cayendo en la corrupción y otras actitudes poco éticas como las que querían combatir. La crisis económica no mejora y los partidos de oposición no ayudan, están siempre con el interés de derrocar al presidente.
No todo han sido desaciertos, la política sanitaria es la que mejor ha funcionado, a pesar del caos en los hospitales. La programación de vacunación está siendo un éxito, se está vacunado a los niños desde los 5 años, casi el 75% de la población tenemos dos vacunas y el 25% las tres dosis. Eso está haciendo posible que se valore aflojar las medidas restrictivas que tiene el país y se abran algunas fronteras terrestres que permanecen cerradas después de casi dos años. Pero la mejor noticia es que después de dos años los colegios vuelven a abrir las puertas a los alumnos. Y se están mejorando las infraestructuras escolares para poder acoger a los niños y jóvenes con los debidos protocolos (no siempre faciles de aplicar).
Hay, por tanto, miradas positivas ante el control de la pandemia que hace tener signos de esperanza. Se ha quitado el toque de queda, se están ampliando los aforos de los lugares públicos y lo más importante es esa vuelta al cole.
Nuestra ONG «OSCAR DE PERÚ» también está, poco a poco, volviendo a la normalidad. Aunque comencemos las actividades de manera virtual, estamos dando los primeros pasos hacia la «nueva» normalidad.
Nuestro personal, después de unas merecidas vacaciones, el 24 de enero retomaba las actividades con la reunión del equipo que trabajamos en la institución. Ha sido bonito el reencuentro entre todos nosotros después de dos años y vernos las caras, sobre todo soñar juntos con este año de actividades. Los gestos sencillo son los que llegan al corazón y el primero fue recordar a nuestra trabajadora Rosa que partió a la casa del Padre, así como a nuestros familiares y amigos.
Tantas anécdotas que contarnos, tantas experiencias adquiridas en este tiempo de pandemia… La virtualidad nos ha mantenido activos y nos ha empoderado en nuevas técnicas de comunicación con las que llegar a nuestros destinatarios.
Ahora ya vislumbrando una presencialidad hemos retomado nuestras actividades, con las programaciones, los métodos de trabajo y la planificación del cronograma. Todo ello con una nueva ilusión y una renovada esperanza.
El pasado 7 de febrero se lanzaban todas las convocatorias de los talleres con niños, jóvenes y mujeres, así como nuestros grupos de estimulación temprana (GET) y las salas de estimulación temprana (SET) dirigidas a los más niños. En pocos días se llenaron las vacantes y desde el día 14 se han iniciado las actividades tanto con los niños y niñas como sus papás, a quienes invitamos de manera presencial a los «talleres de padres» con temas nutricionales y psicológicos.
También los jóvenes y adolescentes, estaban a la espera de los «talleres de danza», de «pintura», de «liderazgo» y de «apoyo escolar». Para comenzar bien el trabajo los hemos ido citando de manera presencial para hacer evaluaciones nutricionales y psicológicas que ayuden a descubrir las necesidades de los que se acercan a nuestra institución y así ayudarles de forma eficiente.
Los «talleres de autoempleo» ya han comenzado con las ramas de costura y marroquinería. Por ahora con la formación más teórica, pronto podrán volver a acercarse a nuestros centros a usar las máquinas de costura recta, remalladoras y demás maquinaria.
Todas estas cosas nos aporta esos signos de esperanza que todos necesitamos, especialmente donde se desarrollan nuestras actividades. En los distritos de El Agustino y el Cercado de Lima, zonas muy golpeadas durante esta pandemia por la crisis sanitaria, la crisis económica y el crecimiento de la violencia y la inseguridad ciudadana.
Gracias al apoyo del Programa de Apadrinamientos de La Obra Máxima y de otras instituciones internacionales y nacionales, se hace posible que este grupo humano de 30 personas trabajen para ser ese signo de esperanza, y para construir algo diferente, abriendo las puertas a los más desfavorecidos.
Ahora que iniciamos este año escolar se nos abre un mundo de posibilidades y de retos que, a lo largo de estos años hemos ido aprendiendo a afrontar con alegría. Ya vemos la luz al final del túnel y eso nos llena de alegría.