

Un año después en Europa se habla ya de cuarta ola. En Perú, discuten los científicos, si estamos terminando la segunda o comenzando la tercera. Lo que sí podemos decir, es que el número de contagiados no disminuye, tampoco el número de muertos, eso sí se ha trasladado a la población afectada, mientras que en olas anteriores los más vulnerables eran los ancianos, ahora afecta a los de mediana edad de 40 a 50 años, con mayor virulencia.
En medio de esta crisis sanitaria, el país, vivió una crisis política. En una semana de noviembre se llegó a tener tres Presidentes. Se había iniciado este periodo legislativo con Pedro Pablo Kuczynski, quien abandonó el gobierno por una moción de vacancia. Así el país era presidido por Martín Vizcarra, quien por una nueva moción de vacancia era apartado del gobierno, y asumió como Presidente de la Nación Manuel Merino, que al momento era el Presidente del Congreso.
La insatisfacción nacional era tal, que los más jóvenes, sin importarles la crisis sanitaria ni el distanciamiento, salieron a la calle, y se llegó a la pérdida de dos personas. En 5 días, hicieron que el Presidente dimitiera el 15 de noviembre, y de nuevo, el Presidente del Congreso, Francisco Sagasti asumió la presidencia. El gobierno de transición tiene fecha de caducidad, estaban convocadas las elecciones generales para el 11 de abril del 2021.
Ahora en medio de esta crisis sanitaria, estamos en plena campaña electoral, nada más y nada menos que 18 candidatos para un presidente, que, a pocas semanas de las votaciones, ya se habla de la segunda vuelta, ningún candidato alcanzará la mayoría necesaria para salir elegido en primera vuelta. Ya nos podemos imaginar la dispersión de votos.
Los candidatos están polarizados entre los extremos de derecha y de izquierda. El centro está muy mal considerado desde los acontecimientos de noviembre, y entre los que quieren reformar la constitución (vienen del tiempo de Fujimori) o los que la quieren mantener.
Las promesas son siempre las mismas, arremeter contra la pobreza, internet para todos los ciudadanos, ya que se ha visto la dificultad de conexión para que los estudiantes sigan las clases virtuales, reforma del sistema sanitaria, vacunas y oxígeno gratis para todos los que lo necesiten, porque el reducido número de camas UCI y la falta de Oxígeno, han provocado muchos decesos en esta pandemia.
Después de esas medidas más populistas, comienzan las líneas de trabajo, mano dura para la violencia, para la corrupción y medidas para superar la crisis económica como ayudas bonos. Esta crisis ha agudizado más la brecha entre los que tienen un trabajo estable y los que viven al día, entre los trabajadores formales y los informales. Luego están el gran grupo de emigrantes venezolanos que han sido golpeados fuertemente por esta crisis sanitaria y económica.
Lo qué si se ve, ya desde noviembre, que la población ha perdido la confianza en los políticos, que la ansiada renovación de políticos no se va a dar, porque no hay nuevas generaciones de políticos que se quieran embarcar en esa aventura…. uno de ellos, cuando le decían que no tenía experiencia, él les contestó, no tengo experiencia de robar, de corrupción…
Como en todos los sitios la campaña, está más centrada en denigrar y echar por tierra a los otros candidatos, qué a presentar ideas y propuestas, fijándose más en las formas que en el contenido de los discursos.
No es fácil hacer uso del derecho de decidir en un país donde el voto es obligatorio y la abstención está penada con multa. Cuando uno habla con las personas, ve que hay mucha indecisión de voto, algunos han optado por no elegir a ninguno. Así está el panorama, incierto.
Pero en medio de esta situación, la vida del día a día continúa, eso sí las calles están llenas de las propagandas electorales, y aún con las restricciones necesarias para evitar los contagios, vemos a una gran cantidad de personas que piden por las calles, que limpian los cristales de los coches en los semáforos, que se acercan a las ollas comunes o a los comedores populares, especialmente en los barrios extremos de la ciudad.
La vida continua, y en marzo se ha dado inicio al año escolar, de manera virtual, con las limitaciones que eso supone para la población estudiantil, no todos tienen una buena conexión de internet, no todos tienen los equipos necesarios para participar de sus clases, algunos tienen que compartir equipos con sus hermanos, y con la incertidumbre hasta cuándo durará esta virtualidad.
La ONG OSCAR DE PERÚ, quien es apoyada por muchos de ustedes, lectores de La Obra Máxima, también ha retomado sus actividades, de manera virtual, hay que recrearse para llegar a los más desfavorecidos. Desde las redes sociales, se van generando los materiales, para acercarse a las personas, con las actividades para los niños, jóvenes y mujeres principalmente.
Es importante ir construyendo la nueva normalidad, con las precauciones y los protocolos para la prevención de los contagios, pero todo ello nos tiene que llevar a seguir humanizando nuestras relaciones.
Creo que ese es el reto que tendrá que afrontar el nuevo gobierno, que asuma el poder el 28 de julio. Ser animador de la recuperación, para que todos seamos artífices del cambio. Todos somos responsables para salir de esta crisis sanitaria. No nos desanimemos y unamos fuerzas para no perder las esperanzas.
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Un año después en Europa se habla ya de cuarta ola. En Perú, discuten los científicos, si estamos terminando la segunda o comenzando la tercera. Lo que sí podemos decir, es que el número de contagiados no disminuye, tampoco el número de muertos, eso sí se ha trasladado a la población afectada, mientras que en olas anteriores los más vulnerables eran los ancianos, ahora afecta a los de mediana edad de 40 a 50 años, con mayor virulencia.
En medio de esta crisis sanitaria, el país, vivió una crisis política. En una semana de noviembre se llegó a tener tres Presidentes. Se había iniciado este periodo legislativo con Pedro Pablo Kuczynski, quien abandonó el gobierno por una moción de vacancia. Así el país era presidido por Martín Vizcarra, quien por una nueva moción de vacancia era apartado del gobierno, y asumió como Presidente de la Nación Manuel Merino, que al momento era el Presidente del Congreso.
La insatisfacción nacional era tal, que los más jóvenes, sin importarles la crisis sanitaria ni el distanciamiento, salieron a la calle, y se llegó a la pérdida de dos personas. En 5 días, hicieron que el Presidente dimitiera el 15 de noviembre, y de nuevo, el Presidente del Congreso, Francisco Sagasti asumió la presidencia. El gobierno de transición tiene fecha de caducidad, estaban convocadas las elecciones generales para el 11 de abril del 2021.
Ahora en medio de esta crisis sanitaria, estamos en plena campaña electoral, nada más y nada menos que 18 candidatos para un presidente, que, a pocas semanas de las votaciones, ya se habla de la segunda vuelta, ningún candidato alcanzará la mayoría necesaria para salir elegido en primera vuelta. Ya nos podemos imaginar la dispersión de votos.
Los candidatos están polarizados entre los extremos de derecha y de izquierda. El centro está muy mal considerado desde los acontecimientos de noviembre, y entre los que quieren reformar la constitución (vienen del tiempo de Fujimori) o los que la quieren mantener.
Las promesas son siempre las mismas, arremeter contra la pobreza, internet para todos los ciudadanos, ya que se ha visto la dificultad de conexión para que los estudiantes sigan las clases virtuales, reforma del sistema sanitaria, vacunas y oxígeno gratis para todos los que lo necesiten, porque el reducido número de camas UCI y la falta de Oxígeno, han provocado muchos decesos en esta pandemia.
Después de esas medidas más populistas, comienzan las líneas de trabajo, mano dura para la violencia, para la corrupción y medidas para superar la crisis económica como ayudas bonos. Esta crisis ha agudizado más la brecha entre los que tienen un trabajo estable y los que viven al día, entre los trabajadores formales y los informales. Luego están el gran grupo de emigrantes venezolanos que han sido golpeados fuertemente por esta crisis sanitaria y económica.
Lo qué si se ve, ya desde noviembre, que la población ha perdido la confianza en los políticos, que la ansiada renovación de políticos no se va a dar, porque no hay nuevas generaciones de políticos que se quieran embarcar en esa aventura…. uno de ellos, cuando le decían que no tenía experiencia, él les contestó, no tengo experiencia de robar, de corrupción…
Como en todos los sitios la campaña, está más centrada en denigrar y echar por tierra a los otros candidatos, qué a presentar ideas y propuestas, fijándose más en las formas que en el contenido de los discursos.
No es fácil hacer uso del derecho de decidir en un país donde el voto es obligatorio y la abstención está penada con multa. Cuando uno habla con las personas, ve que hay mucha indecisión de voto, algunos han optado por no elegir a ninguno. Así está el panorama, incierto.
Pero en medio de esta situación, la vida del día a día continúa, eso sí las calles están llenas de las propagandas electorales, y aún con las restricciones necesarias para evitar los contagios, vemos a una gran cantidad de personas que piden por las calles, que limpian los cristales de los coches en los semáforos, que se acercan a las ollas comunes o a los comedores populares, especialmente en los barrios extremos de la ciudad.
La vida continua, y en marzo se ha dado inicio al año escolar, de manera virtual, con las limitaciones que eso supone para la población estudiantil, no todos tienen una buena conexión de internet, no todos tienen los equipos necesarios para participar de sus clases, algunos tienen que compartir equipos con sus hermanos, y con la incertidumbre hasta cuándo durará esta virtualidad.
La ONG OSCAR DE PERÚ, quien es apoyada por muchos de ustedes, lectores de La Obra Máxima, también ha retomado sus actividades, de manera virtual, hay que recrearse para llegar a los más desfavorecidos. Desde las redes sociales, se van generando los materiales, para acercarse a las personas, con las actividades para los niños, jóvenes y mujeres principalmente.
Es importante ir construyendo la nueva normalidad, con las precauciones y los protocolos para la prevención de los contagios, pero todo ello nos tiene que llevar a seguir humanizando nuestras relaciones.
Creo que ese es el reto que tendrá que afrontar el nuevo gobierno, que asuma el poder el 28 de julio. Ser animador de la recuperación, para que todos seamos artífices del cambio. Todos somos responsables para salir de esta crisis sanitaria. No nos desanimemos y unamos fuerzas para no perder las esperanzas.