En medio de celebraciones por la forzada salida del poder de Nicolás Maduro, en Venezuela, las personas observan con incertidumbre lo que ocurrirá en las próximas horas. Sin embargo, el ambiente luce especialmente enrarecido, como parte de un panorama que aún hoy, sigue sin ser del todo claro.
Y es que tras años de persecución y un sofisticado sistema de terrorismo de Estado, el temor sigue instalado como parte de un esquema de supervivencia en buena parte de los venezolanos. Así, en las primeras horas, las colas se apoderaron de los establecimientos comerciales en busca de abastecer los hogares.
Situación similar ocurrió con las estaciones de combustible. No obstante, es necesario aclarar que las colas para gasolina son algo habitual en la nación sudamericana, pues tras décadas de producción petrolera sufre racionamiento forzado y un intermitente desabastecimiento.
Acostumbrado por años a las fallas eléctricas y a las de servicios básicos como agua potable y gas doméstico, es igualmente cierto que el venezolano adoptó un sistema de resiliencia particularmente elevado. A pesar de la pobreza que campea en el país, la inflación que disminuye el poder adquisitivo, y una economía distorsionada en cuyos mercados se usan distintos tipos de moneda, la excepcional adaptabilidad criolla ha conducido a conductas dignas de estudio.
Expectativas sobre la reacción militar
En este panorama, lo que más se observa en Venezuela es una aparente calma cargada de expectativas, mientras se presta especial atención a lo que pasará con el ala militar y con las estructuras armadas que hasta ahora han sostenido al poder rojo en la nación petrolera. Aunque en el exterior se habla de paz, democracia y libertad, los tres términos siguen siendo ajenos al venezolano de carne y hueso que sigue viviendo en el país. Y en medio de la confusión, guarda silencio tras la declaración de un «Estado de Conmoción Exterior».
El llamado de la Iglesia Católica
Eso explica en parte, la excepcional brevedad y naturaleza del mensaje de la Conferencia Episcopal de Venezuela, pues la Iglesia católica en el país suele brindar documentos extensos y argumentados. Esta vez, la Iglesia solamente ha escrito un párrafo: «Ante los acontecimientos que hoy vive nuestro país, pidamos a Dios nos conceda a todos los venezolanos serenidad, sabiduría y fortaleza. Nos hacemos solidarios con quienes fueron heridos y los familiares de quienes fallecieron». Cierran el texto -publicado el 3 de enero- con un clamor que también ha sido punto común en las últimas horas en Venezuela, rezar: «Perseveremos en la oración por la unidad de nuestro pueblo».
Un día después de la captura, calificada por algunos como secuestro, se ha pronunciado el Papa León XIV desde el Vaticano. A diferencia de las miles de reacciones de los distintos mandatarios del mundo, el pontífice ha dejado claro que: «El bien del querido pueblo venezolano debe prevalecer por encima de cualquier otra consideración».
En su conmovedor mensaje, el Papa también llamó la atención de la comunidad internacional por una palabra: soberanía. En efecto, pidió «superar la violencia y emprender caminos de justicia y paz, garantizando la soberanía del país, asegurando el estado de derecho inscrito en la Constitución, respetando los derechos humanos y civiles de todos y cada uno, y trabajando para construir juntos un futuro sereno de colaboración, estabilidad y concordia».
Luego, puso la mirada en «los más pobres que sufren a causa de la difícil situación económica». Y finalmente, invitó a unirse en oración por Venezuela: «Rezo y los invito a rezar por estas intenciones, confiando nuestra oración a la intercesión de Nuestra Señora de Coromoto y de los santos José Gregorio Hernández y sor Carmen Rendiles».
La profética oración del cardenal Parolin
En este marco, los venezolanos recuerdan las proféticas y emotivas palabras del cardenal Pietro Parolin durante la misa de acción de gracias por la canonización de ambos santos venezolanos. Y es que el prelado sufrió en carne propia la represión de la versión venezolana del comunismo, un sistema instalado por Hugo Chávez y continuado por Nicolás Maduro con todo un andamiaje internacional.
Don Pietro, como le dicen con cariño los miles de venezolanos a quienes conoció mientras vivió en el país en condición de Nuncio Apostólico del Papa Francisco, les habló a las autoridades oficialistas presentes en aquella Misa en la basílica de San Pedro.
El ahora Secretario de Estado de la Santa Sede, les dijo desde el altar de la cátedra de Pedro: «El Señor te llama a ‘abrir las prisiones injustas, hacer saltar los cerrojos de los cepos, dejar libres a los oprimidos, romper todos los cepos’».
En su impactante homilía, el cardenal Parolin también dijo que vivimos un «kairos»; es decir, explicó, un «momento apropiado» para aplicar cambios positivos en la nación sudamericana. Y fue más lejos al profetizar que sólo así la querida Venezuela pasaría «de la muerte a la vida». Solo así, querida Venezuela, insistió en su profético anuncio: «Tu luz brillará en las tinieblas, ¡tu oscuridad se volverá mediodía!».
Hoy, los venezolanos hacen suya esa súplica a Dios y ruegan la intercesión de sus dos santos, el Dr. José Gregorio Hernández y la madre Carmen Rendiles, ponen la mirada en Nuestra Señora de Coromoto y suplican libertad, justicia y paz. Hoy, los venezolanos le piden una vez más a Dios no ser ya un «efecto colateral», un precio a pagar para el beneficio de algunos, ni las víctimas a quienes les arrebatan la vida y el bienestar ¡como parte de un fuego cruzado.
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En medio de celebraciones por la forzada salida del poder de Nicolás Maduro, en Venezuela, las personas observan con incertidumbre lo que ocurrirá en las próximas horas. Sin embargo, el ambiente luce especialmente enrarecido, como parte de un panorama que aún hoy, sigue sin ser del todo claro.
Y es que tras años de persecución y un sofisticado sistema de terrorismo de Estado, el temor sigue instalado como parte de un esquema de supervivencia en buena parte de los venezolanos. Así, en las primeras horas, las colas se apoderaron de los establecimientos comerciales en busca de abastecer los hogares.
Situación similar ocurrió con las estaciones de combustible. No obstante, es necesario aclarar que las colas para gasolina son algo habitual en la nación sudamericana, pues tras décadas de producción petrolera sufre racionamiento forzado y un intermitente desabastecimiento.
Acostumbrado por años a las fallas eléctricas y a las de servicios básicos como agua potable y gas doméstico, es igualmente cierto que el venezolano adoptó un sistema de resiliencia particularmente elevado. A pesar de la pobreza que campea en el país, la inflación que disminuye el poder adquisitivo, y una economía distorsionada en cuyos mercados se usan distintos tipos de moneda, la excepcional adaptabilidad criolla ha conducido a conductas dignas de estudio.
Expectativas sobre la reacción militar
En este panorama, lo que más se observa en Venezuela es una aparente calma cargada de expectativas, mientras se presta especial atención a lo que pasará con el ala militar y con las estructuras armadas que hasta ahora han sostenido al poder rojo en la nación petrolera. Aunque en el exterior se habla de paz, democracia y libertad, los tres términos siguen siendo ajenos al venezolano de carne y hueso que sigue viviendo en el país. Y en medio de la confusión, guarda silencio tras la declaración de un «Estado de Conmoción Exterior».
El llamado de la Iglesia Católica
Eso explica en parte, la excepcional brevedad y naturaleza del mensaje de la Conferencia Episcopal de Venezuela, pues la Iglesia católica en el país suele brindar documentos extensos y argumentados. Esta vez, la Iglesia solamente ha escrito un párrafo: «Ante los acontecimientos que hoy vive nuestro país, pidamos a Dios nos conceda a todos los venezolanos serenidad, sabiduría y fortaleza. Nos hacemos solidarios con quienes fueron heridos y los familiares de quienes fallecieron». Cierran el texto -publicado el 3 de enero- con un clamor que también ha sido punto común en las últimas horas en Venezuela, rezar: «Perseveremos en la oración por la unidad de nuestro pueblo».
Un día después de la captura, calificada por algunos como secuestro, se ha pronunciado el Papa León XIV desde el Vaticano. A diferencia de las miles de reacciones de los distintos mandatarios del mundo, el pontífice ha dejado claro que: «El bien del querido pueblo venezolano debe prevalecer por encima de cualquier otra consideración».
En su conmovedor mensaje, el Papa también llamó la atención de la comunidad internacional por una palabra: soberanía. En efecto, pidió «superar la violencia y emprender caminos de justicia y paz, garantizando la soberanía del país, asegurando el estado de derecho inscrito en la Constitución, respetando los derechos humanos y civiles de todos y cada uno, y trabajando para construir juntos un futuro sereno de colaboración, estabilidad y concordia».
Luego, puso la mirada en «los más pobres que sufren a causa de la difícil situación económica». Y finalmente, invitó a unirse en oración por Venezuela: «Rezo y los invito a rezar por estas intenciones, confiando nuestra oración a la intercesión de Nuestra Señora de Coromoto y de los santos José Gregorio Hernández y sor Carmen Rendiles».
La profética oración del cardenal Parolin
En este marco, los venezolanos recuerdan las proféticas y emotivas palabras del cardenal Pietro Parolin durante la misa de acción de gracias por la canonización de ambos santos venezolanos. Y es que el prelado sufrió en carne propia la represión de la versión venezolana del comunismo, un sistema instalado por Hugo Chávez y continuado por Nicolás Maduro con todo un andamiaje internacional.
Don Pietro, como le dicen con cariño los miles de venezolanos a quienes conoció mientras vivió en el país en condición de Nuncio Apostólico del Papa Francisco, les habló a las autoridades oficialistas presentes en aquella Misa en la basílica de San Pedro.
El ahora Secretario de Estado de la Santa Sede, les dijo desde el altar de la cátedra de Pedro: «El Señor te llama a ‘abrir las prisiones injustas, hacer saltar los cerrojos de los cepos, dejar libres a los oprimidos, romper todos los cepos’».
En su impactante homilía, el cardenal Parolin también dijo que vivimos un «kairos»; es decir, explicó, un «momento apropiado» para aplicar cambios positivos en la nación sudamericana. Y fue más lejos al profetizar que sólo así la querida Venezuela pasaría «de la muerte a la vida». Solo así, querida Venezuela, insistió en su profético anuncio: «Tu luz brillará en las tinieblas, ¡tu oscuridad se volverá mediodía!».
Hoy, los venezolanos hacen suya esa súplica a Dios y ruegan la intercesión de sus dos santos, el Dr. José Gregorio Hernández y la madre Carmen Rendiles, ponen la mirada en Nuestra Señora de Coromoto y suplican libertad, justicia y paz. Hoy, los venezolanos le piden una vez más a Dios no ser ya un «efecto colateral», un precio a pagar para el beneficio de algunos, ni las víctimas a quienes les arrebatan la vida y el bienestar ¡como parte de un fuego cruzado.





