Nuestra sociedad tiene “grandes personajes” en todos los ámbitos, ya sea deportivo, cultural, político o religioso. Son personas que, ciertamente, destacan por su valía y esfuerzo que les permiten conseguir grandes retos. Algunos de ellos son personas humildes, que no buscan el protagonismo y que centran su carrera en ir creciendo como personas y como profesionales. Pero una gran mayoría de estos “personajes” que abundan, sobre todo, en los medios de comunicación viven en una total superficialidad. Tristemente, para las nuevas generaciones son personas de referencia y buscan en ellas actitudes que imitar.
Estos “personajes” están unos años en primera línea de la opinión pública; pero en poco tiempo desaparecen convirtiéndose en unos ciudadanos más, sin pena y sin gloria, como dice el refrán.
Hay otro tipo de personajes, realmente grandes, que no ocupan titulares o que ni aparecen en los medios de comunicación generalistas y cuyas vidas son dignas de mención y de ser recordadas. Me refiero a los misioneros. Todos los Domingos, en la cadena de televisión católica TreceTV, se emite un programan titulado “Misioneros por el mundo” que recoge el testimonio de misioneros españoles que viven en tierras de misión.
Es emocionante ver el testimonio de tantos hombres y mujeres consagrados a Jesús que llevan una vida entera atendiendo a los más pobres y necesitados de la tierra. Desgastan y entregan su vida por amor, sin esperar ninguna recompensa ni reconocimiento alguno. Nuestros hermanos misioneros son testigos del Señor en las dificultades que viven tantas familias olvidadas muchas de ellas y sin tener, en ocasiones, alimentos para dar a sus hijos pequeños.
Los misioneros realizan grandes obras en el nombre del Señor. Recientemente, veía uno de los capítulos de esta serie donde una religiosa española llevaba la comunión a unos ancianos de un país latinoamericano. Me quedé con la sonrisa con la que una anciana recibía la comunión de manos de esta religiosa. El Señor visitaba esa casa pobre, prácticamente sin muebles, pero con varias imágenes de Jesús en las paredes que les recuerda que son los amados de Dios.
Desde esta revista queremos agradecer a nuestros misioneros su entrega y su trabajo por los más necesitados. Son, sin duda alguna, los grandes personajes de nuestro mundo que hacen posible una civilización del amor, que unen a los pueblos y las familias en la fe, la esperanza y la caridad. Son la presencia misma de Jesús en medio de tantas oscuridades. Estos misioneros llevan la luz de Jesús a esas periferias existenciales que, lamentablemente, siguen creciendo. Los misioneros llevan la compasión de Jesús a tantos corazones que han perdido la esperanza y la ilusión por vivir.
Los animo, amigos lectores, a que conozcan la vida y el trabajo de estos misioneros y que apoyamos estos programas que nos acercan testimonios que engrandecen nuestra Iglesia y nuestro mundo. Gracias, hermanos y hermanas misioneros, por vuestra vida.