El día de Pentecostés, un grupo armado provocó una matanza de cristianos en una iglesia del suroeste de Nigeria. Esta noticia fue recogida por los medios de comunicación católicos pero silenciada por muchos medios generalistas importantes, como suele ser habitual.
Este tipo de ataques que sufren nuestros hermanos cristianos no han cesado, es más, en algunos países, tienen libertad para vivir su fe, pero sufren persecuciones y ataques por parte de grupos violentos que campan a sus anchas por aquellos países, como es el caso de Nigeria.
Son varias las reflexiones que me evocan estos hechos. La primera el gran testimonio de fe que nos ofrecen nuestros hermanos católicos. Vivir la fe, tanto personal como comunitaria, en contextos donde la iglesia católica es minoría y, en ocasiones, perseguida, resulta casi heroico. Es cierto, y nos entristece, que muchos cristianos han tenido que abandonar sus países por las persecuciones o presiones que estaban recibiendo, como es el caso tan llamativo en Medio Oriente. Otros, en cambio, se han quedado en sus países y en sus casas poniendo en riesgo sus vidas.
Es digno de alabar al Señor y darle gracias por su testimonio. Tenemos que orar para que el Espíritu Santo, siga acompañándolos y protegiéndoles, manteniéndoles en la unidad de la fe. Cuando leemos sus testimonios, estos hermanos nuestros, transmiten un gran amor al Señor y a su Iglesia. El centro de sus vidas es Jesús y viven desde Él y con Él. Han acogido en sus vidas el don de la fe y lo viven junto a su comunidad, siendo un pueblo unido en el amor y la esperanza. Estas comunidades son, en realidad, el signo visible de la iglesia que quiere el Señor.
Por otra parte, y como hemos denunciado en muchas ocasiones, en estas líneas, sorprende que los grupos armados tan presente en los países pobres y en vías de desarrollo, sigan actuando con la impunidad que se les caracteriza. Las autoridades, ante la magnitud de los hechos, responden rápidamente que los ataques violentos han sido perpetrados por unos grupos concretos. Ahora bien ¿qué esfuerzos están haciendo las instituciones locales e internacionales para detener a estos grupos?
Hoy día, las instituciones públicas disponen de grandes recursos técnicos y comunicativos para localizar a estos grupos armados, que están generando terror en miles de familias, todas ellas pobres. Es hora de denunciar estos silencios y la impasividad de algunas autoridades que lloran a los muertos pero que son incapaces de afrontar con seriedad y determinación el fin de estos grupos armados.
Encomendamos al Señor la vida de nuestros hermanos católicos que han dado su vida por amor a Dios y a sus hermanos. Su sangre martirizada, seguirá siendo semilla de nuevos cristianos.