El trayecto es corto, pero lleva a otro mundo. Las casas con sus tonalidades pastel respiran el aire de siglos pasados. Estrechos callejones, sin autos. La isla Gorea está frente a la costa de la capital senegalesa, Dakar.
«Tan idílica como es ahora, es no menos el símbolo de la tragedia de todo un continente. A la gente que traigo aquí les digo: perdonamos, pero no olvidamos», dice Issa Camara.
Issa, es un hombre de 58 años que conoce la isla, Patrimonio de la Humanidad, mejor que muchos otros. Ha trabajado como guía turístico durante veinte años. Ha dado a conocer su historia a visitantes de todo el mundo, «También de Alemania», dice. Se acuerda bien de un grupo de la Asociación Kolping , que fueron de modo especial gente simpática. Después vino la pandemia del COVID, los turistas se marcharon, e Issa Camara se encontró con el problema de alimentar su familia. Así como los muchos artistas y dueños de tiendas de Gorea los cuales habían vivido, hasta ese momento, de los barcos repletos de turistas. Desde septiembre es posible, de nuevo, viajar a Senegal sin contar con un permiso especial. Si esto sigue así y vuelven los turistas, Issa Camara contará con un negocio seguro. Para los turistas, Gorea es un destino obligado.
Durante siglos, fue un lugar de embarque para los esclavos de África occidental. Las personas eran secuestradas en el interior del país o eran compradas al jefe de la aldea. Se las juntaba aquí en Gorea hasta que eran embarcadas. La isla solo podrá recuperarse mediante la concienciación con voluntad y sacrificio, y mediante ayudas y oportunidades.
Solo una casa de esclavos se conserva hoy en día, ahora es un museo
Las últimas investigaciones revelan que la pequeña isla de Gorea no pudo haber sido el lugar principal de embarque en el comercio de los esclavos, como se aceptaba hasta el nuevo milenio.
Pero en todo caso, aunque se discute cuántas personas exactamente fueron en Gorea víctimas de los mercaderes de esclavos y si ellas tenían que emprender precisamente por la «Puerta sin retorno» la travesía del Atlántico, seguro es que millones de africanos fueron secuestrados, marcados a fuego y embarcados.
De África occidental, y también desde la Isla de Gorea se hacía el viaje a Europa hasta el siglo XVI. «Cuando se descubrió el nuevo mundo, a las personas se las embarcó a las plantaciones de Brasil y a las islas de la India occidental», dice Issa Camara.
Sólo una pequeña parte de los esclavizados llegaron vivos. De allí, y también de Norteamérica, vienen desde hace años a Gorea los descendientes de los esclavos de entonces. «Buscan sus raíces y quieren rastrear aquí los lugares de su propia historia», dice.
No sólo eso. Nelson Mandela visitó la Isla de Gorea. Michelle y Barack Obama y otros jefes de Estado y políticos han estado aquí. También el papa Juan Pablo II vino en 1992, rememoró a los millones de personas secuestradas, torturadas y esclavizadas y oró en la «Puerta sin retorno».
El mensaje de estos hombres famosos es el que también Issa Camara, el guía de los turistas, transmite a los visitantes: Que no se olvide nunca.





