Estos días en los que estamos preparando este nuevo número de nuestra revista misionera, leo la triste noticia del asesinato en Chiapas (México), del sacerdote Marcelo Pérez, de 51 años, que fue abatido a la salida de la iglesia, donde había celebrado la eucaristía con sus feligreses.
El P. Marcelo ha sido un gran defensor de la población indígena de Chiapas a quien ha acompañado espiritualmente y ha puesto en marcha iniciativas sociales para garantizar los mínimos recursos que necesitan estas pequeñas comunidades. También ha trabajado incansablemente por la paz en la región. Ha construido puentes de diálogo y reconciliación entre distintas sensibilidades.
Aunque las fuerzas de seguridad, siguen investigando las causas de este cruel asesinato, todo indica que este acto criminal ha estado motivado precisamente por el gran compromiso que el P. Marcelo tenía, como hemos indicado, con la paz y la reconciliación. Este asesinato nos recuerda tantos testimonios que hemos conocido y seguimos conociendo en la vida de la iglesia católica, donde hombres y mujeres, llenos de los sentimientos de Jesús han dado su vida por la paz y la reconciliación.
Muchos cristianos consagrados y laicos, se exponen diariamente a contextos violentos donde intentan, con esfuerzo, sembrar semillas de amor. Estos agentes pastorales hablan del amor a corazones llenos de sentimientos de odio y de venganza. Hay personas que acogen esta invitación al amor, pero otros, lamentablemente, prefieren seguir por los caminos de la violencia y del odio. Conocemos testimonios de personas que acogiendo el llamado del amor han vivido un gran cambio en sus vidas; han pedido perdón por los actos cometidos y quieren rehacer sus vidas siendo acompañados. Algunos de ellos, incluso, se dedican a dar su testimonio de conversión a las nuevas generaciones.
La iglesia católica, con sus instituciones y, en particular, con la gran labor pastoral y misionera de sus miembros, no se aleja de los países y realidades donde existen situaciones de odio y de venganza. Los misioneros anuncian, con valentía, que el amor lo puede todo, que el perdón y la reconciliación, en sus procesos largos, son el único camino para construir un futuro donde las personas puedan vivir en paz y en armonía. No es tarea fácil cuando existen tensiones, dificultades y persecuciones pero no podemos renunciar a esta vocación de ser hombres y mujeres que aportan al mundo un proyecto de esperanza. El testimonio del P. Marcelo, nos recuerda una vez más, la invitación a que, en nuestra oración personal, pidamos al Señor que acompañe y proteja a los agentes de pastoral que trabajan en contextos sumamente difíciles y violentos.