Los días 22 al 26 de junio Roma acogerá el X Encuentro Mundial de las Familias, un evento internacional donde representantes de todas las familias del mundo se reunirán para compartir experiencias y reflexionar sobre algunos aspectos concretos de la vida familiar cristiana.
Somos muy conscientes de que un ámbito tan importante para nuestras vidas y el desarrollo social, como es la familia, está expuesta a múltiples retos y situaciones realmente complejas. Como iglesia, nos toca acompañar muy de cerca de nuestras familias para que no pierdan la esperanza y unidos en el amor puedan abrirse al don de la vida.
Durante estos días, muchos medios de comunicación recogen la gran crisis de natalidad que están viviendo, sobre todo, los países europeos que, curiosamente, están muy desarrollados en aspectos económicos y técnicos pero que esconden, en algunos casos, situaciones sociales realmente alarmantes.
Los eslóganes políticos aparecen, sobre todo, en campañas electorales como estrategia para captar votos. Pero en la práctica, salvo algunas excepciones concretas, las familias, sobre todo los jóvenes, sufren las dificultades económicas, también laborales, que no favorece el crecimiento del ámbito familiar. A menudo escuchamos expresiones como esta: «¿Cómo vamos a tener más hijos si no podemos mantenernos con uno?».
La familia, como vocación a la vida, tiene que estar protegida por las instituciones públicas. Deben tener todo el apoyo de la sociedad para que ofrezcan nuevos hijos que son un don para todos nosotros.
Hay recursos económicos suficientes para apoyar a las familias. El problema, que tantas veces señalamos en estas reflexiones, es que la prioridad de algunos gobiernos son otros muy distintos a proteger la vida y la familia. Por esto mismo nos preguntamos: ¿Qué futuro tiene una sociedad, un país, cuya prioridad absoluta no es acompañar y proteger estos ámbitos sociales?
Avanzamos en muchos aspectos técnicos y científicos, pero constatamos que en estos años hay un retroceso claro en las políticas familiares y sociales.
La Iglesia, como una gran familia, seguirá acompañando a las familias con todos sus recursos, porque ellas son y serán siempre el espacio donde Dios realiza el gran milagro de la vida.