Se establecieron oficialmente los primeros Carmelitas (eran 10 religiosos) el 31 de diciembre de 1880. Lo hicieron de forma provisional en el antiguo convento de San Agustín, en «La Habana Vieja», con la iglesia cedida por sus propietarios de entonces, los terciarios franciscanos.
El inmueble no se acomodaba al estilo de vida carmelitana, al estar compartido con la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales, y por oficinas militares, por lo que, siete años más tarde, pudieron trasladarse a otro antiguo convento, que había sido de los Padres Oratorianos de San Felipe Neri, con más posibilidades de acción y menos incomodidades. Allí permanecieron con una profunda vida de observancia carmelitana y de apostolado hasta 1923.
La estancia en San Felipe Neri fue fecunda como centro de acción carmelitana y eclesial y como lugar de acogida de vocaciones nativas. Entre estas caben destacar el Padre Fray Aurelio de la Virgen del Carmen (Torres y Sanz) que sería el primer obispo de Cienfuegos (Cuba) y fundador de la Archicofradía del Milagroso Niño Jesús de Praga que tantos frutos de santidad ha dado (la primera Archicofradía constituida canónicamente en el mundo al Niño Jesús de Praga fue en los PP. Carmelitas Descalzos de La Habana). Está también el camagüeyano Padre Fray Carlos María del Sagrado Corazón de Jesús (Monteverde y Sedano) que murió con fama de santidad en 1932 y llegó a ser delegado provincial de la Orden en Cuba en la etapa de transición entre la Iglesia de San Felipe y la del Carmen de Centro Habana.
El convento, en principio, era una comunidad numerosa, con frailes llegados de España, de lo que después serían provincias divididas. Durante aquella etapa hay que registrar algo que no debe olvidarse por todo cuanto fue y significó: eran tiempos en que la fiebre amarilla (o vómito negro) se cebaba en la población con crueldad frecuente e inexorable. La sufrieron bastante los padres Carmelitas recién llegados. Mas por aquellos años la medicina científica estaba a punto de inventar la vacuna apropiada y salvadora. El invento fue obra del Doctor Carlos J. Finlay, eminente científico y fervoroso católico que, tras experimentos repetidos, halló el agente transmisor (mosquito Culex).
Para confirmar la hipótesis se necesitaban personas decididas a exponerse a la picadura del mosquito previamente aislado, lo que en aquella fase de experimentación equivalía a un evidente riesgo, para el que se necesitaba filantropía y caridad. Pues bien, de los cien casos tratados sistemáticamente, y junto a los Padres Jesuitas, aparecen nada menos que veintitrés Carmelitas Descalzos (casi el 25%) Una placa en los claustros de nuestra parroquia honra la memoria de estos hermanos nuestros.
Reordenada la vida después de la Independencia cubana, los Carmelitas Descalzos desarrollaron actividades múltiples en un ambiente propicio. En el tercer centenario de la Canonización de nuestra Madre Santa Teresa de Jesús (1922), pudo percibirse la penetración del espíritu carmelitano y de la Santa Abulense en ambientes intelectuales y populares. El entonces Prior, Padre Fray José Vicente de Santa Teresa, publicó lo principal de estas celebraciones en el interesante libro «Centón de las fiestas centenarias», rebosante de interesantes noticias carmelitanas de la Isla.
Entre los Carmelitas Descalzos que vinieron de España y vivieron y trabajaron con grandes frutos de santidad en la Isla y en la Madre Patria, están los Beatos mártires de la Guerra Civil española, Padres Fray Eusebio del Niño Jesús (1888 – 1936), Fray Tirso de Jesús María (1899 – 1936), Fray Pedro José de los Sagrados Corazones (1861 – 1936) y Fray Nazario del Sagrado Corazón (1901 – 1936).
En Cuba también cursó todos los estudios teológicos y auxiliares y fue ordenado sacerdote el 14 de agosto de 1921 el Padre Fray Valentín de San José (1896 – 1989), que había sido enviado por los superiores como misionero como un modo de cumplir el servicio militar según las órdenes gubernamentales para los religiosos en España.
El P. Valentín (hermano de sangre del beato mártir P. Eusebio del Niño Jesús) sería después provincial de Castilla, confesor y director espiritual de la gran Santa Carmelita Descalza Madre Maravillas de Jesús y restaurador de la vida eremítica en el Desierto Carmelitano de San José de las Batuecas (Salamanca) donde murió en olor de santidad. Como provincial de Castilla siempre veló con paternal cuidado por el fervor, la misión y la observancia religiosa de nuestros religiosos en Cuba.
De aquella «casa madre» de San Felipe, los Padres Carmelitas Descalzos se fueron extendiendo a otros lugares de la Isla: Camagüey (1888 – 1968) Matanzas (1894 – 2022), Sancti Spiritus (1909 – 1975), El Carmelo del Vedado habanero (1910 – 2005), Ciego de Ávila (1917 – 1941). Presencias hoy tristemente cerradas, donde permanece el recuerdo y la nostalgia del Carmelo, especialmente en Matanzas, la última presencia, que aún sangra, pues, entre otras cosas, fue la primera fundación de Cuba, en edificio de nueva planta, que realizó directa y exclusivamente la ex provincia de San Elías de Castilla poco después de ser constituida.
La comunidad Carmelitana de San Felipe estaba en trance de traslado a convento e iglesia propios en el centro de la Ciudad de La Habana y en 1924 abandonaron definitivamente San Felipe, ocupando la actual residencia del Convento y Parroquia de nuestra Señora del Carmen en la avenida Infanta, del barrio de Cayo Hueso, en Centro Habana. Elegidos los terrenos, al año y medio de puesta la primera piedra, la Iglesia fue inaugurada solemne y pontificalmente por el arzobispo de Santiago de Cuba, el Carmelita Descalzo Fray Valentín de la Asunción (Monseñor Valentín Zubizarreta) Pronto comenzó la construcción del convento, inaugurado en julio de 1929. Convento e iglesia fueron centros de irradiación parroquial y carmelitana, simbolizada en la torre grande de 60 metros, coronada a su vez por la colosal imagen de nuestra Santísima Madre del Carmen, hecha en Nápoles (Italia), con un peso de 9 toneladas de bronce y con sus siete y medio metros de altura.
Desde 1961, cuando Fidel Castro declaró el carácter socialista – comunista de su revolución, la Orden del Carmen Descalzo en Cuba (junto con otras muchas familias religiosas masculinas y femeninas) ha experimentado un notable y triste declive; después de un triste e injusto éxodo de sacerdotes, religiosos y religiosas en el barco Covadonga, el 18 de septiembre de 1961, la presencia de consagrados católicos en Cuba ha ido disminuyendo de forma progresiva y hasta el momento irremediable.
El templo parroquial del Carmen de Centro Habana se encuentra cerrado desde el 2017 debido a su fuerte estado de deterioro y la consiguiente amenaza de derrumbe de algunas de sus áreas. En la actualidad celebramos la Santa Misa y tratamos de llevar adelanta la vida parroquial en la incomodidad y estrechez de los claustros o pasillos de la parroquia, en la espera de conseguir los fondos económicos suficientes para la reparación de nuestro templo.
Después de fallidos intentos para encontrar en la compleja realidad económica, política y social de Cuba una brigada constructora idónea y competente, hemos dado finalmente con ella y, en diálogo con el gobierno General de la Orden se ve la conveniencia de no perder ni este templo ni esta presencia Carmelitana en «la Perla del Caribe», la presencia más antigua en Hispanoamérica después de México (1585)
Al mandar esta reseña histórica a «la Obra Máxima», es nuestro más ardiente deseo que, desde la revista misionera de la Orden, el buen Dios toque corazones generosos que nos ayuden a reconstruir nuestro templo para que la Orden de la Virgen siga teniendo en la Iglesia que peregrina en Cuba, aunque sea con tres frailes, una presencia orante y fraterna al servicio de los más necesitados del Pan de la Palabra y la Eucaristía y del pan material.
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Se establecieron oficialmente los primeros Carmelitas (eran 10 religiosos) el 31 de diciembre de 1880. Lo hicieron de forma provisional en el antiguo convento de San Agustín, en «La Habana Vieja», con la iglesia cedida por sus propietarios de entonces, los terciarios franciscanos.
El inmueble no se acomodaba al estilo de vida carmelitana, al estar compartido con la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales, y por oficinas militares, por lo que, siete años más tarde, pudieron trasladarse a otro antiguo convento, que había sido de los Padres Oratorianos de San Felipe Neri, con más posibilidades de acción y menos incomodidades. Allí permanecieron con una profunda vida de observancia carmelitana y de apostolado hasta 1923.
La estancia en San Felipe Neri fue fecunda como centro de acción carmelitana y eclesial y como lugar de acogida de vocaciones nativas. Entre estas caben destacar el Padre Fray Aurelio de la Virgen del Carmen (Torres y Sanz) que sería el primer obispo de Cienfuegos (Cuba) y fundador de la Archicofradía del Milagroso Niño Jesús de Praga que tantos frutos de santidad ha dado (la primera Archicofradía constituida canónicamente en el mundo al Niño Jesús de Praga fue en los PP. Carmelitas Descalzos de La Habana). Está también el camagüeyano Padre Fray Carlos María del Sagrado Corazón de Jesús (Monteverde y Sedano) que murió con fama de santidad en 1932 y llegó a ser delegado provincial de la Orden en Cuba en la etapa de transición entre la Iglesia de San Felipe y la del Carmen de Centro Habana.
El convento, en principio, era una comunidad numerosa, con frailes llegados de España, de lo que después serían provincias divididas. Durante aquella etapa hay que registrar algo que no debe olvidarse por todo cuanto fue y significó: eran tiempos en que la fiebre amarilla (o vómito negro) se cebaba en la población con crueldad frecuente e inexorable. La sufrieron bastante los padres Carmelitas recién llegados. Mas por aquellos años la medicina científica estaba a punto de inventar la vacuna apropiada y salvadora. El invento fue obra del Doctor Carlos J. Finlay, eminente científico y fervoroso católico que, tras experimentos repetidos, halló el agente transmisor (mosquito Culex).
Para confirmar la hipótesis se necesitaban personas decididas a exponerse a la picadura del mosquito previamente aislado, lo que en aquella fase de experimentación equivalía a un evidente riesgo, para el que se necesitaba filantropía y caridad. Pues bien, de los cien casos tratados sistemáticamente, y junto a los Padres Jesuitas, aparecen nada menos que veintitrés Carmelitas Descalzos (casi el 25%) Una placa en los claustros de nuestra parroquia honra la memoria de estos hermanos nuestros.
Reordenada la vida después de la Independencia cubana, los Carmelitas Descalzos desarrollaron actividades múltiples en un ambiente propicio. En el tercer centenario de la Canonización de nuestra Madre Santa Teresa de Jesús (1922), pudo percibirse la penetración del espíritu carmelitano y de la Santa Abulense en ambientes intelectuales y populares. El entonces Prior, Padre Fray José Vicente de Santa Teresa, publicó lo principal de estas celebraciones en el interesante libro «Centón de las fiestas centenarias», rebosante de interesantes noticias carmelitanas de la Isla.
Entre los Carmelitas Descalzos que vinieron de España y vivieron y trabajaron con grandes frutos de santidad en la Isla y en la Madre Patria, están los Beatos mártires de la Guerra Civil española, Padres Fray Eusebio del Niño Jesús (1888 – 1936), Fray Tirso de Jesús María (1899 – 1936), Fray Pedro José de los Sagrados Corazones (1861 – 1936) y Fray Nazario del Sagrado Corazón (1901 – 1936).
En Cuba también cursó todos los estudios teológicos y auxiliares y fue ordenado sacerdote el 14 de agosto de 1921 el Padre Fray Valentín de San José (1896 – 1989), que había sido enviado por los superiores como misionero como un modo de cumplir el servicio militar según las órdenes gubernamentales para los religiosos en España.
El P. Valentín (hermano de sangre del beato mártir P. Eusebio del Niño Jesús) sería después provincial de Castilla, confesor y director espiritual de la gran Santa Carmelita Descalza Madre Maravillas de Jesús y restaurador de la vida eremítica en el Desierto Carmelitano de San José de las Batuecas (Salamanca) donde murió en olor de santidad. Como provincial de Castilla siempre veló con paternal cuidado por el fervor, la misión y la observancia religiosa de nuestros religiosos en Cuba.
De aquella «casa madre» de San Felipe, los Padres Carmelitas Descalzos se fueron extendiendo a otros lugares de la Isla: Camagüey (1888 – 1968) Matanzas (1894 – 2022), Sancti Spiritus (1909 – 1975), El Carmelo del Vedado habanero (1910 – 2005), Ciego de Ávila (1917 – 1941). Presencias hoy tristemente cerradas, donde permanece el recuerdo y la nostalgia del Carmelo, especialmente en Matanzas, la última presencia, que aún sangra, pues, entre otras cosas, fue la primera fundación de Cuba, en edificio de nueva planta, que realizó directa y exclusivamente la ex provincia de San Elías de Castilla poco después de ser constituida.
La comunidad Carmelitana de San Felipe estaba en trance de traslado a convento e iglesia propios en el centro de la Ciudad de La Habana y en 1924 abandonaron definitivamente San Felipe, ocupando la actual residencia del Convento y Parroquia de nuestra Señora del Carmen en la avenida Infanta, del barrio de Cayo Hueso, en Centro Habana. Elegidos los terrenos, al año y medio de puesta la primera piedra, la Iglesia fue inaugurada solemne y pontificalmente por el arzobispo de Santiago de Cuba, el Carmelita Descalzo Fray Valentín de la Asunción (Monseñor Valentín Zubizarreta) Pronto comenzó la construcción del convento, inaugurado en julio de 1929. Convento e iglesia fueron centros de irradiación parroquial y carmelitana, simbolizada en la torre grande de 60 metros, coronada a su vez por la colosal imagen de nuestra Santísima Madre del Carmen, hecha en Nápoles (Italia), con un peso de 9 toneladas de bronce y con sus siete y medio metros de altura.
Desde 1961, cuando Fidel Castro declaró el carácter socialista – comunista de su revolución, la Orden del Carmen Descalzo en Cuba (junto con otras muchas familias religiosas masculinas y femeninas) ha experimentado un notable y triste declive; después de un triste e injusto éxodo de sacerdotes, religiosos y religiosas en el barco Covadonga, el 18 de septiembre de 1961, la presencia de consagrados católicos en Cuba ha ido disminuyendo de forma progresiva y hasta el momento irremediable.
El templo parroquial del Carmen de Centro Habana se encuentra cerrado desde el 2017 debido a su fuerte estado de deterioro y la consiguiente amenaza de derrumbe de algunas de sus áreas. En la actualidad celebramos la Santa Misa y tratamos de llevar adelanta la vida parroquial en la incomodidad y estrechez de los claustros o pasillos de la parroquia, en la espera de conseguir los fondos económicos suficientes para la reparación de nuestro templo.
Después de fallidos intentos para encontrar en la compleja realidad económica, política y social de Cuba una brigada constructora idónea y competente, hemos dado finalmente con ella y, en diálogo con el gobierno General de la Orden se ve la conveniencia de no perder ni este templo ni esta presencia Carmelitana en «la Perla del Caribe», la presencia más antigua en Hispanoamérica después de México (1585)
Al mandar esta reseña histórica a «la Obra Máxima», es nuestro más ardiente deseo que, desde la revista misionera de la Orden, el buen Dios toque corazones generosos que nos ayuden a reconstruir nuestro templo para que la Orden de la Virgen siga teniendo en la Iglesia que peregrina en Cuba, aunque sea con tres frailes, una presencia orante y fraterna al servicio de los más necesitados del Pan de la Palabra y la Eucaristía y del pan material.



