Cuando una persona, ya sea religioso o religiosa, seglar o voluntario, se adentra en el gran continente africano vive experiencias humanas y espirituales intensas, preciosas. El primer contacto suele ser de asombro ante la pobreza que asola el continente. Nada más abrir la puerta de salida del avión, uno observa las pocas infraestructuras, mínimas, que hay en las instalaciones aeroportuarias. Es más, algunas familias viven pegando a las pistas del aeropuerto, contemplando con cara de asombro, los aviones que despagan y que aterrizan. Algunos pensarán que sería un gran sueño poder viajar a otros lugares lejanos que les ofrecerían muchas más posibilidades para vivir con más dignidad.
Otra impresión suele ser la cantidad de personas que van y vienen por las calles de los pueblos y de las ciudades. África es un continente abierto a la vida donde se cuida el amor y la familia. Son poblaciones en crecimiento, aún en condiciones ya conocidas, pero que valoran y luchan por mantener encendida la esperanza de la vida.
Uno de los grandes retos del continente africano es la educación. En algunos países no es obligatorio acudir a la escuela, por lo que algunas familias optan por no enviar a sus niños a formarse, tanto en las escuelas públicas como religiosas. La mayoría, sí que aprovechan estas ofertas educativas donde, incluso, los niños pueden alimentarse con una comida diaria. Es lo que muchos centros católicos, dirigidos por religiosos y religiosas, ofrecen con mucho esfuerzo y dedicación gracias a la colaboración de bienhechores.
Los jóvenes, tampoco tienen muchas oportunidades para formarse y dedicarse a una profesión. En la mayoría de los países africanos, salvo alguna excepción como puede ser Sudáfrica o Etiopía, no cuentan con estructuras empresariales, sino que cada uno trabaja, como puede y donde puede, el cultivo de la tierra. La agricultura es el campo de cultivo y de subsistencia para la mayoría de los africanos. Hay que ofrecer, a estos jóvenes, formación profesional y oportunidades para poner en marcha, por ejemplo, cooperativas empresariales dirigidos y subvencionados por las autoridades estatales.
No podemos olvidarnos de la dimensión espiritual de los africanos. Las celebraciones litúrgicas están bien preparadas, cuidadas y celebradas. No se mira el reloj deseando que termine ya la eucaristía. El Domingo es el día del Señor y la comunidad cristiana se reúne en comunidad para celebrar con alegría al Dios de la vida, que acontece en el sacramento del altar. Llama la atención lo bien que cantan los africanos, con melodías, con distintas voces bien armonizadas.
Esta mirada es la que la mayoría de los que visitan África se encuentran. Hace unos días, un joven cooperante español me decía allí mismo: «Esto es muy diferente, muy especial. Es precioso». ¡Sí, querido lector, África es realmente PRECIOSO!