Cuando la comunidad internacional estaba trabajando con esfuerzo y gran dedicación para frenar la escala de violencia de Ucrania, el día 7 nos despertamos con que el grupo terrorista Hamás realizaba un acto terrorista en el territorio de Israel provocando un gran número de fallecidos.
Conocemos la particularidad de esta zona de Medio Oriente, donde conviven distintas religiones y la territorialidad sigue siendo un tema que, para algunos especialistas, sigue estando sin resolverse y que genera una inestabilidad política y social además de actos violentos y terroristas.
Este nuevo ataque perpetrado por el grupo terrorista Hamás, ha llevado a Israel a iniciar una respuesta armada para defender su territorio y azotar fuertemente a este grupo armado. Es el comienzo de un conflicto armado que se prevé sea largo y duro. En los últimos años, tanto Israel como Palestina han vivido grandes tensiones que ha llevado a la comunidad internacional, también a la Santa Sede, a fomentar espacios de diálogo y colaboración. Con este nuevo ataque terrorista estos avances hacia la paz han quedado frustrados.
¿Qué está pasando al mundo que la armonía entre los pueblos se está convirtiendo en permanente tensión y enfrentamiento? Miramos a todos los continentes y encontramos en todos o casi todos, grandes conflictos armados que están provocando miles de víctimas inocentes. Es la gente sencilla la que sufre la barbarie terrorista y que no consiguen salir de la pobreza y la situación de abandono que traen consigo estos conflictos.
Es el gran problema que generan estas situaciones. Mientras que las empresas armamentísticas se frotan las manos con el negocio de las armas; millones de personas y de familias ven que cada día, resulta más difícil acceder a los alimentos y las medicinas y huyen de sus casas buscando un refugio seguro que, en ocasiones, no aparece.
En este contexto tan complejos que estamos viviendo, la comunidad internacional tiene que asumir un liderazgo donde se trabaje por la paz, la reconciliación y la solidaridad entre los pueblos. Es el momento para sentarse y dialogar, en vez de producir más armas y favorecer conflictos armados. Es el momento para pensar más en los millones de personas que viven en la pobreza más absoluta y que gritan por una vida digna. Es el momento para que los líderes religiosos de todo el mundo se unan en oración y en fraternidad para parar a los líderes mundiales que favorecen estos conflictos. Es el momento para gritar juntos: ¡En nombre de Dios parar las guerras y construir la paz!