En ocasiones, nos encontramos ante situaciones difíciles o de crueldad humana (conflictos, pobreza, etc.) en la que podemos tener dos actitudes principalmente: la primera de quedarnos ante esa realidad como meros observadores o analistas, sin dar un paso para aliviar el dolor ajeno; otra, muy distinta, la de comprometernos como cristianos, con los valores que nos han transmitido, para humanizar más el mundo y la vida de las personas.
Constato que en algunos momentos de nuestra vida social, la primera actitud prevalece en un gran número de personas, muchos de ellos seguidores de Jesús, del Evangelio y de la Iglesia. No lo hacen por malicia o para ir en contra de las enseñanzas de la iglesia y del Evangelio, sino que se dejan arrastrar por las ideologías y corrientes del momento. Algunos analistas señalan que la «anestesia social» es un mal que va creciendo. La indiferencia puede resultar, y lo es, un cáncer para nuestra sociedad.
En esta realidad, los medios de comunicación social adquieren un gran protagonismo ya que su misión es la de informar a la población de los problemas que azotan nuestro mundo y darnos claves veraces para nuestra reflexión personal. Se entiende que también en este mundo de los medios de comunicación hay empresas al servicio de la verdad y otras, tristemente, que aportan su granito de arena a la «anestesia social».
Acostumbrarse a ver imágenes impactantes de inmigrantes, de familias pobres, de guerras y otras realidades es algo que lo hemos convertido en «normal» cuando el término exacto tendría que ser «habitual». Lo normal sería que los medios nos informasen que las guerras y los conflictos están llegando a su fin porque los gobiernos implicados están llegando a acuerdos de paz. Lo normal sería que los inmigrantes que escapan de dictaturas y de la miseria encontrasen un hogar y un trabajo digno en alguno de los pueblos de nuestras tierras «vacías». Lo normal sería que los pobres de varios continentes recibiesen ayuda directa y continua para aliviar su sufrimiento. Esto sería lo normal y lo correcto.
Ante la realidad actual, el Papa Francisco alza continuamente su voz para pedir una respuesta a las organizaciones mundiales además de recordarnos a todos los cristianos que el compromiso tiene que ser concreto, con gestos concretos. En su alocución del rezo del ángelus del pasado día 21 de mayo, el papa Francisco señaló: «¡Por favor, no nos acostumbremos a los conflictos y a la violencia! Por favor, ¡no nos acostumbremos a la guerra! Y continuemos a estar cerca del martirizado pueblo ucraniano».