Los días 31 de enero al 5 de febrero, el Papa Francisco realizó su 40º viaje apostólico, esta vez a tierras africanas, al Congo y Sudán del Sur. Un viaje que respondía a un gran deseo del Santo Padre en seguir acompañando a estos países tan azotados por las guerras y los conflictos internos. En un principio, el viaje estaba programado para el mes de julio de 2022, pero no fue posible realizarlo por las condiciones físicas del Santo Padre. Estos viajes suponen un gran esfuerzo físico y el Papa Francisco prefirió enviar a su Secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin, que llevó a estos pueblos el mensaje de paz del sucesor de Pedro.
Esta vez el Papa Francisco, a pesar de seguir con sus dolencias físicas, ha querido hacerse presente físicamente en estos países para no abandonar el proceso de acompañamiento que la Santa Sede está realizando para consolidar la paz y la convivencia, especialmente en Sudán del Sur, país que está sufriendo un conflicto interno intenso y violento desde los últimos años del siglo XX.
Una de las imágenes de este Pontificado será, sin duda, aquél encuentro que reunió a varios representes del Sudán del Norte y del Sur en la residencia papal en abril de 2019. Al final del encuentro, Francisco fue arrodillándose delante de cada representante y les besó los pies, como gesto de paz. Todos los presentes quedaron, como es lógico, sorprendidos y muy tocados interiormente por este gesto profético de Francisco.
Ellos han querido seguir dialogando y favoreciendo espacios de encuentro para consolidar un proceso de paz y de convivencia. Conocemos, por varios momentos históricos, que estos procesos son largos y complejos, que tienen sus momentos de encuentro, como la que hemos citado anteriormente, pero a la vez se generan tensiones y distanciamientos, especialmente a la hora de dar pasos concretos y determinan soluciones. Incluso, tristemente, intereses ocultos, movidos por motivaciones económicas, no favorecen que avancen las soluciones. África es un continente rico en recursos materiales y estos intereses marcan, lamentablemente, el desarrollo de los pueblos africanos.
En su encuentro con los representantes políticos del Sudán del Sur, Francisco alzó su grito de paz uniéndose «al grito de todo un pueblo, con gran dignidad, llora por la violencia que sufre, por la constante inseguridad, por la pobreza que lo golpea y por los desastres naturales que lo atormentan». Recordando con claridad y verdad los conflictos que atormentan a la población civil, Francisco alentó a las autoridades civiles y a todo el pueblo sudanés a seguir trabajando por la paz. «Es la hora de la paz», afirmó el Papa.
Ante la mirada seria de los dirigentes políticos, el Santo Padre les recordó que los hijos de esta tierra tomen las riendas de su futuro. Ellos, como todos los niños de este continente y del mundo, tienen derecho a crecer teniendo en sus manos cuadernos y juguetes, y no herramientas de trabajo y armas.