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Durante estos meses, es muy difícil dirigir la atención mediática hacia algo que no sea la crisis mundial que estamos viviendo a causa de los conflictos armados que están azotando a varios países, algunos de ellos en lugares estratégicos que condicionan la estabilidad y económica mundial.
La Santa Sede, en la persona del papa León XIV y del secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin, están haciendo un continuo llamamiento a la paz, a que cesen estos conflictos que generan numerosas víctimas, en muchas ocasiones inocentes, y provocan colapsos económicos que afectan a millones de personas en todo el mundo, ya que nuestro mundo está cada vez más interconectado en lo relativo a la economía y al desarrollo de los pueblos.
La preocupación es máxima. En primer lugar, por la crisis que están viviendo las instituciones internacionales, que no encuentran en sus normas y funcionamiento recursos concretos para garantizar la paz y la estabilidad mundial. En varias ocasiones hemos señalado en esta carta de saludo, que es urgente una reforma de dichas instituciones para que puedan desempeñar sus funciones a partir del derecho internacional, cada vez más en crisis, y dotarlas de competencias concretas respaldadas por todos los países del mundo. Esto resulta urgente, viendo el panorama internacional.
Por otra parte, todos los países tienen que esforzarse en trabajar, en todos sus ámbitos, por una cultura de la paz y de la reconciliación. Esta idea puede resultar utópica, viendo qué dirigentes gobiernan algunos países, pero si el mundo quiere vivir en paz, este proceso educativo, especialmente en las nuevas generaciones, tiene que ser una prioridad absoluta en todos los países. De lo contrario, las propuestas quedarán en buenos deseos y poco más.
Próximamente, el papa León XIV visitará varios países para confirmar en la fe a las comunidades cristianas y seguir construyendo una civilización del amor. El Santo Padre tiene una gran encomienda: además de la dimensión de la fe, acercar a los pueblos hacia caminos de paz y de reconciliación. Sus predecesores, cada uno en el contexto que le tocó vivir en su pontificado, alzaron su voz para condenar las atrocidades que se estaban cometiendo, a la vez que invitaban a los países a buscar caminos de diálogo. El Santo Padre, en el contexto actual, no lo tiene nada fácil, pero con la oración y el apoyo de toda la Iglesia católica, con sus importantes instituciones, además de tantas congregaciones religiosas, seguirá trabajando por la cultura de la paz.