Si es un día importante para toda la Iglesia universal, lo es de manera especial para nosotros que formamos la Iglesia del Norte de África: Charles de Foucauld es un hermano, un ejemplo y un compañero de camino para todos los que hemos sido llamados a compartir la vida con nuestros hermanos musulmanes.
El Santo Padre en la homilía nos recuerda que «mientras el mundo quiere frecuentemente convencernos de que sólo valemos si producimos resultados, el Evangelio nos recuerda la verdad de la vida: somos amados. Y este es nuestro valor, somos amados».
¿No es esta la razón última de nuestra presencia de Iglesia en el Norte de África: ser testigos de este Amor incondicional y universal de Dios? Con la alegría de esta certeza inquebrantable, hemos ido preparando este acontecimiento conociendo más de cerca a nuestro hermano Charles a través de sus escritos y de su vida, y en la Diócesis de Tánger hemos celebrado su Canonización en dos momentos iniciales que han abierto luego las celebraciones en las diferentes parroquias y comunidades: el 21 de mayo en nuestra Capilla y el 22 de mayo en la Catedral.
Delante de Jesús Eucaristía con el «hermano universal»
El sábado 21, por la tarde, acompañadas por las Hermanitas de Jesús Elly Mary y María José, hemos vivido un momento de Adoración Eucarística guiadas por textos del Hermano Carlos, leídos y cantados.
Un pequeño grupo de religiosas y laicos, con la presencia de nuestro nuevo Administrador Apostólico, el Padre Emilio Rocha Grande, ofm, hemos estado a los pies de Jesús Sacramentado como lo hacía el hermano Carlos, en la sencillez de un encuentro que solo necesita el estupor delante de un Amor tan grande y humilde al mismo tiempo:
«La admiración forma parte fundamental de todo amor verdadero: es su fundamento, su causa; el motivo del verdadero amor es el bien, la perfección que hay en el ser amado; ese bien, esa perfección suscitan la admiración; tras la admiración y como algo apenas distinto de ella, viene el amor»
Charles de Foucauld, Meditaciones sobre el Antiguo Testamento. Salmo 46. Roma, 1896.
Una Iglesia en fiesta
El día siguiente, domingo 22 de mayo, en la Catedral de Tánger se han reunidos las comunidades de las dos parroquias de la ciudad junto con todas las comunidades religiosas y los fieles laicos para una Eucaristía de Acción de gracias: una fiesta de toda la Iglesia, a la que también cuatro de nosotras han participado, en representación de toda la comunidad.
Las Hermanitas de Jesús Elly Mary y María José nos han introducido en la vida del Hermano Carlos; los estudiantes y migrantes subsaharianos han animado con su vitalidad y ritmo la liturgia; la comunidad filipina ha preparado la presentación de dones en el ofertorio, y todos hemos podido vivir un momento de intensa comunión alrededor de nuestro Administrador Apostólico, que ha concelebrado junto con los hermanos franciscanos y los misioneros javerianos.
Un legado para el futuro… ¿Qué nos ha dejado esta celebración? Todas podríamos decir algo de lo que ha suscitado en nuestro corazón esta fiesta en nuestra Iglesia de Tánger, pero hay un elemento común que consideramos como el «legado» de nuestro hermano Carlos: el deseo de ser reflejos de este Amor infinito en esta tierra del Islam…









