Durante estos días, algunas agencias de noticias religiosas han recuperado, de nuevo, el testimonio del Cardenal Ernest Simoni, un sacerdote de 95 años, que durante 28 años vivió encarcelado solamente por ser cristiano.
El su viaje a Albania, el Papa Francisco escuchó con atención y emoción el testimonio impactante de este sacerdote que en esa «noche oscura» afianzó su fe en Jesús y acompañó, como pudo, a su pequeña comunidad cristiana encarcelada bajo la presión y el miedo que ejercía el gobierno comunista albanés.
En estos días, he leído, con interés, una entrevista que han realizado los medios de Santa Sede a este «mártir viviente» como le ha definido el papa Francisco. Este testimonio nos recuerda, también, al Cardenal Xavier Van Thuan, vietnamita, que pasó 13 años encarcelado y celebraba la Santa Misa a escondidas, con unas migas de pan y unas gotas de vino que conseguía como algo «medicinal», en la mano.
El P. Simoni ha relatado cómo poco antes de ser detenido celebraban la Eucaristía a los dos de la madrugada, a escondidas y con la asistencia de numerosos fieles que veían «una estatua de San Antonio llorando» y que, en alguna ocasión, celebró la Santa Misa en las alcantarillas junto a un gran número de cristianos. Ya detenido, en la cárcel, celebraba la Eucaristía con vino que exprimían, en ocasiones, un matrimonio musulmán, que, junto a otros compañeros de su religión, se sentían atraídos por el Espíritu Santo al banquete eucarístico.
Además de estos testimonios de conversión y de profunda experiencia espiritual, el P. Simoni, como otros tantos testimonios vivientes, confiesan, con sinceridad, que perdonaron sinceramente e inmediatamente a sus verdugos. Ante la pregunta del periodista de cómo podía ser eso después de haber sufrido tanto físicamente y espiritualmente, el P. Simoni responde con sencillez: «¡Por la fe católica. Porque Jesús con infinito amor amó y ama a todos los hombres y dice que la mayor alegría en el cielo será por un pecador que se convierta y se salve y no por miles de millones de ángeles y santos».
El testimonio del P. Simoni, como el de otros tantos mártires, nos recuerdan, a nosotros, los cristianos del s.XXI, que la fe en Jesús nos da la fuerza y la fortaleza para seguir caminando en la fe a pesar de sufrir críticas, persecuciones o martirios. La fe en Jesús que se manifiesta, especialmente en la Eucaristía, es la fuerza que el hombre tiene para superar las múltiples dificultades y tentaciones que aparecen en el camino de la fe. Todos estos testimonios, tan necesarios para nosotros, nos recuerdan, una vez más esas palabras de San Pablo: «Nada ni nadie nos apartará del amor manifestado en Cristo Jesús».