Cuando se trabaja en temas internacionales o en proyecto de desarrollo, en países afectados por las guerras y la pobreza, se observan imágenes de todo tipo. Abundan, en ocasiones, imágenes duras que reflejan con claridad, tanto la destrucción que generan los conflictos armados, así como el sufrimiento de las personas que no acceden a los alimentos básicos. Este tipo de imágenes suelen ocupan, lamentablemente, gran parte de nuestras noticias. A los medios de comunicación social nos toca acercar a nuestros lectores, la verdad de lo que sucede en el mundo, incluso cuando se tratan de circunstancias duras. No podemos ocultar el sufrimiento de las personas y estas imágenes, aun siendo duras, son importantes publicarlas para tocar las conciencias y los corazones de nuestros lectores.
Pero no todas las imágenes van en esta dirección. El contraste suele ser muy grande cuando se dan noticias de un conflicto mundial y se reciben, a la vez, imágenes muy distintas que reflejan que no todo es sufrimiento, sino que, en medio de tantas dificultades, siempre hay motivos para la esperanza y la alegría. Estos días, trabajando este número, recibía una imagen desde África donde unos niños manifestaban su sorpresa y admiración por una cámara fotográfica. En esta escena entrañable, se ve que los niños no conocían este aparato y viéndose reflejados en la pequeña pantalla, sonríen mostrando su sorpresa y admiración.
Observando esta imagen, reflexiono sobre nuestras actitudes de vida ante las cosas materiales. Vivimos inmersos en una cultura del consumo. Impulsados por el deseo de estar en lo último de la tecnología o de la moda, gastamos recursos cuando, a veces, no tenemos necesidad de estas cosas que las vamos almacenando en nuestras casas. La cultura del consumo genera muchos ingresos económicos, pero no consigue dar la felicidad al corazón del hombre, que tantas veces, sufre la soledad o la falta de afecto.
Los pobres nos enseñan que, con pocos recursos, se puede ser, realmente, feliz y que esta felicidad no consiste en aumentar un patrimonio material, sino compartir con los demás las pequeñas cosas de cada día; compartir lo que Dios nos va regalando cada momento; compartir la alegría de cada jornada que es una bendición de Dios. Estas sonrisas tan verdaderas de estos niños, contrastan con la actitud de otras personas qué siguiendo las novedades de las rebajas publicitarias, no consiguen salir de sus tristezas y heridas interiores y buscan comprar la felicidad, cuando realmente ésta no se encuentra en las cosas materiales sino en el corazón de la persona.