Repasando la actualidad misionera y social del año 2023, hemos constatado, con claridad, que la situación que vive nuestro mundo, en general, es preocupante. Crece la pobreza no solo en los países de vías de desarrollo sino también aquí, en nuestro viejo continente europeo, donde muchas familias tienen serias dificultades para llegar a fin de mes. Crece el número de familias que recurren a instituciones caritativas solicitando ayudas concretas para poder hacer frente a los numerosos gastos que supone mantener una familia. La crueldad de las guerras y los conflictos armados nos han dejado imágenes terribles que han reabierto, en algunos casos, heridas que necesitarán mucho tiempo para poder ser curadas.
Ante este panorama complejo, una actitud muy común es quedarse paralizado visualizando las imágenes que diariamente nos llegan de los conflictos bélicos o de los puertos a donde llegan tantos cagucos. Esta actitud, me parece, es muy común en la mayoría de nuestra sociedad. Frases como “suficiente tengo yo con mis cosas para ocuparme de los problemas del mundo” los vamos escuchando cada vez más en nuestro entorno. Esta actitud, me parece, nos puede llevar a desentendernos de tantos dramas humanitarios que azotan nuestro mundo y que necesitan, realmente, nuestra colaboración.
En varias ocasiones he recordado en esta página, que los pequeños gestos que podemos hacer, humanizan más nuestra sociedad. Claro que no tenemos competencia alguna ni recursos para parar tantos conflictos del mundo o erradicar el hambre que padecen millones de personas, pero esas pobrezas también, repito, las tenemos muy cerca de nuestras casas. Algunos casos los vemos diariamente, otros están ocultos ante la opinión pública, pero están en esas asociaciones caritativas que cada vez tiene más dificultades para atender a las personas que recurren a ellas.
Al comienzo de este año, queridos amigos lectores, determinémonos a ser hombres y mujeres que humanizan más la vida de las personas y las familias necesitadas de nuestro entorno. Lo haremos como opción de vida porque resuenan con fuerza las palabras del Señor: “Lo que hicisteis con uno de estos pequeños conmigo lo hicisteis” (Mt 25,40). Queremos seguir encarnando en nuestras vidas los valores que nos pide la Buena Noticia de Dios. Queremos seguir siendo presencia viva de Jesús en medio de tantos corazones heridos y sufrientes. Queremos seguir enjugando las lágrimas de las personas que han perdido el sentido de la vida. Queremos ser, en definitiva, pequeñas semillas que hagan florecer, el día de mañana, un nuevo mundo donde reine el amor, la paz y la justicia.